Google+ ranktrackr.net
Mostrando entradas con la etiqueta Rosa Luxemburgo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Rosa Luxemburgo. Mostrar todas las entradas

lunes, 5 de enero de 2015

Rosa Luxemburgo: su aporte al feminismo y a las mujeres de izquierda


Por medio de un extracto del libro Rosa Luxemburg y el arte de la política, de Frigga Haug (*) quisiéramos visibilizar un poco del aporte de Rosa Luxemburgo al feminismo y a las mujeres de izquierda.

Cómo Rosa Luxemburgo estudiaba los acontecimientos mundiales, cómo informaba sobre ellos, qué método seguía para descomponer los sucesos, cómo unía las doctrinas con los pensamientos habituales entre la población y así los animaba a pensar críticamente por sí mismos. Lo que hay que analizar es su método de exposición, de educación popular y de agitación.

[...] Rosa Luxemburg era comunista, judía, polaca, mujer, razones más que suficientes para que, tras su asesinato (en 1919), la recordemos como alguien que fue oprimida de múltiples formas. A decir verdad, en los países socialistas de Estado por de pronto tras la muerte de Lenin fue rodeada de "un anillo de silencio", como dijera Lelio Basso (1969). La publicación de sus obras que empezara Clara Zetkin y Adolf Warski en 1923 -en 1925 publicó Paul Levi la Introducción a la economía política- no se prosiguió en la República Democrática Alemana hasta los años setenta; la correspondencia con Kostia Zetkin apareció en 1993, tras el hundimiento del socialismo. Su nombre permanece en el recuerdo, cada vez círculos más amplios se refieren a ella de un modo más positivo, cada vez en más países, en casi todos los continentes, se pronuncian conferencias sobre ella. Su nombre, que durante tanto tiempo estuvo asociado a la violencia, la sangre y el dogmatismo, se ha convertido en una palabra de esperanza, ligado a la "libertad para quien piensa de otra forma", ligado a la democracia o incluso a un socialismo alternativo.


¿Qué podemos aprender de Rosa Luxemburgo sobre la cuestión de una política de intervención de las mujeres y para ellas? En 1902 escribió en el Leipziger Volkszeitung:

"La emancipación política de las mujeres tendría que hacer soplar una fuerte oleada de viento fresco incluso en la vida política y espiritual [de la socialdemocracia], que eliminará el hedor de la hipócrita vida familiar actual que, de modo inequívoco, permea incluso a los miembros de nuestro partido, tanto trabajadores como dirigentes". 

En aquella época se trataba ante todo del derecho de las mujeres al sufragio. Hoy peleamos por las cuotas, aunque también seguimos haciéndolo por ahuyentar el mismo hedor que, de modo inequívoco, impregna a los representantes masculinos de los partidos y que, envolviéndola en una niebla de prejuicios personales, burocratiza las cúpulas de los partidos, las direcciones sindicales o cualesquiera otros espacios públicos de la sociedad, no hay duda de que en esas condiciones sería posible otra política -al menos ésta es nuestra esperanza a pesar de todas las imperfecciones de nuestro sexo-: una política más cercana a las necesidades de las personas, menos tecnocrática, despiadada, derrochadora y belicista. Detrás de estas nociones no se oculta la idea de que las mujeres sean "por naturaleza" seres de buen corazón, tiernos, amistosos y pacíficos, al contrario que el otro sexo, sino que nuestra esperanza sobre la dimensión femenina en la política procede de nuestro análisis de la división sexual del trabajo. Ésta consiste, en el fondo, en la separación capitalista entre un ámbito de actividades que corresponden al trabajo social general, orientado a objetivos de lucro -el trabajo asalariado o el trabajo pagado- atribuido en su gran mayoría a los varones, dejando todas las demás actividades a cargo de las mujeres -especialmente el cuidado de los propios seres humanos- sin pagarlas por ello y haciendo que queden protegidas por los varones que traen el dinero a casa (1). De ahí deriva una posterior división según la cual una comunidad dividida de tal suerte queda regulada por un sector de políticos profesionales que cobran por ello y que es, de nuevo, un espacio de varones. En este contexto nosotras pensábamos que, al intervenir en la política oficial, las mujeres no podrían dejar de introducir las experiencias procedentes de los ámbitos concretos de su actividad, con lo que harían que lo político descendiera al vivir desde las alturas de los parágrafos y las resoluciones hostiles a éste. Por supuesto que sabíamos que la intervención en las estructuras de dominación masculina conduciría, en un primer momento, a la apropiación e interiorización de las formas de comportamiento dominantes pero, pese a ello, esperábamos que la incorporación femenina en los dominios masculinos alterase hasta tal punto la estructura de la división del trabajo, que la reproducción general del dominio y la opresión no podrían proseguir como si tal cosa (2).

