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viernes, 29 de abril de 2016

EFEMÉRIDES: Mary Wollstonecraft y Alejandra Pizarnik

Esta semana se celebran dos efemérides que nos recuerdan a dos mujeres muy importantes en su época, una de ellas filósofa y escritora inglesa, y precursora del feminismo: Mary Wollstonecraft, y la otra una de las grandes poetisas del siglo XX: Alejandra Pizarnik.

Mary Wollstonecraft. El pasado 27 de abril, pero de 1759, nacía la filósofa y escritora inglesa Mary Wollstonecraft. Su juventud fue difícil, no sólo por la precariedad económica -debido a los graves problemas financieros de su familia-, sino también por los arrebatos violentos de su progenitor. Sin embargo, Mary pudo abrirse a una educación diferente y menos represiva de lo que se consideraba adecuado para una mujer en aquellos años.

Su obra abarca novelas, cuentos, ensayos, tratados, un relato de viaje y un libro de literatura infantl. Pero su obra más famosa, será Vindicación de los derechos de la mujer, escrito en 1792 y en el que critica la situación de las mujeres en su época y plantea la necesidad del acceso de las mujeres a una educación racional. Si bien no plantea la igualdad de derechos (no propone el sufragio femenino) ni se puede decir que sea un libro feminista (el movimiento como tal surgiría casi un siglo más adelante), lo cierto es que es una obra pionera en la discusión del lugar de la mujer en las sociedades modernas y, por eso, será sacado del olvido al que lo condenó la moral de la época, horrorizada por los escándalos personales de su autora, por pensadoras de la talla de Emma Goldman y Virginia Woolf.

Alejandra Pizarnik. Un día como hoy, 29 de abril, pero de 1936, nacía en Buenos Aires (Argentina) Alejandra Pizarnik, hija de inmigrantes judíos, y bautizada con el nombre de Flora Pizarnik Broniker. Creció en el barrio de Avellaneda. Asistía a la escuela regular por las mañanas, y al instituto hebreo por las tardes. Se dice que los motivos para el desarrollo de una personalidad en violenta batalla consigo misma fueron, especialmente, la temprana inconformidad con su apariencia y la incapacidad para sentirse cómoda en un idioma que no era en realidad su lengua materna. 

La obra de Alejandra Pizarnik se ubica entre las más intensas y originales de la literatura argentina. Obra que no se reduce sólo a un poemario de calidad excepcional, sino que abarca también la crítica literaria y una vasta correspondencia. El interés por el lenguaje, las palabras y su imposibilidad de definir la realidad son los ejes principales de su poesía. 

Por sus versos surrealistas, las circunstancias de su muerte y su carácter depresivo, se ha creado una suerte de mito alrededor de la figura de Alejandra Pizarnik, una de las grandes poestisas del siglo XX. 
"Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero".



jueves, 1 de octubre de 2015

84º Aniversario del Voto Femenino. Gracias Clara Campoamor!!!!

"Tenéis el derecho que os ha dado la ley, la ley que hicisteis vosotros, pero no tenéis el Derecho Natural, el Derecho fundamental que se basa en el respeto de todo ser humano, y lo que hacéis es detentar un poder; dejad que la mujer se manifieste y veréis cómo ese poder no podéis seguir detentándolo..." (Clara Campoamor, en el Congreso de Diputados el 1 de octubre de 1931).

Un día como hoy, 1 de octubre, pero de 1931 -hace 84 años-, las Cortes españolas aprobaron el sufragio femenino, aunque no se puedo ejercer hasta las elecciones generales del 19 de noviembre de 1933; en las que ocurrió lo que algunos habían vaticinado: la izquierda perdió las elecciones; pero las mujeres ganamos en derechos y la sociedad en dignidad. 

En las Cortes de 1931 -las mujeres tenían reconocido el derecho de sufragio pasivo (podían ser elegidas pero no podían elegir)- muchos temían que la mujer, tachada de "regresiva" y falta de espíritu crítico, pusiera en peligro a la joven República. Pese a todo, el 1 de octubre, hace ochenta y tres años, se consagró, por primera vez en la historia española, el derecho al voto femenino. En los debates parlamentarios, Clara Campoamor, Victoria Kent y Margarita Nelken -hermana de la periodista, narradora y dramaturga Magda Donato-, las únicas mujeres diputadas, protagonizaron posturas contrapuestas. "No es cuestión de capacidad, es cuestión de oportunidad para la República", sostuvo Kent, representante del Partido Republicano Radical Socialista, propugnando aplazar el voto femenino. Campoamor, en contra de su propio partido, el Republicano Radical, apostó por el reconocimiento del derecho. Por su parte, Nelken, del Partido Socialista Obrero Español, se opuso al sufragio femenino, sosteniendo que la mujer estaba sometida a la voluntad e influencia clerical, y por tanto carecía de preparación para la acción política. 

Para los contrarios al reconocimiento del voto femenino, no era el momento. Decía Victoria Kent en sus argumentos: "No es que con ello merme en lo más mínimo la capacidad de la mujer. No es cuestión de capacidad; es cuestión de oportunidad para la República (...) Cuando la mujer española se dé cuenta de que sólo en la República están garantizados los derechos de ciudadanía de sus hijos, de que sólo la República ha traído a su hogar el pan que la monarquía no les había dejado, entonces, la mujer será la más ferviente, la más ardiente defensora de la República; pero, en estos momentos, es peligroso conceder el voto a la mujer" (Julián Santos, La Constitución de 1931, 2009).


La respuesta de Clara Campoamor, defensora de la concesión inmediata del derecho al voto a las mujeres, fue categórica: "Precisamente porque la República me importa tanto, entiendo que sería un gravísimo error político apartar a la mujer del derecho del voto (...) He visto que a los actos públicos, acude una concurrencia femenina muy superior a la masculina, y he visto en los ojos de esas mujeres la esperanza de redención, he visto el deseo de ayudar a la República, he visto la pasión y la emoción que ponen en sus ideales. La mujer española espera hoy de la República la redención suya y la redención del hijo (...) La única manera de madurarse para el ejercicio de la libertad y de hacerla accesible a todos [y a todas], es caminar dentro de ella" (Julián Santos, Ibid).

