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jueves, 17 de julio de 2014

Mujeres Ganadoras del Premio Nobel (XLII). Carol W. Greider

Carol W. Greider, el equilibrio entre su carrera científica y su vida familiar.



Premio Nobel de Fisiología y Medicina, en 2009.
En 2009, Carol W. Greider compartió el Premio Nobel de Medicina con Elizabeth Blackburn y Jack Szostak por el descubrimiento de la telomerasa, enzima encargada del mantenimiento de los telómeros. Estos son regiones de DNA que se encuentran en los extremos de los cromosomas (del griego "telos", fin, y "meros", parte). A medida que una célula normal se divide los telómeros desaparecen, lo que provoca una disminución progresiva de funcionalidad y en última instancia la muerte. Este proceso explica por qué las células normales son mortales. Sin embargo, en las células tumorales los telómeros mantienen su tamaño gracias a la producción extra de telomerasa. Hace 30 años esto no se conocía y apenas unos cuantos científicos trabajaban en este campo, entre ellos Elizabeth Blackburn y su alumna, Carol Greider.
Carolyn Widney Greider nació en San Diego, California, el 15 de abril de 1961. Hija de un físico y de una doctora en botánica, es la menor de dos hermanos. Desde niña tuvo dificultad con la gramática, años más tarde, supo que era disléxica. Contando con el estímulo de sus padres, trató siempre de concentrarse en determinados objetivos, logrando con perseverancia, vencer los obstáculos.

Su madre falleció cuando Carol apenas tenía seis años, este hecho marcaría su infancia. Finalizó sus estudios secundarios con baja nota debido a la dislexia que padecía, pero consiguió que la aceptaran en la Universidad de California en Santa Bárbara, donde se licenció en Biología en 1983. En marzo de 1984 comenzó sus estudios de doctorado en la Universidad de Berkeley, donde conoció a Elizabeth Blackburn, que en aquella época investigaba la elongación de los telómeros. "Yo estaba intrigada por esta cuestión - recuerda Carol en una autobiografía- , por lo que solicité a Elisabeth trabajar en su laboratorio". Así se convirtió en su alumna. Blackburn la recuerda como una persona de gran rigor y emprendedora, dos cualidades básicas para convertirse en una investigadora de primera línea y "no dejarse intimidar" por el proyecto que llevaron a cabo. Además, Carol completaba sus conocimientos de bioquímica con técnicas de clonación de DNA y otras habilidades necesarias para el trabajo. En sus investigaciones, Carol aprendió que "obtener la respuesta correcta es más importante que obtener una respuesta que esperas encontrar".

miércoles, 16 de julio de 2014

Mujeres Ganadoras del Premio Nobel (XLI). Elizabeth Blackburn

Elizabeth H. Blackburn: "La ciencia es divertida y elegante"


Premio Nobel de Fisiología y Medicina, en 2009.
Elizabeth H. Blackburn, premio Nobel de Fisiología y Medicina en 2009 junto a Carol W. Greider y Jack W. Szostak, es una científica de referencia en la Biología Molecular moderna por haber liderado el descubrimiento de la telomerasa y descubierto su función en el alargamiento de los extremos de los cromosomas eucariotas después de cada vuelta de replicación y su contribución a la estabilidad de los telómeros. Actualmente trabaja intensamente para identificar funciones adicionales de la telomerasa y dilucidar su relación con el envejecimiento celular y el cáncer. Sus contribuciones científicas destacan por su calidad y rigor experimental. De la lectura atenta de su biografía destacan especialmente sus cualidades intelectuales y humanas; entre ellas, la perseverancia, la discreción y su elevado sentido de la responsabilidad. 

Elizabeth Helen Blackburn fue la primera persona en estudiar los telómeros, extremos de los cromosomas de las células eucariotas que son necesarios tanto para el control de la división celular como para mantener la integridad y estabilidad de los cromosomas. Durante su estudio de los telómeros, Elizabeth Blackburn descubrió la telomerasa, enzima que forma los telómeros durante la duplicación del ADN. La enzima telomerasa haca que en cada división celular los telómeros se acorten, de manera que, transcurrido un cierto número de divisiones, las células se vuelven incapaces de dividirse y mueren. Normalmente, las células van dejando de fabricar telomerasa con la edad. Sin embargo, las células cancerosas fabrican mayor cantidad de telomerasa, por lo que estas células viven más tiempo y son capaces de dividirse más (formación de tumores). La telomerasa descubierta por Elizabeth Blackburn tiene por tanto relación con los procesos de envejecimiento celular y también con el cáncer, dos hechos importantes para la biología básica y la medicina. El descubrimiento de Blackburn puede permitir encontrar sustancias capaces de inhibir la acción de la telomerasa, que ayudarían en el tratamiento contra el cáncer, así como en la erradicación de las infecciones fúngicas que tienen lugar en pacientes inmunodeprimidos.

