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viernes, 1 de agosto de 2014

Las Trece Rosas: La Causa 30.426 (II). El Consejo de Guerra

"Venceréis, pero no convenceréis.
Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta,
pero no convenceréis,
porque convencer significa persuadir.
Y para persuadir necesitáis algo que os falta:
razón y derecho en la lucha."

MIGUEL DE UNAMUNO

A las nueve y media de la mañana del jueves 3 de agosto de 1939, las Trece Rosas junto a dos muchachas más fueron trasladadas desde la prisión de mujeres de Ventas hasta el Palacio de Justicia, donde tendría lugar el consejo de guerra para juzgar la causa número 30.426, instruida por el procedimiento sumarísimo de urgencia. Y cuya competencia había recaído en el Consejo de Guerra Permanente nº 9, presidido por el Teniente Coronel Isidro Cerdeño Gurich, y la asistencia, como vocales, de los capitanes Remigio Sigüenza Plata y Fernando Ruíz Feingenspan, y el teniente José Sarte Julia. El capitán García Marco era el encargado de redactar la Sentencia.

Esta causa incluía a un total de 58 personas acusadas, 43 muchachos y 15 muchachas, la mayoría menores de edad; y todas ellas acusadas por su militancia en las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU) o en el Partido Comunista de España (PCE) y en la organización de un "socorro rojo" para ayudar a los derrotados. Y en un alegato final del fiscal acusaba a todas las personas procesadas "de ser responsables de un delito de adhesión a la rebelión, previsto y penado en el art. 238 del Código de Justicia Militar, con la agravante de la 'trascendencia de los hechos y peligrosidad'". Aunque no se contemplara en la causa -como es lógico-, el delito por el que iban a ser juzgadas estas 58 personas y por el que iban a ser condenadas a la pena de muerte -salvo una muchacha-, no era otro que el de defender la libertad, los valores y principios de la II República, legítimamente salida de las urnas, y por ser ROJ@S!!! El Régimen Franquista quería que esta condena sirviera de castigo ejemplar para que todos y todas se mantuvieran dentro de los márgenes marcados por el nuevo régimen impuesto a España por los vencedores. El comunismo era un peligro, y los y las comunistas (l@s roj@s) eran los enemigos y enemigas a vencer.

Tras el turno de palabra del fiscal con el relato de las acusaciones de todas y cada una de las 58 personas incluidas en dicha causa, le tocó el turno al abogado defensor, también perteneciente al ejército; el cual sólo fue un convidado de piedra que sirvió para hacer más macabra la farsa judicial, en un tira y afloja sobre las penas a exigir: si el fiscal pedía la pena de muerte, la defensa solicitaba cadena perpetua; si el primero pedía cadena perpetua, el otro lo rebajaba a reclusión mayor; y así sucesivamente; en un juego macabro que demuestra a las claras el valor que el régimen franquista concedía a la vida de quienes la dieron -su vida- en nombre de la libertad y de la democracia.

Después de aquella pantomima, el presidente del Consejo de Guerra Permanente nº 9, el Teniente Coronel Isidro Cerdeño Gurich, "declaró constituido el consejo en sesión secreta para deliberar y dictar sentencia". Sentencia que fue redactada el mismo día, "declarando probadas todas y cada una de las acusaciones del fiscal". En palabras de Carlos Fonseca, "la resolución estaba redactada con la retórica de los vencedores: grandilocuente, ampulosa, ramplona y hueca, en la que los razonamientos jurídicos habían sido sustituidos por soflamas patrióticas que servían para justificar un fallo decidido de antemano": 57 penas de muerte y una reclusión a 12 años y un día. Sólo Julia Vellisca, compañera de las Trece Rosas, salvaría la vida en aquel consejo de guerra, siendo la única concesión de éste a la defensa. 

La farsa judicial había acabado. Las esperanzas de las muchachas quedó, entonces, depositadas en la petición de indulto: 14 solicitudes que quedarían dormidas en el cajón de la mesa de la directora de la Cárcel de Ventas; rompiéndose el fino hilo que las unía a la vida; una corta vida que se iba consumiendo quizá demasiado deprisa. 

BIBLIOGRAFÍA: Trece Rosas Rojas, de Carlos Fonseca, 2004, Madrid: Temas de hoy, Historia Viva.

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