La votación fue nominal y el resultado fue el siguiente: 161 votos a favor y 121 en contra, con un 40% de abstención. El artículo 34 de la Constitución de la República quedó aprobado y el derecho al voto femenino fue una realidad; decía así dicho precepto: "Los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de veintitrés años, tendrán los mismos derechos electorales conforme determinen las leyes". La mujer adquiría, por un escaso margen de diferencia, la condición de electora. Votaron a favor el Partido Socialista "con la destacada excepción de Indalecio Prieto y sus seguidores, quien lo consideró una puñalada para la República", pequeños núcleos republicanos -catalanes, federales, progresistas, galleguistas- y la derecha. En contra lo hicieron Acción Republicana, y los Partidos Radical y Radical-socialista, salvo excepciones. No votaron 188 diputados, de los 470 escaños que componían la Cámara.

Sea como fuere dicha votación, lo que está claro es que, gracias a Clara Campoamor, las mujeres tenemos voz y voto en España. Una mente maravillosa y con ideales claros y democráticos, Clara Campoamor, esta mujer adelantada a su tiempo, vio claro el papel de la mujer en la sociedad y luchó por defender sus derechos.

Ferviente defensora de los derechos femeninos, Clara Campoamor consiguió introducirse en el cuerpo diplomático gracias a un puesto de diputada en el Congreso de los Diputados. Desde esa alta posición logró mayor fuerza para luchar por sus convicciones y lograr pese a la dificultad de la época extender el voto político al sector femenino del país.


Pero a Clara Campoamor no le cayó todo del cielo; trabajó duro desde la infancia debido a la temprana muerte de su padre, asumiendo ella parte de la carga económica familiar. Tras lograr hacerse con varios puestos como funcionaria ganados a pulso, matricularse y completar sus estudios de Derecho en el tiempo récord de dos años académicos, fue cuando logró su introducción en el Congreso de los Diputados. Desde esa posición, Clara Campoamor aprovechó para luchar por lo que siempre había creído.

Quizá fue ese espíritu suyo de supervivencia, despertado a la fuerza en sus primeros años de vida, y unido a las convicciones profundas que anidaban en su corazón sobre los derechos y deberes de todo ciudadano y de toda ciudadana: "Yo, señores diputados, me siento ciudadano antes que mujer, y considero que sería un profundo error político dejar a la mujer al margen de ese derecho, a la mujer que espera y confía en vosotros; a la mujer que, como ocurrió con otras fuerzas nuevas en la revolución francesa, será indiscutiblemente una nueva fuerza que se incorpora al derecho y no hay sino que empujarla a que siga su camino", proclamaba Clara Campoamor. ¿Fue esta vida de duro trabajo lo que consolidó su espíritu revolucionario y de cambio a pesar de la hostilidad política de su época? Clara Campoamor creció y desarrolló su pensamiento nutriéndose de la realidad que tenía en su casa. Esta realidad le enseñó, de primera mano, que la mujer posee el mismo valor que el hombre en la sociedad y que ambos son, a partes iguales, ciudadanos y ciudadanas de una sociedad que debe basarse en el respeto y la democracia. Esto debió grabarse a fuego en la mente de Clara Campoamor y le dio fuerzas para poder enfrentarse a todo lo que lucharía en contra suya en los años que se avecinaban.

No obstante, aunque el sector femenino y la izquierda brindaban su completo apoyo ideológico a Campoamor, siempre lo hizo por lo "bajini" por un temor infundado en la época. Como hemos dicho en líneas anteriores, la izquierda temía, aun creyendo en el derecho del voto de las mujeres, que éstas votasen a la derecha debido a la mentalidad tradicional de la época predominante. Debido a esto, para evitar un mayor enriquecimiento político de los partidos tradicionales, los movimientos republicanos no dieron su brazo a torcer de primeras por si quedaban en minoría al introducir este cambio en la sociedad.

Finalmente, Clara Campoamor consiguió el sufragio femenino en 1931 tras mucha lucha, incluso interna, dentro de las ideologías políticas que apoyaban su reforma. Clara Campoamor fue codiciada por algunos partidos simpatizantes con ella y la izquierda, pero Campoamor no terminó de integrarse en ninguno de ellos por mucho tiempo. No obstante, sus objetivos fueron alcanzados y, gracias a ella, la mujer en España comenzó una mutación de su rol dentro y fuera del hogar. Obtuvo un reconocimiento que a día de hoy se mantiene pero que todavía es objeto de cambio en muchos otros países donde, pese a estar en el siglo XXI, queda mucho por evolucionar.



FUENTES: Diario Progresista, La Verdad de Murcia

jueves, 23 de julio de 2015

Katherine Wilson Sheppard, la pionera del sufragio femenino

" Todo lo que separa, ya sea de raza, clase, credo o sexo, es inhumano, y hay superarlo"
Katherine Wilson Sheppard (10 de marzo de 1847 - 13 de julio de 1934) fue la integrante más destacada del movimiento por el sufragio femenino en Nueva Zelanda; y, por ello, la sufragista más famosa de ese país, siendo una líder dentro de dicho movimiento y firme defensora de los derechos de la mujer en dicho país. Dado que Nueva Zelanda fue el primer país en aprobar el sufragio femenino en condiciones igualitarias al de los varones, el trabajo de Sheppard. su lucha, para lograr este fin tuvo un impacto considerable sobre los movimientos por el sufragio femenino en otros países.

Catherine Wilson Malcolm nació en Liverpool, Inglaterra, de padres escoceses: Jem Crawford Souter y Andrew Will Malcolm. Recibió una buena educación, y se destacó por su capacidad intelectual y amplio conocimiento. Durante un tiempo vivió con su tío, un ministro de la Iglesia Libre de Escocia en Nairn. En 1869, varios años después de la muerte de su padre, Kate y sus hermanos emigraron con su madre a Christchurch, Nueva Zelanda. Ella se casó con Walter Allen Sheppard tres años después, y su único hijo, Douglas, nació el 8 de diciembre de 1880.

En 1885, Kate Sheppard se afilió a la Woman's Christian Temperance Union (WCTU) de Nueva Zelanda (fue la primera gran organización de mujeres). La participación de Sheppard surgió principalmente de sus creencias religiosas, que ella había heredado de su madre y su tío.

sábado, 28 de febrero de 2015

Helena Albrecht Araújo: Una pionera del feminismo


El 2 de febrero falleció Helena Albrecht Araújo, escritora, crítica literaria, profesora de literatura latinoamericana y novelista colombiana, dedicada al estudio de la escritura de las mujeres hispanoamericanas.
"¿Para qué público escribo? ¿Para qué público escribimos? Para el público que soporta nuestra rebeldía." 
La escritora y crítica literaria luchó para dar mayor visibilidad a las mujeres en los diversos campos de la vida social.