Elizabeth Helen Blackburn nace el 26 de noviembre de 1948, en Hobart, capital de la isla de Tasmania (Australia). Hija de un matrimonio de médicos, desde muy pequeña se sintió atraída por la exuberancia, variedad y riqueza animal del entorno natural del sur de Tasmania y aprendió a observarlo con detenimiento. Finalizó sus estudios secundarios con excelentes calificaciones y consiguió una beca para licenciarse en Bioquímica en la Universidad de Melbourne. 

El primer gran salto profesional de Elizabeth fue en 1970, al ser admitida como estudiante pre-doctoral en el famoso laboratorio del "Medical Research Council" (MRC) de Cambridge (Reino Unido), donde Watson y Crick habían dilucidado la estructura del DNA. Además, su director de tesis sería Fred Sanger, científico de referencia y premio Nobel de Química por la estructura de la insulina (1958). Sanger le propuso como tema de investigación la secuenciación de fragmentos de RNA; doctorándose en Biología Molecular el año 1975. 

lunes, 14 de julio de 2014

Mujeres Ganadoras del Premio Nobel (XL). Françoise Barré-Sinoussi

Una de las científicas más comprometidas con la lucha contra el SIDA.




Premio Nobel de Medicina, en 2008.


60 millones de personas afectadas, más de 22 millones de muertos, un continente -África- al borde del colapso. A pesar del espeluznante currículum de la mayor pandemia del siglo XX, las siglas "SIDA" ya no son sinónimo de muerte, gracias al trabajo de los científicos. Muy especialmente el de la doctora Françoise Barré-Sinoussi, ganadora, junto con el profesor Luc Montaigner, del premio Nobel de Fisiología y Medicina en el año 2008 por la identificación y aislamiento del virus VIH.


Nacida el 30 de julio de 1947 en París, su interés por la naturaleza surgió en sus vacaciones infantiles en Auvernia. Pensó en estudiar medicina pero, finalmente, desistió para no ser una carga para su familia durante demasiado tiempo. Por ello, estudió Ciencias en la Universidad de París, luego obtuvo la maestría en Bioquímica y, en 1974, se doctoró, bajo la supervisión del profesor Jean-Claude Chermann, en Virología por la Facultad de Ciencias de esa misma Institución.

Desde que era estudiante en la Universidad de París, Barré-Sinoussi se interesó por la investigación. Una persona fundamental en la vida de la científica parisiense sería, precisamente, su director de tesis, el profesor Chermann, quien desde que ella estaba en tercer año de carrera le abrió las puertas del laboratorio del Instituto Pasteur. En una entrevista hecha por la revista CIC Network, la investigadora menciona que ella "quería trabajar en un laboratorio, porque sentada en los bancos de la facultad no aprendía mucho sobre investigación"; por lo cual, con el consentimiento de sus padres, buscó un laboratorio que la contratara a medio tiempo mientras continuaba sus estudios. 

Realizó un postdoctorado en retrovirología en el Instituto Nacional de Salud, en Bethesda, Maryland. Permaneció un año en Estados Unidos y después regresó a Francia, más precisamente al Instituto Nacional de Salud e Investigación Médica, en el Instituto Pasteur, para trabajar de nuevo en el laboratorio de Chermann, en la unidad del profesor Luc Montaigner. El grupo que se encontró a finales de 1970 e inicios de 1980 fue creciendo lentamente y era de los pocos que continuaban estudiando la relación entre los retrovirus y cánceres.

viernes, 11 de julio de 2014

Mujeres Ganadoras del Premio Nobel (XXXVIII). Linda B. Buck

Linda Buck. El Nobel, una cuestión de olfato.



Premio Nobel de Fisiología y Medicina, en 2004.