Para llenar de contenido concreto tales ideas queríamos estudiar a Rosa Luxemburgo, su forma de intervención política, y plantearnos qué exigencias nos suponía una vida política como la suya.

En el movimiento de las mujeres de los años 70 su nombre apenas aparecía. Había sucumbido a la sentencia de ser una "mujer masculinizada", o sea una figura que había renegado de todo lo femenino, se había adaptado a un mundo masculino en el que logró abrirse camino. Donde sea que las mujeres sobresalen en la historia, sucumben, básicamente, bajo ese veredicto. Las mujeres del movimiento buscaban los rasgos fuertes de las mujeres en sus debilidades específicas y en su subordinación, no en su presencia en la galería masculina de la importancia social. Esta lógica es comprensible, pero aún así, nuestra idea de que las mujeres, aquí y hoy, pueden hacer una política distinta, implica también la suposición de que toda mujer que, de hecho, interviene políticamente -o sea que no es sólo una figura representativa en las estructuras dadas- altera hasta tal punto la división histórica del trabajo entre los sexos que la separación de ámbitos no puede mantenerse tal como estaba. Ya sea que cambien la imagen que, en tanto que mujeres, nos hacemos del mundo, ya sea que sus propias imágenes del orden del mundo incluyan los espacios de mujeres.



___

(*) Haugg, Friga (2007). Rosa Luxemburg y el arte de la política. Publidisa. Madrid.

(1) Es evidente que ese modo de ver las cosas se refiere a una división sexual del trabajo en la que el varón, sostén de la familia, y el ama de casa configuran la vida de la familia de un modo relativamente incontestado; se trata pues de la época anterior al final del fordismo y del tipo de vida determinado por la globalización neoliberal. Sea como fuere, el neoliberalismo ha terminado con el varón como sostén de la familia a lo largo de su vida gracias a un puesto de trabajo fijo, pero no con el sueño de tal figura. La ruptura cultural se prolonga en el interior de las propias familias a destiempo, por lo que se deben politizar las consecuencias conflictivas de tal división del trabajo. Por lo demás el concepto de tal división básica del trabajo se sigue manteniendo: o sea, las mujeres tienen de nuevo que ocuparse más de los niños y niñas y no quitar a los varones los pocos puestos de trabajo disponibles. En Austria, ante una crítica a la "reforma de pensiones", según la cual se prevé calcular a partir de ahora la cuantía de las pensiones sobre un período de 40 años, que conlleva que las mujeres que han interrumpido su trabajo para educar a los hijos e hijas ya no podrán pretender una pensión propia cuando lleguen a la edad de la jubilación, ante la crítica a esa medida el Ministerio para las Mujeres dijo que lo que éstas debían hacer era asegurarse de buscar una pareja que se ganara bien la vida.

(2) De modo semejante a como la incorporación de mujeres en el ejército, esa poderosa instancia para la educación de los "varones", ha puesto en cuestión la reproducción de la masculinidad dominante. 


FUENTE: Fundación Rosa Luxemburgo

domingo, 16 de noviembre de 2014

El asesinato de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, hubo una vez una revolución en Alemania


Por David Arrabali (*)
Mundo Obrero


La noche del 15 de enero de 1919, en Berlín, fue detenida Rosa Luxemburgo: una mujer indefensa con cabellos grises, demacrada y exhausta. Una mujer mayor, que aparentaba mucho más de los 48 años que tenía.

Uno de los soldados que la rodeaban, le obligó a seguir a empujones, y la multitud burlona y llena de odio que se agolpaba en el vestíbulo del Hotel Eden le saludó con insultos. Ella alzó su frente ante la multitud y miró a los soldados y a los huéspedes del hotel que se mofaban de ella con sus ojos negros y orgullosos. Y aquellos hombres en sus uniformes desiguales, soldados de la nueva unidad de las tropas de asalto, se sintieron ofendidos por la mirada desdeñosa y casi compasiva de Rosa Luxemburgo, "la rosa roja", "la judía".