Helena Albrecht Araújo murió en Lausana, Suiza, donde residía desde el año 1971, dejando un gran legado en el campo literario colombiano, no sólo por su producción, encaminada en parte a cuestionar el lente infantilizador con el que eran vistas las mujeres -incluso en la academia misma- durante el siglo XX, sino también por sus diversos estudios sobre los escritores latinoamericanos y colombianos.

Nació en el seno de una familia muy activa intelectualmente. Creció escuchando sobre la vida y las enseñanzas de su abuelo Simón Araújo, conocido por su importante promoción de la educación laica y maestro forjador de una importante generación de líderes del Partido Liberal en las primeras décadas del siglo XX, entre ellos Jorge Eliécer Gaitán. Su padre, Alfonso Araújo Gaviria, fue uno de los más importantes cuadros del Partido Liberal y jugó un papel protagónico durante la vida política del siglo pasado, especialmente en el período denominado por algunos historiadores "La República Liberal", ocupando el cargo de ministro de Obras Públicas y de Guerra durante el mandato de Enrique Olaya Herrera y fungiendo como ministro de Gobierno y Hacienda durante el período de Alfonso López Pumarejo, así como ministro de Educación de Eduardo Santos.


La escritora fue la segunda entre cuatro hermanas, antecedida por Emma Araújo de Vallejo, la mayor de las hermanas y pionera de la museología en Colombia. Esto comentaba sobre cómo era su hermana: 

"Helena fue una mujer muy dedicada al estudio. En mi mente no existe otra imagen suya que no sea la de ella con un libro en la mano. Desde muy pequeña, con mucho amor y con respeto, construyó una estrecha relación con los libros, pero sin reverencia, es decir, se sumergía en ellos y los cuestionaba sin temor. Siempre estaba leyendo. Pudo leer todo lo que quiso".

Cabe resaltar que desde que Helena Araújo aprendió a leer tuvo a la mano la inmensa biblioteca de su padre, dotada con las obras de autores que en la primera mitad del siglo XX eran difíciles de conseguir porque eran prohibidos por las autoridades eclesiásticas o porque no habían sido traducidos. A escritores como Víctor Hugo, Zola, Balzac, Descartes y Hume entre otros, en muchos de los casos los leyó en su lengua original.

Gracias a la labor de su padre como diplomático en diversos países, ella y sus hermanas viajaron por diversos lugares del mundo, como Estados Unidos, Brasil y Europa, entre otros. Así fue adquiriendo una mentalidad de ciudadana del mundo sumada al aprendizaje de diversos idiomas, entre ellos el inglés, el francés, el alemán y el portugués, lo que la ayudaría a forjar un amplio capital cultural y le permitiría escudriñar el universo literario mundial sin restricciones.

En los Estados Unidos cursó su formación básica y de regreso a Colombia se inscribió en el Departamento de Filosofía de la Universidad Nacional, donde tuvo contacto con las grandes teorías y paradigmas de la época, como el psicoanálisis, el estructuralismo y el feminismo, lo que se vería especialmente reflejado en sus obras.

"Entre su producción se pueden encontrar trabajos muy significativos como La Scherezada criolla: ensayos sobre escritura femenina latinoamericana, que, como indica su título, es un estudio sobre la literatura hecha por mujeres. En Colombia fue una de las primeras mujeres en escribir crítica feminista. Además estudió y nos enseñó a reconocer aquellos autores que fueron apareciendo en el panorama nacional, los que vienen después de Gabriel García Márquez o que siendo más jóvenes se empezaban a dar a conocer, autores que hoy cuentan con una carrera muy reconocida" (Luz Mary Giraldo, ensayista, poetisa y crítica literaria). 

Se casó y tuvo cuatro hijas: Priscilla, Gisèle, Nicole y Jocelyne. Luego se divorció y se fue a vivir a Suiza hace más de cuatro décadas. Y aunque no regresó al país, siempre estuvo atenta a la producción literaria colombiana. Publicó varios libros, entre ellos La M de las moscas (1970), Fiesta en Teusaquillo (1981) y Signos y mensajes (1996).

"Viajó porque no se sintió satisfecha con la mentalidad de la élite bogotana. Su salida del país la asumió como un exilio voluntario, sin dejar de informarse de lo que sucedía en el país. En ese sentido rompió con una sociedad que consideraba como impostora, como se ve reflejado en Fiesta en Teusaquillo. Una sociedad con una mentalidad que no les permitía asumir a las mujeres su propia identidad. Eso fue lo que yo misma le oí decir en distintas conferencias. En ese sentido, su obra tenía una actitud muy crítica frente a la sociedad de la época. Su trabajo resulta también en una apuesta mucho más urbana, como parte de su generación" -anota Giraldo-.

En Suiza trabajó como profesora de literatura española y latinoamericana en la Universidad Popular hasta que su salud no le permitió seguir en la academia.


FUENTE: El Espectador 

sábado, 31 de enero de 2015

Concepción Arenal: 196 Años de su Nacimiento

Concepción Arenal, la fuerza de un ideal.


Hoy se cumplen 196 años del nacimiento de una mujer que, sin pretenderlo, fue indispensable en la lucha por la emancipación de las mujeres en España.
"La sociedad no puede en justicia prohibir el ejercicio honrado de sus facultades a la mitad del género humano".
Nacida mujer en una época adversa para su género, Concepción Arenal supo enfrentarse con valor a la sociedad de su tiempo, convirtiendo la reivindicación de la capacidad intelectual de la mujer y su derecho a una educación igual a la del hombre en una lucha sin tregua, lo que hizo de su vida una auténtica cruzada feminista. El único "pero" que se le puede poner a sus planteamientos, sin empañar su importante papel en pro de la emancipación de la mujer, es que jamás cuestionó los roles sexuales establecidos. Pero, aún así, podemos decir que Concepción Arenal es uno de los nombres propios del feminismo en España, y una de las primeras mujeres que dedicó su vida a defender los derechos de los grupos sociales más desfavorecidos y marginados, y entre ellos los de las mujeres, a las que consideró como ser humano marginado a quien hay que ayudar, estimular y respetar, pero no con sentimientos paternalistas de galanteo y protección, sino educándolas en la dignidad de su propia condición. Y lo hizo escribiendo textos cercanos, escribiendo para que la leyeran, para que la entendieran, para que sus lectores participaran en sus ideales.