"Siempre digo que estudien algo que les fascine, que busquen un problema en el cual estén muy interesados. Puede sonar simplista, pero no lo es, porque no quieres resolver un problema sólo porque es fácil, quieres resolverlo porque te obsesiona, lo tienes que entender. De allí viene la alegría en la investigación y los grandes descubrimientos".
Un entorno familiar favorable, una vocación científica tardía, una carrera meteórica y un tema de investigación candente llevaron a Linda B. Buck a compartir con Richard Axel el premio Nobel de Fisiología y Medicina de 2004. Sus revolucionarios descubrimientos en el campo de la señalización sensorial han contribuido a establecer patrones de las conexiones neuronales entre los olores y sus receptores específicos, generando así una auténtica cartografía cerebral para el olfato. Estos resultados han permitido generalizar el mecanismo por el que el cerebro es capaz de descifrar las percepciones de otros sentidos como el oído o la vista.

Nació en Seattle el 29 de enero de 1947. La afición de su madre, una sencilla ama de casa, por los crucigramas y la de su padre, por los inventos, fueron decisivas para definir la afinidad de Linda Buck con la ciencia. Su idea inicial fue estudiar psicoterapia y dedicarse a labores humanitarias. Durante sus estudios de psicología en la Universidad de Washington asistió, sin embargo, a un curso de inmunología que despertó su vocación investigadora y desvió su
rumbo hacia la biología. Finalmente, se licenció en Fisiología y Microbiología, y se doctoró en Inmunología en 1980 por la Universidad de Texas. Su directora de tesis fue una mujer, Ellen Vitetta, que ejerció gran influencia sobre ella, inculcándole la excelencia y la precisión como premisas claves en el modus operandi que adoptaría a lo largo de su trayectoria investigadora. Su trabajo doctoral se centró en las propiedades funcionales de subpoblaciones de linfocitos B a través de las inmunoglobulinas en su superficie y le enseñó a pensar en términos moleculares. Ya como postdoctoral se trasladó al laboratorio del Dr. Richard Axel de la Universidad de Columbia para iniciarse en el campo de la Biología Molecular y la Neurociencia. Allí pasó once años de su vida como investigadora.

miércoles, 9 de julio de 2014

Mujeres Ganadoras del Premio Nobel (XXXIII). Christiane Nüsslein-Volhard

Premio Nobel de Fisiología y Medicina, en 1995.




Christiane Nüsslein-Volhard (Magdeburgo, 1942) es una bióloga alemana especializada en Biología del Desarrollo. Nacida en 1942, representa a una científica de primera línea que, como investigadora de alto nivel en su país, es todo un símbolo de su generación. Sus contribuciones han sido tan destacadas que hoy los expertos la consideran entre las especialistas más importantes de todos los tiempos. Los trabajos de esta científica han contribuido a explicar uno de los misterios más grandes de la vida: los mecanismos que permiten que una sola célula origine una criatura compleja, como una mosca, un pez o un ser humano.

Christiane Nüsslein-Volhard nació el 20 de octubre de 1942, en Magdeburgo; la segunda de cinco hermanos, pronto recibió el sobrenombre de Janni. Creció entre artistas en un plácido suburbio del sur de Francfort. Recuerda a su padre, arquitecto y pintor, como un hombre encantador, temperamental e incluso carismático. Su madre tenía un destacado talento social y se dedicaba a ilustrar libros infantiles; según la científica, siempre tuvo una manera muy positiva de criar a sus hijos.

La niñez de Christiane fue feliz, con mucho estímulo y apoyo por parte de sus padres. Su padre, en particular, mostraba mucho interés en lo que hacían sus hijos tanto en sus juegos como en el colegio, y tenía una gran influencia en ellos. Las vacaciones las pasaba en una pequeña granja de pueblo, donde sus abuelos se habían refugiado durante la guerra. Y allí ayudaba en las cosechas y en alimentar vacas, caballos. Allí se sintió deslumbrada por la naturaleza. También estaba muy próxima a su abuela, una mujer de gran disciplina y carácter que pintaba en un estilo impresionista que la niña admiraba enormemente. La abuela había abandonado su sueño de estudiar arte en París cuando se casó con un abogado y siempre había lamentado su falta de formación. Proporcionó a su nieta un gran respeto por la naturaleza, la buena comida y las mujeres con una profesión propia. 