Le insultaron: "Rosita, ahí viene la vieja puta". Ellos odiaban todo lo que esta mujer había representado en Alemania durante dos décadas: la firme creencia en la idea del socialismo, el feminismo, el antimilitarismo y la oposición a la guerra, que ellos habían perdido en noviembre de 1918. En los días previos, los soldados habían aplastado el levantamiento de trabajadores en Berlín. Ahora ellos eran los amos. Y Rosa les había desafiado en su último artículo:

"¡El orden reina en Berlín! ¡Ah! ¡Estúpidos e insensatos verdugos! No os dais cuenta de que vuestro orden está levantado sobre arena. La revolución se erguirá mañana con su victoria y el terror asomará en vuestros rostros al oírle anunciar con todas sus trompetas: ¡Yo fui, yo soy, yo seré!".

La empujaron y golpearon. Rosa se levantó. Para entonces casi habían alcanzado la puerta trasera del hotel. Fuera esperaba un coche lleno de soldados, quienes, según le habían comunicado, la conducirían a la prisión. Pero uno de los soldados se fue hacía ella levantando su arma y le golpeó en la cabeza con la culata. Ella cayó al suelo. El soldado le propinó un segundo golpe en la sien.

martes, 11 de noviembre de 2014

Rosa Luxemburgo: La flor más roja del socialismo

 "La libertad no es nada cuando se convierte en un privilegio".

Rosa Luxemburgo (Zamosc, Imperio ruso, 5 de marzo de 1871 - Berlín, Alemania, 15 de enero de 1919), fue una teórica marxista de origen judío; una de las grandes revolucionarias del siglo XX y una de las fundadoras de la corriente de pensamiento del socialismo democrático. 

Hija de un comerciante de Varsovia, su brillante inteligencia le permitió estudiar a pesar de los prejuicios que imperaban contra las mujeres en ese entonces, y pese a la discriminación antisemita que existía en Europa contra los judíos. Rosa Luxemburg hizo un doctorado en una época en la que poquísimas mujeres iban a la universidad. Se dice que hablaba once idiomas. Pronto destacó como una de los principales dirigentes de la socialdemocracia europea.

En 1889, a los 18 años, abandonó Polonia a consecuencia de la persecución de la policía debido a su militancia socialista, refugiándose en Suiza. Allí terminó sus estudios, entró en contacto con revolucionarios exiliados y se unió a la dirección del joven Partido Socialdemócrata Polaco. Contrajo matrimonio en 1895 con Gustav Lübeck para adquirir la nacionalidad alemana y poder trabajar con el movimiento obrero en este país.

Junto al político alemán Karl Liebknecht, fundó la liga de Spartacus, que más adelante se convertiría en el Partido Comunista Alemán. Fue redactora del periódico teórico marxista "Neue Zeit" y autora de varios libros. Fue sentenciada (1903-1904) a nueve meses de prisión acusada de "insultar al Kaiser" (emperador). Participó directamente en la revolución de 1905 en Polonia. En marzo de 1906 fue arrestada y encarcelada en Varsovia durante cuatro meses.

Participó activamente tanto en el Congreso del Partido Socialdemócrata alemán en 1906 como en el Congreso Socialista Internacional celebrado en Stuttgart un año después, en el que intervino en nombre del partido ruso y polaco. Su pensamiento representaba a las opciones más radicales en el seno de la II Internacional. Gran teórica, realizó importantes contribuciones al desarrollo del marxismo, en especial en lo referente a las relaciones entre nacionalismo y socialismo, y sobre el socialismo democrático.

Hizo también aportes teóricos originales en torno al imperialismo y al derrumbe del capitalismo, en su obra La acumulación del capital, de 1913. Su crítica a Marx se basa en las predicciones de éste acerca de las crisis cíclicas del capitalismo. Marx pensaba que el capitalismo, como sistema económico y político basado en el crecimiento y la búsqueda constante del beneficio, debía colapsar en algún momento, por saturación. Sin embargo, muchas décadas después de muerto Marx, las crisis periódicas del capitalismo parecían aplazarse o solventarse sin producir convulsiones en el sistema. Rosa Luxemburgo encontró la explicación a este hecho en el colonialismo, hallando que el crecimiento de las potencias capitalistas encontró una vía de expansión en las colonias, las cuales, al tiempo que procuraban materias primas a muy bajo costo, servían también de mercado donde colocar los productos manufacturados. En el mismo sentido, expuso las primeras teorías sobre el imperialismo, que más tarde desarrollaría Lenin. Rosa Luxemburgo creía en una opción socialista internacional, esto es, alejada de particularismos y nacionalismos, en la que las masas obreras, solidariamente, tomaran el poder.