Concepción Arenal Ponte vio la luz un 31 de enero de 1820, en El Ferrol (A Coruña), en el seno de una familia acomodada y de convicciones liberales. Su madre, María Concepción de Ponte, era descendiente de una familia noble, hermana del conde de Vigo. Su padre, Ángel del Arenal, sargento del ejército, era un firme defensor del liberalismo, que sería encarcelado en varias ocasiones por enfrentarse a la monarquía absoluta de Fernando VII, lo que le condenaría a una muerte prematura; dejando a Concepción huérfana de padre a la temprana edad de 8 años. Fuertemente influenciada por la ideología paterna, Concepción creció convencida de que debía defender sus convicciones personales y luchar por sus ideales, actuando en consecuencia.

Tras fallecer su padre, Concepción es ingresada en un colegio religioso, por deseo expreso de su madre, en el aprendería cómo comportarse en sociedad. El programa de estudios no está a la altura de las inquietudes intelectuales de la futura penalista. Porque Concepción tenía las ideas muy claras, era mujer pero no tonta y, por encima de todo, deseaba cursar estudios superiores, pretensión inaudita en una mujer de la época. Su madre reprobaba su decisión, pero el destino jugó sus cartas y, tras el fallecimiento de su abuela, cuando la futura penalista contaba exactamente 21 años, falló en su favor, ya que la herencia familiar recayó sobre ella. Concepción toma la alternativa. Decidida a asistir a la universidad, aun cuando el acceso a las aulas universitarias estaba vedado a las mujeres, no duda en travestirse: vestida de varón, acude a las clases de Derecho Penal y Jurídico. La suerte estaba echada.

En aquel recinto conoce al que será su esposo, Fernando García Carrasco. El 10 de abril de 1848 contraen matrimonio. Quince años les separan, pero la simbiosis es perfecta. Su marido es un hombre avanzado para la época y, contemplando a su esposa como un igual, alienta sus inquietudes feministas, animándole a acudir junto a él a tertulias literarias, aun cuando para ello Concepción debiera continuar vistiendo ropa masculina.

El matrimonio tiene tres hijos, de los que sólo sobreviven dos, Fernando, el primogénito, le permitirá participar en concursos literarios al "prestarle su firma", en aquellas condiciones en las que una mujer se hallaba "fuera de juego".

La 'carrera profesional' de Concepción se decantará por la literatura: escribe poesía, teatro, zarzuela y novela, y sus Fábulas en verso (1851) serán declaradas lectura obligatoria en enseñanza primaria. Cuatro años después, el matrimonio García Arenal empieza a colaborar en el diario La Iberia pero cuando Fernando, gravemente enfermo, no puede escribir sus artículos, es ella quien los redacta. Y al morir éste, ella se hace cargo de los mismos sin firmarlos, momento en que los honorarios se reducen a la mitad. En 1857 Concepción se ve obligada a dejar de firmar: la Ley de Imprenta impone la obligación de firmar los artículos versados en política, filosofía y religión. Mes y medio después, la publicación anuncia su cese como redactora.


A este hecho suceden otros tantos que contribuyen a que Concepción tome conciencia de su condición de inferioridad como mujer. Es entonces cuando se dispara su creatividad literaria, sus múltiples ensayos en los que defiende sus creencias morales y feministas. A raíz de las que el 4 de abril de 1864, a instancias de la reina Isabel II, el ministro de Gobernación, Florentino Rodríguez Vaamonde, la nombra Visitadora de Prisiones de Mujeres. Concepción tiene 44 años. 
"Abrid escuelas y se cerrarán cárceles".
Tres años después publica su primera obra feminista, La mujer del porvenir, redactada en 1861. En ella, intenta rebatir la inferioridad fisiológica de la mujer determinada por el doctor Gall y demostrar la superioridad moral de la mujer.

Tras la Revolución del 68, el gobierno provisional presidido por Serrano la nombra Inspectora de Casas de Corrección de Mujeres, cargo que desempeña hasta 1873.

En 1890, afincada en Vigo, recibe la noticia de la defensa de su candidatura para ocupar la vacante en la Real Academia por parte de su paisana Emilia Pardo Bazán.

Dos años después, con la salud deteriorada, la ya famosa penalista, con obras que han adquirido eco en toda Europa como La instrucción del pueblo o Ensayo sobre el derecho de gentes, fallece víctima de un catarro bronquial crónico, cuatro días después de cumplir 73 años.

"Odia al delito y compadece al delincuente". Esta máxima ocupó las paredes de las prisiones españolas durante décadas. Su autora: Concepción Arenal, la visitadora de prisiones.



viernes, 9 de enero de 2015

Mujeres y Feministas (IX). Simone de Beauvoir


"No creo en el eterno femenino, una esencia de mujer, algo místico. La mujer no nace, se hace. No hay un eterno femenino desde el origen, son roles. Y eso se aprecia muy bien cuando se estudia la sociología. El papel de los hombres y de las mujeres no está determinado de forma absoluta en todas las civilizaciones, hay grandes cambios".
En este año 2015, se cumplen 107 años del nacimiento de Simone de Beauvoir. Quien se ha convertido en una de las grandes personalidades del siglo XX. Novelista excepcional, activista política antes y después de la Segunda Guerra Mundial, es ya un icono de la cultura y el pensamiento. Sus aportaciones se engloban dentro del ateísmo, el existencialismo, la ética y la militancia comunista. Fue, además, una gran novelista de ficción que obtuvo el premio Goncourt, el más prestigioso de las letras francesas, con Los mandarines, de 1954.

Pero con el tiempo, la contribución más destacada de la filósofa francesa será su análisis de la condición de la mujer. Tras la publicación del ensayo El segundo sexo, el feminismo nunca volvió a ser lo mismo. Este tratado trazó el camino a seguir en la lucha por la verdadera igualdad al explicar, paso a paso, las diferentes ciencias, la historia, la cultura y las estructuras de poder político y económico que tratan de convertir a la mujer en un ser pasivo que acepta los roles que le han adjudicado. Es lo que ella misma denomina una alteridad, una construcción social a partir del otro, el hombre.