En su casa, Christiane creció pasando horas con sus ojos fijos en el suelo del jardín y en los bosques cercanos. Obsesionada con la naturaleza, observaba las plantas, mirando intensamente el interior de las flores tratando de entender su funcionamiento. Coleccionaba serpientes, memorizaba los nombres de animales y vegetales, elaboraba teorías y planeaba complicados proyectos. Desde muy pronto, rememora que como muy tarde a los 12 años ya sabía que quería ser bióloga. Dentro de su familia era la única con interés por la ciencia, pero sus padres no se opusieron a su vocación y en su infancia le proporcionaron libros adecuados. Ella ha comentado: "Había un cierto sentimiento de soledad en esto (...) Nadie hacía demasiado caso de mi interés por la ciencia (...) en mi familia lo que contaba era la estética, la belleza".

viernes, 27 de junio de 2014

Mujeres Ganadoras del Premio Nobel (XXX) Gertrude B. Elion

Premio Nobel de Medicina, en 1988.

"No me sentí inclinada hacia la ciencia hasta que mi abuelo murió de cáncer de estómago. Decidí que nadie debía sufrir tanto".

(Nueva York, 1918 - Chapel Hill, 1999) Gertrude Belle Elion, bioquímica y farmacóloga estadounidense, ha pasado a la historia como una de las científicas más importantes de la historia en el campo de la Medicina. Sus investigaciones en diversas disciplinas obtuvieron resultados impresionantes: sintetizó el primer tratamiento contra la leucemia y el primer inmunodepresor para realizar trasplantes, y su trabajo sirvió de base para desarrollar el AZT, un fármaco para combatir el virus del sida. Como muchas otras mujeres de ciencia, lo logró en un mundo masculino, en el que el papel de ellas era habitualmente menospreciado. El tiempo pondría las cosas en su sitio, cuando Elion fue galardonada con el Premio Nobel de Fisiología y Medicina de 1988 por el desarrollo de medicamentos que trataban importantes enfermedades, especialmente el cáncer, y que además fueron los precursores para la síntesis de otros nuevos.

Nacida en Nueva York en 1918, era hija de padres inmigrantes (él era un dentista lituano; ella procedía de lo que hoy es Polonia) y pasó sus primeros años de vida en un barrio humilde de Nueva York. Gertrude B. Elion pudo realizar estudios superiores gracias a sus buenas calificaciones en secundaria, por las que fue admitida en el Hunter College, una escuela pública. El crack financiero de 1929 había afectado de modo considerable a la situación económica de la familia, que no podía permitirse pagar para que su hija estudiase en la universidad.

Gertrude pronto destacó en una facultad femenina en la que la gran mayoría de las alumnas sólo pretendía finalizar los estudios para trabajar de profesoras. Ella, sin embargo, quería investigar. Se había matriculado en Química con la intención de encontrar algún día un remedio contra el cáncer. La muerte de su abuelo -con el que estaba muy unida- por esta enfermedad, cuando ella contaba con 15 años de edad, fue el catalizador de su decisión.

Gertrude Elion no lo tuvo fácil. Para poder obtener el título universitario tras sus estudios, tenía que matricularse en la Universidad de Nueva York. Como aquí sí había que pagar, presentó su candidatura a varios puestos de asistente de profesores para obtener los fondos necesarios. Ninguno la aceptó, porque eran trabajos reservados a hombres. Por ello, se introdujo en el campo de la enseñanza e impartió clases de bioquímica a las enfermeras del Hospital School of Nursign de Nueva York durante tres meses. Después encontró un puesto de ayudante de un químico, gracias al cual añadió experiencia a su currículum, con la que compensar un salario inexistente en inicio y ridículo después.

En 1939, sus pequeños ahorros le permitieron entrar en la escuela de graduados de la Universidad de Nueva York, donde consiguió graduarse en un año. Terminados estos estudios, Gertrude necesitaba realizar un trabajo de investigación para obtener el grado de Máster, pero sus necesidades económicas la llevaron otra vez al mundo de la enseñanza como profesora sustituta de ciencias en las escuelas de Nueva York, mientras realizaba sus trabajos de investigación por la noche y durante los fines de semana en la Universidad de Nueva York. Así, en 1944, obtuvo su Máster en Química por dicha universidad.

martes, 24 de junio de 2014

Mujeres Ganadoras del Premio Nobel (XXIX). Rita Levi-Montalcini

Premio Nobel de Fisiología y Medicina, en 1986.



"El cuerpo hace lo que quiere. Yo no soy mi cuerpo: soy mi mente".

Rita Levi-Montalcini (Turín, 22 de abril de 1909 - Roma, 30 de diciembre de 2012) fue una neuróloga y política italiana. Obtuvo la licenciatura en Medicina y el doctorado en Neurocirugía. Al término de la Segunda Guerra Mundial emigró a los Estados Unidos, donde trabajó en el laboratorio Viktor Hamburger del Instituto de Zoología de la Universidad Washington en San Luis.
Su trabajo con Stanley Cohen sirvió para descubrir que las células sólo comienzan a reproducirse cuando reciben la orden de hacerlo, orden que es trasmitida por unas sustancias llamadas factores de crecimiento. 
En 1986 obtuvo el Premio Nobel de Fisiología y Medicina, que compartió con Cohen.
Fue senadora vitalicia, designada por el presidente italiano Carlo Azeglio Ciampi.

Mujer y judía en la Italia fascista, dio con las claves de la neuroembriología en laboratorios clandestinos enfrentándose al machismo y al racismo.

"El futuro del planeta depende de la posibilidad de dar a todas las mujeres el acceso a la instrucción y al liderazgo". Esta frase resume buena parte del ideario feminista de Rita Levi. Ella tuvo que luchar por su acceso a la instrucción e hizo posible el de muchas otras mujeres con su activismo. Los frutos de su instrucción son hoy patrimonio de todos. Aunque su teoría del desarrollo embrionario cuenta entre las pocas firmemente establecidas en biología tardó décadas en ser aceptada. Sus aportaciones a la neuroembriología han sido cruciales para comprender el desarrollo del sistema nervioso y están ayudando, entre otras cosas, a avanzar en la investigación para la prevención de enfermedades neurodegenerativas. En sus textos no científicos atacó toda clase de dogmatismo, defendió los derechos de las mujeres y subrayó el valor de la autonomía y la honestidad.

El comienzo de una carrera de obstáculos, pero... superables

El despertar de la vocación científica de Rita Levi sólo encontró impedimentos. El primero vivía ya en su casa antes de que ella naciera. Nacida en Turín, creció en el seno de una familia judía de origen sefardí, acomodada y culta, pero tradicional. Su padre, Adamo Levi, hombre autoritario y de carácter explosivo, encontraba absurda la idea de que una mujer recibiera educación superior. Tanto él como su mujer, Adele Montalcini, pintora con gran talento, querían ver a sus hijas convertidas en madres y esposas ejemplares. Pretendían que, al terminar su educación básica, Rita y su hermana gemela Paola (las menores de cuatro hijos) asistieran a una escuela femenina en la que aprenderían todo lo que una buena esposa necesitaba saber. Pero ellas tenían otros planes: a finales de los años veinte, Paola comenzó a estudiar pintura con Felice Casorati, mientras Rita preparaba el examen de acceso a la universidad. Ninguna de las dos se casó ni tuvo hijos.

Para costearse sus estudios, Rita Levi-Montalcini trabajó en una panadería hasta 1929, a pesar de su alergia a la levadura.

En el momento en que sus padres entendían que debían comenzar sus vidas domésticas ellas cimentaron sus vidas culturales. Paola daba los primeros pasos de lo que sería una exitosa carrera artística, y Rita ingresaba en la Facultad de Medicina de la Universidad de Turín (1930). Entre más de trescientos alumnos sólo había siete mujeres. Sus compañeros la describían como un calamar dispuesto a escupir su tinta ante cualquier intento de galanteo. Siendo aún adolescente había decidido que nunca se casaría. Solía decir que ella misma era su propio marido y que nunca habría podido soportar la falta de libertad a la que el matrimonio condenaba a las mujeres del entorno en el que creció. Hablaba a menudo del "dominio victoriano" de su padre y de la sumisión de su madre. Ella no estaba dispuesta a reproducir ese modelo. Se graduó con la máxima calificación (Summa cum laude) en 1936.

Mujeres Ganadoras del Premio Nobel (XXVIII). Barbara McClintock

Barbara McClintock, la madre de la genética moderna


Premio Nobel de Fisiología y Medicina, en 1983.


(Hartford, EE.UU., 1902 - Huntington, id., 1992) Bióloga y botánica estadounidense. Obtuvo el doctorado en botánica por la Universidad de Cornell en 1927 y se incorporó al Instituto Carnegie de Washington en 1941. Profesora del Instituto de Tecnología de California e investigadora por su laboratorio de genética de Cold Spring Harbor de Nueva York, es conocida principalmente por su descubrimiento de que los genes del maíz pueden transferir sus posiciones en los cromosomas (Genética, 1944), lo cual resultó ser de gran importancia para la comprensión de los procesos hereditarios y abrió las puertas a la posibilidad de orientar las mutaciones. Las conclusiones teóricas de sus trabajos fueron confirmadas treinta años después. 