Desde entonces, de forma interdisciplinar, el feminismo trabajará en la búsqueda de la "mujer nueva". 
"Dejar de creer en Dios es asumirse plenamente responsable de las propias decisiones"
Simone-Ernestine-Lucie-Marie Bertrand de Beauvoir nace en París (Francia), el 9 de enero de 1908. Hija de Georges Bertrand de Beauvoir, que trabajó un tiempo como abogado y era un actor aficionado, y de Françoise Brasseur. Nació en el piso familiar, situado en el bulevar Raspall (París), y fue escolarizada desde sus cinco años en el Cours Désir, donde solían ser mandadas las hijas de familias burguesas. Su hermana menor, Hélène (conocida bajo el apodo de Poupette), la siguió ahí dos años más tarde. Desde su niñez, Simone de Beauvoir se destacó por sus habilidades intelectuales, que hicieron que acabara cada año primera de sus clases. Compartía liderazgo escolar con Elisabeth Lacoin (llamada Zaza en la autobiografía de Beauvoir), que se convirtió rápidamente en su mejor amiga.

Después de la Primera Guerra Mundial, su abuelo materno, Gustave Brasseur, entonces presidente del Banco de la Meuse, dio en quiebra, precipitando a toda la familia en el deshonor y la vergüenza. Como consecuencia de esta ruina familiar, los padres de Simone se ven obligados a abandonar la residencia señorial del bulevar Raspall (hoy en día situada encima del restaurante La Rotonde) hacia un apartamento oscuro, situado en un quinto piso sin ascensor en la calle de Rennes. George de Beauvoir, que había planeado vivir con el dinero de su esposa y de su familia, vio sus planes frustrados. La culpa que sintió entonces Françoise no la abandonará nunca a lo largo de su vida, y la dote desaparecida se convertirá en una vergüenza familiar. La pequeña Simone sufre con la situación, y ve como las relaciones entre sus padres se deterioran poco a poco.

Hecho importante en el nacimiento de las ideas políticas feministas de Simone es que toda su infancia será marcada por el hecho de haber nacido mujer: su padre no le esconderá que deseaba un hijo, con el sueño de que hubiese cursado en la prestigiosa Escuela Politécnica de París. Muchas veces le dirá a Simone: "Tienes un cerebro de hombre". Apasionado por el teatro, que ejerce como aficionado, comparte este gusto con su esposa y sus hijas, así como su amor por la literatura. Georges de Beauvoir le dirá a menudo a Simone que el "oficio más bonito es el de escritor". Con su esposa, comparte la convicción de que, dada la mediocre condición económica en la que la familia se encuentra, la única esperanza de mejora social para sus dos hijas son los estudios.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Cuando las mujeres fuimos ciudadanas: el voto femenino



Hoy, 19 de noviembre de 2014, hace 81 años que las mujeres votamos por primera vez en España. Las mujeres conseguimos con este derecho que se nos reconociera como sujetos de pleno derecho, pudiendo participar y ser parte de la sociedad ejerciendo un derecho básico de la ciudadanía, el derecho al sufragio activo.

Este derecho lo reconoció la Constitución de la Segunda República Española en el año 1931. Texto que fue debatido por las Cortes Constituyentes surgidas tras la dimisión de Primo de Rivera y provocó encendidos debates acerca de las "facultades" de la mujer para ejercer el voto.

Pero la cuestión sufragista en España no estuvo exenta de polémica y temor cuando tomó asiento en las Cortes de la II República (de abrumadora mayoría masculina) que concedieron la plena incorporación de las españolas a la ciudadanía.

Paradójicamente las posiciones hostiles a este derecho surgieron de algunos de los partidos de izquierda de entonces. Cabe recordar a uno de los diputados que más se señaló en intentar impedir que las mujeres pudiésemos votar. Éste fue el gallego Roberto Novoa Santos, elegido por la Federación Republicana Gallega, que integraba entre otros a la organización ORGA fundada por Casares Quiroga con la participación de las Irmandades de Fala. 

La intervención de Novoa Santos en ese debate podría pasar a la historia de las opiniones machistas. Así, tras preguntarse por qué habría que concederle a la mujer los mismos títulos y los mismos derechos que al hombre señalaba: "¿Son organismos igualmente capacitados?". Para a continuación explicar que la mujer era "todo pasión" y "todo sensibilidad" pero que, lamentablemente, carecía de reflexión, espíritu crítico y ponderación. Virtudes éstas que "no domina". A continuación hacía partícipe al resto de los diputados de interesantísimas teorías clínicas tales como que "el histerismo no es una enfermedad, es la propia estructura de la mujer".

Tras estas ocurrencias subyacía también el temor a que las mujeres, a las que se tenía bajo la presión de la iglesia, fuesen un brazo electoral de ésta. El mismo miedo lo tenía una de las únicas tres diputadas en las Cortes, Victoria Kent, quien pidió varias veces, sin éxito, aplazar el sufragio femenino pero, en este caso, no cuestionando su capacidad, sino la oportunidad. Para Victoria Kent, la adhesión mayoritaria de las mujeres a los principios de la iglesia, ponía en riesgo la existencia de la recién nacida república. Previamente, millón y medio de mujeres católicas habían firmado un escrito que pedía el cambio de la Constitución para respetar los "derechos de la Iglesia". Las mismas tesis defendía la diputada del PSOE Margarita Nelken, quien expresaría sus reticencias y convencimiento de que las españolas no estaban preparadas para asumir sus derechos políticos a la altura de 1931.


En cambio, la feminista Clara Campoamor se definió fiel partidaria del inmediato sufragio y defensora del principio de igualdad jurídica entre ambos sexos. Su discurso en las Cortes recuerda las referencias de emancipación y plena igualdad de las mujeres expresadas en su día por Harriet Taylor Mill y Jonh Stuart Mill, que negaban todo fundamento racional para establecer diferencias legales en razón del sexo. 

Esta división de opiniones y posicionamientos contrapuestos en torno al derecho al voto femenino se saldó el 1 de octubre de 1931, con su aprobación por las Cortes republicanas en un apretado triunfo del sí con un margen de 40 votos a favor. En efecto, posiblemente gracias a la defensa de Clara Campoamor, la propuesta salió adelante por 161 votos a favor contra 121. Clara Campoamor manifestó entonces que "la única manera de madurarse para el ejercicio de la libertad... es caminar dentro de ella".