Como tantas mujeres que dedicaron su vida a la ciencia, a la estadounidense Barbara McClintock le costó que se le reconocieran los méritos logrados en sus investigaciones. Hoy se la considera una figura indispensable en el desarrollo de la genética, y sus descubrimientos le valieron el Premio Nobel de Medicina en 1983, el primero que conseguía una mujer de forma individual en esta categoría. Sin embargo, el camino para lograr los laureles del éxito no fue precisamente sencillo.

En la conferencia que dio al recibir el Premio Nobel ("The Significance of Responses of the Genome to Challenge"), McClintock explicó cómo las células pueden responder a la presión ambiental a la que se ven sometidos los organismos vivos mediante una reestructuración de su genoma; estos mecanismos explicarían la formación de nuevas especies, y serían la base de los cambios evolutivos. McClintock realizó sus estudios genéticos fundamentalmente con maíz, realizando numerosas hibridaciones entre diferentes variedades, lo que le permitió asimismo describir la historia evolutiva y origen de esta planta.

jueves, 19 de junio de 2014

Mujeres Ganadoras del Premio Nobel (XXV). Rosalyn Sussman Yalow

Premio Nobel de Fisiología y Medicina, en 1977.





«Si las mujeres queremos estar en permanente ascenso, debemos demostrar que somos competentes, que tenemos coraje y que contamos con la determinación necesaria para triunfar».

Rosalyn Yalow recibió en 1977 el Premio Nobel en Medicina por haber desarrollado junto con Solomon Berson la técnica del radioinmunoensayo (RIA). Lo habría podido ganar antes, pero la muerte de Berson en 1972 hizo que no prosperara la propuesta. Hasta entonces la coautoría de sus trabajos nunca había sido cuestionada, pero tuvo que demostrar que no era cierto que Berson fuera el cerebro y ella las manos. La técnica del RIA es uno de los grandes descubrimientos del siglo XX. La utilización de isótopos radioactivos permitió analizar la concentración de compuestos biológicos que hasta aquel momento eran imposibles de determinar. Supuso una gran revolución en todas las áreas de las ciencias biomédicas al hacer posible el diagnóstico de enfermedades debidas a disfunciones hormonales, la identificación en sangre de antígenos asociados a hepatitis y la detección de virus en muestras biológicas.


Rosalyn Sussman Yalow (nacida en EE.UU., Nueva York, el 19 de julio de 1921 - 30 de mayo de 2011) fue una médico estadounidense. Cursó estudios de física en la Universidad de Illinois. Dedicada a la investigación de hormonas en el hospital de veteranos del Bronx (Nueva York), fue galardonada con el Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1977, compartido con el polaco Andrew V. Schally y el francés Roger Guillemin, por sus progresos en el terreno de las hormonas péptidos del radioinmunoensayo. En 1976, fue la primera mujer a quien se le otorgó el Premio Albert Lasker.

Hija de Clara Zipper, nacida en Alemania, y Simon Sussman, nacido en Nueva York en una familia proveniente de Europa del Este.

Su familia quería que fuera maestra de primaria, pero ella logró entrar en el Departamento de Física de la Universidad de Illinois en 1941 como asistente del profesor de la cátedra de física. Fue la primera mujer en ser aceptada desde 1917 y era la única mujer entre cuatrocientos varones en un tiempo en el que a los judíos no les estaba permitido vivir en el "campus universitario", pero eso no la amedrentó.

Allí conoció a su marido, el físico Aaron Yalow, quien la inició en el conocimiento del judaísmo, pues ella no había sido observante pero desde entonces adoptó en su casa los hábitos y la atmósfera del judaísmo ortodoxo. Sus excelentes notas en las materias teóricas hicieron que el Jefe del Departamento de Física comentara que eso demostraba que "las mujeres no son buenas para el laboratorio". Esa discriminación sutil tampoco la amedrentaba. Ella estaba muy convencida de adónde quería llegar.

A pesar de todo su empeño y toda su dedicación en su carrera, tuvo tiempo para ser esposa y madre de dos hijos: un varón en 1952, Benjamín, y luego una niña en 1954, Eliana, ambos profesionales de adultos. Vivió con su marido hasta la muerte de éste en 1992.
"Pero cuando nosotras, mujeres, queremos alcanzar nuestro objetivo, debemos creer en nosotras mismas... Debemos sentir una responsabilidad personal de allanar el camino a quienes vienen detrás".