El sufragio femenino no tuvo desgraciadamente mucho camino. Y sería en 1936 la segunda y última vez que podríamos ejercitar el voto libre por la llegada de la dictadura franquista, que no sólo impidió el ejercicio del derecho al voto libre, sino que impuso un rancio patriarcado sexista que hizo retroceder siglos la lucha feminista por la igualdad.


FUENTE: BLASTINGNEW- Ocio y Cultura

jueves, 6 de noviembre de 2014

Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana, 1791


La Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana (en francés Déclaration des Droits de la Femme et de la Citoyenne) es un texto redactado en 1791 por Olympe de Gouges, parafraseando la "Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano del 26 de agosto de 1789, texto fundamental de la Revolución Francesa. Es uno de los primeros documentos históricos que propone la emancipación femenina en el sentido de la igualdad de derechos o la equiparación jurídica y legal de las mujeres en relación a los varones. 

Orígenes

La evolución del concepto de los derechos humanos, originado entre los juristas de la escuela de Salamanca del siglo XVI y extendido por los pensadores sociales del XVII y los ilustrados del XVIII, con las primeras revoluciones liberales fue recogido en textos normativos: la Declaración de Derechos de Virginia, en el contexto de la Independencia de Estados Unidos (1776), y la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, en la Revolución Francesa (1789). En ninguno de estos documentos se consideró a las mujeres. 

Artículos de la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana

PREÁMBULO

Las madres, hijas, hermanas, representantes de la nación, piden que se las constituya en asamblea nacional. Por considerar que la ignorancia, el olvido o el desprecio de los derechos de la mujer son las únicas causas de los males públicos y de la corrupción de 105 gobiernos, han resuelto exponer en una declaración solemne, los derechos naturales, inalienables y sagrados de la mujer a fin de que esta declaración, constantemente presente para todos los miembros del cuerpo social les recuerde sin cesar sus derechos y sus deberes, a fin de que los actos del poder de las mujeres y los del poder de los hombres puedan ser, en todo instante, comparados con el objetivo de toda institución política y sean más respetados por ella, a fin de que las reclamaciones de las ciudadanas, fundadas a partir de ahora en principios simples e indiscutibles, se dirijan siempre al mantenimiento de la constitución, de las buenas costumbres y de la felicidad de todos.

En consecuencia, el sexo superior tanto en belleza como en coraje, en los sufrimientos maternos, reconoce y declara, en presencia y bajo 105 auspicios del Ser supremo, los Derechos siguientes de la Mujer y de la Ciudadana.

I - La mujer nace libre y permanece igual al hombre en derechos. Las distinciones sociales sólo pueden estar fundadas en la utilidad común.

II - El objetivo de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales e imprescriptibles de la Mujer y del Hombre; estos derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y, sobre todo, la resistencia a la opresión.

III - El principio de toda soberanía reside esencialmente en la Nación que no es más que la reunión de la Mujer y el Hombre: ningún cuerpo, ningún individuo, puede ejercer autoridad que no emane de ellos. 

IV - La libertad y la justicia consisten en devolver todo lo que pertenece a los otros; así, el ejercicio de los derechos naturales de la mujer sólo tiene por límites la tiranía perpetua que el hombre le opone; estos límites deben ser corregidos por las leyes de la naturaleza y de la razón. 

V - Las leyes de la naturaleza y de la razón prohíben todas las acciones perjudiciales para la Sociedad: todo lo que no esté prohibido por estas leyes, prudentes y divinas, no puede ser impedido y nadie puede ser obligado a hacer lo que ellas no ordenan. 

VI - La ley debe ser la expresión de la voluntad general; todas las Ciudadanas y Ciudadanos deben participar en su formación personalmente o por medio de sus representantes. Debe ser la misma para todos; todas las ciudadanas y todos los ciudadanos, por ser iguales a sus ojos, deben ser igualmente admisibles a todas las dignidades, puestos y empleos públicos, según sus capacidades y sin más distinción que la de sus virtudes y sus talentos. 

VII - Ninguna mujer se halla eximida de ser acusada, detenida y encarcelada en los casos determinados por la Ley. Las mujeres obedecen como los hombres a esta Ley rigurosa.

VIII - La Ley sólo debe establecer penas estrictas y evidentemente necesarias y nadie puede ser castigado más que en virtud de una Ley establecida y promulgada anteriormente al delito y legalmente aplicada a las mujeres.

IX - Sobre toda mujer que haya sido declarada culpable caerá todo el rigor de la Ley.

X - Nadie debe ser molestado por sus opiniones incluso fundamentales; si la mujer tiene el derecho de subir al cadalso, debe tener también igualmente el de subir a la Tribuna con tal que sus manifestaciones no alteren el orden público establecido por la Ley.

XI - La libre comunicación de los pensamientos y de las opiniones es uno de los derechos más preciosos de la mujer, puesto que esta libertad asegura la legitimidad de los padres con relación a los hijos. Toda ciudadana puede, pues, decir libremente, soy madre de un hijo que os pertenece, sin que un prejuicio bárbaro la fuerce a disimular la verdad; con la salvedad de responder por el abuso de esta libertad en los casos determinados por la Ley. 



XII - La garantía de los derechos de la mujer y de la ciudadana implica una utilidad mayor; esta garantía debe ser instituida para ventaja de todos y no para utilidad particular de aquéllas a quienes es confiada.

XIII - Para el mantenimiento de la fuerza pública y para los gastos de administración, las contribuciones de la mujer y del hombre son las mismas; ella participa en todas las prestaciones personales, en todas las tareas penosas, por lo tanto, debe participar en la distribución de los puestos, empleos, cargos, dignidades y otras actividades. 

XIV - Las Ciudadanas y Ciudadanos tienen el derecho de comprobar, por sí mismos o por medio de sus representantes, la necesidad de la contribución pública. Las Ciudadanas únicamente pueden aprobarla si se admite un reparto igual, no sólo en la fortuna sino también en la administración pública, y si determinan la cuota, la base tributaria, la recaudación y la duración del impuesto. 

XV - La masa de las mujeres, agrupada con la de los hombres para la contribución, tiene el derecho de pedir cuentas de su administración a todo agente público.

XVI - Toda sociedad en la que la garantía de los derechos no esté asegurada, ni la separación de los poderes determinada, no tiene constitución; la constitución es nula si la mayoría de los individuos que componen la Nación no ha cooperado en su redacción.

XVII - Las propiedades pertenecen a todos los sexos reunidos o separados; son, para cada uno, un derecho inviolable y sagrado; nadie puede ser privado de ella como verdadero patrimonio de la naturaleza a no ser que la necesidad pública, legalmente constatada, lo exija de manera evidente y bajo la condición de una justa y previa indemnización.

EPÍLOGO

Mujer, despierta; el rebato de la razón se hace oír en todo el universo; reconoce tus derechos. El potente imperio de la naturaleza ha dejado de estar rodeado de prejuicios, fanatismo, superstición y mentiras. La antorcha de la verdad ha disipado todas las nubes de la necedad y la usurpación. El hombre esclavo ha redoblado sus fuerzas y ha necesitado apelar a las tuyas para romper sus cadenas. Pero una vez en libertad, ha sido injusto con su compañera. ¡Oh, mujeres! ¡Mujeres! ¿Cuándo dejaréis de estar ciegas? ¿Qué ventajas habéis obtenido de la revolución? Un desprecio más marcado, un desdén más visible. [...] Cualesquiera sean los obstáculos que os opongan, podéis superarlos; os basta con desearlo.

Valor de la Declaración

La Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana constituye por sí misma un alegato brillante y radical en favor de las reivindicaciones femeninas y una proclama auténtica de la universalización de los derechos humanos.

Su autora denunciaba que la revolución olvidaba a las mujeres en su proyecto de igualdad y libertad. Defendía que la mujer nace libre y debe permanecer igual al hombre en derechos y que la Ley debe ser la expresión de la voluntad general; todas las Ciudadanas y los Ciudadanos deben contribuir, personalmente o por medio de sus representantes, a su formación.

Reclamaba un trato igualitario hacia las mujeres en todos los ámbitos de la vida tanto públicos como privados: derecho al voto y a la propiedad privada, poder participar en la educación y en el ejército, y ejercer cargos públicos llegando incluso a pedir la igualdad de poder en la familia y en la Iglesia.

Sin embargo, parece que Olympe de Gouges no creía que mujeres y hombres fueran iguales. Al contrario que la mayoría de las teóricas de la igualdad, pensaba que había dos naturalezas distintas para hombres y para mujeres, y que la de las mujeres era superior. Esa convicción de las dos naturalezas es palpable en el texto que precede a la declaración. 

El planteamiento feminista no era compartido por los varones que dirigían la revolución, ni siquiera por los más radicales. Olympe de Gouges fue acusada de traición a la revolución por oponerse a la pena de muerte contra el rey Luis XVI y fue ejecutada en la guillotina el 3 de noviembre de 1793.




FUENTES: Wikipedia, Edukanda, Clio.rediris

jueves, 2 de octubre de 2014

Doce escritoras olvidadas por ser mujeres

Gertrudis Gómez de Avellaneda
No es extraño nombrar a Rumaikyya e imaginar sus pies desnudos escondidos tras los juncos en la orilla del Guadalquivir. Dicta la tradición que se ganó al rey Al Mutamid cuando éste paseaba junto a sus cortesanos por la ribera del río jugando a improvisar poemas y ella contestó -caprichos de la historia- a los versos iniciados por el rey andalusí. La brisa convierte al río en una cota de malla, entonó él, mejor cota no se halla como la congele el río, contestó ella.

Era el siglo XI, y comenzaba así la leyenda que rodearía el romance del rey poeta y la joven esclava que pasó a ser reina. Esclava, matiza la historia. Casi ocho siglos más tarde, una jovencísima Gertrudis Gómez de Avellaneda fija su residencia en Sevilla después de un arduo recorrido por España. La escritora cubana comienza a publicar sus primeros poemas en revistas de la ciudad bajo el pseudónimo de la Peregrina. Luego llegaría Leoncia, sus famosas Autobiografías y Cartas, y Madrid, donde resaltaría por la nítida lucidez de su obra y su agitada vida cultural.

Ambas, a pesar del polvo de los siglos, tienen algo en común. Gertrudis quedó relegada por el rechazo de los académicos a que ocupara un sillón en la Real Academia Española y el letargo posterior que ha impedido, aún hoy, su justo reconocimiento. La voz de Rumaikyya pasaría a ser el rumor que acompaña siempre a las leyendas que rodean la vida del rey Almutamid, pero apenas se recuerdan sus cualidades literarias, pasando a la historia como la esclava que se convirtió en reina. Historias cruzadas por el capricho del olvido. Cuando ese clamor se expande y relega a las poetisas al rincón de los retratos, cualquier palabra es lucha; y a veces, incluso, generan victorias.

La librería Relatoras de Sevilla ha puesto en marcha una ruta literaria por el casco histórico de la ciudad hispalense que recorrerá las vidas y las obras de escritoras sevillanas o ligadas a la historia de la ciudad, que como Gómez de Avenllaneda, fueron olvidadas o maltratadas por la historia. La filóloga Irene Flichy es la guía, y también la artífice del proyecto: "Se trata de una ruta literaria por Sevilla con mujeres escritoras como protagonistas, por la historia de la literatura femenina de nuestra ciudad. Todas tienen como vínculo común la ciudad de Sevilla porque han nacido aquí o porque han vivido y han escrito aquí. No se trata de un taller literario o filológico de cada una de las autoras, sino de dar a conocer sus nombres y sus historias, y que todo el que quiera pueda acercarse a ellas".

¿QUÉ FUE DE LA AVELLANEDA?

La idea, explica Flichy, surgió cuando comprobó que, entre todas las actividades culturales que se desarrollan en Sevilla, "apenas las protagonistas son mujeres; siempre hay un claro sesgo masculino". El objetivo principal de esta actividad, explica, es "reclamar que Sevilla también tiene una historia femenina, y muchas veces es olvidada y otras veces tapada a conciencia".

"En el campo de la literatura, tenemos autoras tan relevantes como Gertrudis Gómez de Avellaneda, que en cualquier otro país del mundo será referente y un reclamo para la ciudad, y aquí hasta hace muy poco apenas se había reivindicado su figura. Sevilla siempre ha estado llena de placas que explican que aquí o allá estuvo Cervantes, sin embargo para que el Ayuntamiento pusiera una placa en la calle donde vivió Gertrudis, la calle Gravina, la asociación La Avellaneda tuvo que luchar mucho porque nadie los escuchaba", relata Flichy.

La ruta, que se ofrecerá todos los fines de semana en pases de mañana y tarde, echará a andar el próximo viernes, dentro de las actividades programadas en La Noche en Blanco. El recorrido, a través del casco histórico de Sevilla, visitará espacios que tienen una especial vinculación con las autoras: visitarán sus viviendas, los lugares que solían frecuentar, los espacios comunes de las doce autoras protagonistas, que van desde el siglo XI al XX, con nombres, además de Gertrudis Gómez de Avellaneda, tan conocidos como Fernán Caballero, Mercedes de Velilla o Blanca de los Ríos, y otros más desconocidos que han sido rescatados después de meses de investigación de la organizadora y que prefiere no mencionar hasta que se inaugure la ruta.

"He seleccionado doce nombres por marcar un límite, porque escritoras ligadas a la ciudad de Sevilla hay muchísimas", explica Flichy. "Sevilla siempre ha sido una ciudad muy ligada a la cultura y el siglo XIX fue el siglo del despertar de las autoras. Siempre hubo mujeres que escribían, pero con muchas dificultades y limitaciones. El siglo XIX es una explosión de nombres, quizás los sentimientos del romanticismo permiten intuir que la figura femenina tiene algo que decir, y eso permite que aparezcan numerosos nombres femeninos en el panorama literario".

ADIÓS, MARIDOS; HOLA, LIBERTAD

Las protagonistas de la ruta, además de su actividad literaria y su vinculación con Sevilla, comparten algo, tan sorprendente en la época como criticado: eran mujeres libres y lucharon por lo que creían.  “La mayoría de autoras coinciden en que su esplendor o su momento de libertad viene a través de la viudez. Ese mito clásico de que la mujer es libre si es una mujer viuda y tiene posibles, está demostrado con la biografía de estas escritoras”, explica Flichy.

“Hay quien se compra un palacete cuando muere su marido y decide reformarlo para luego trabajar por el patrimonio de Sevilla; y hay poetas que deciden hacerse cargo de su hacienda, cosa que no estaba bien visto en la época. Y hay otras cuya vida discurre entre fracasos amorosos, la soledad, pero siempre buscando ser autónomas, libres. La misma Gertrudis de Avellaneda fue un escándalo en su época porque llegó a ser una madre soltera, se sentía tan libre que decidió ser madre soltera, aunque luego su bebé muriera a los pocos meses”.

Todas fueron muy reconocidas en su época, a pesar de que ahora apenas suenen sus nombres, y entre ellas hay una candidata al Premio Nobel de Literatura. Incluso llegaron a ser personajes influyentes en la Sevilla de la época. “Hay una autora del siglo de Oro que estuvo contratada por el conde-duque de Olivares. En el siglo XVII se compraba a los poetas para que hablaran bien de los políticos, y ella estaba pagada por él para esa función. Más tarde también el Cabidlo catedralicio de Sevilla le encargó hacer autos sacramentales para el Corpus de Sevilla. Es un dato importantísimo que con lo relevante que era el Corpus en pleno siglo de Oro en Sevilla, fuera una mujer la que escribiera los autos“, narra.

“También hablaremos de una cantaora flamenca que fue la pionera en reunir poemas y flamenco. Enrique Morente hizo de eso un arte, pero ella fue la pionera,  y también muy reconocida. Vivió en Madrid, donde estuvo en contacto con la generación del 27, que mezcló sus poemas con flamenco. Se hizo tan conocida que grabó varios discos y su música sirvió para que alumnos universitarios extranjeros aprendieran español”.

DONDE HABITE EL OLVIDO

Y a pesar de sus éxitos, y en ocasiones, su acercamiento al poder, pocos nombres han pasado a la historia, y los que lo hicieron, siempre eclipsados por otros autores. “Supongo que en ocasiones sus propias biografías tenían la culpa de que se intentara borrar sus huellas. Hasta hace poco no interesaba a una parte de la sociedad española que las mujeres tuviéramos esos referentes”.

“La mujer está invisibilizada en el poder y el arte muchas veces es consecuencia de ese poder. Durante muchos siglos parece que eran sólo las religiosas las que escribían, como Santa Teresa o Sor Juana Inés, pero porque tenían tiempo, acceso a la cultura y la supervivencia asegurada. Muchas mujeres de la ruta tuvieron la suerte de tener una cultura y una educación igual a la de los hombres, otras tuvieron que ser autodidactas, pero fue la educación lo que les permitió dar los primeros pasos para emanciparse”, afirma.“Las mujeres, en la literatura, tienen la dificultad de llegar y la facilidad de desaparecer. La prueba es que Fernán Caballero tuvo que esconder su feminidad con un pseudónimo para poder publicar y las que eran libres como Gertrudis fueron muy castigadas”.

Fernán Caballero (Cecilia Bohl de Faber)

Ahora sus vidas interrogarán las calles y plazas del casco histórico de Sevilla, recuperando nombres y obras, para que la voz de sus versos se escuche más alto que la de aquellos que un día sellaron sus reglas con la Historia:  una pequeña lucha de las palabras que un día ellas escribieron, y que, efectivamente, en ocasiones generan victorias.


FUENTE: ANDALUCES.ES | ENRIQUE GARCÍA | 01/10/2014

Discurso de Clara Campoamor en las Cortes, el 1 de Octubre de 1931


"Tenéis el derecho que os ha dado la ley, la ley que hicisteis vosotros, pero no tenéis el Derecho Natural, el Derecho fundamental que se basa en el respeto de todo ser humano, y lo que hacéis es detentar un poder; dejad que la mujer se manifieste y veréis cómo ese poder no podéis seguir detentándolo..." (Clara Campoamor, en el Congreso de Diputados el 1 de octubre de 1931).

Señores diputados: lejos yo de censurar ni de atacar las manifestaciones de mi colega, señorita Kent, comprendo, por el contrario, la tortura de su espíritu al haberse visto hoy en trance de negar la capacidad inicial de la mujer. Creo que por su pensamiento ha debido de pasar, en alguna forma, la amarga frase de Anatole France cuando nos habla de aquellos socialistas que, forzados por la necesidad, iban al Parlamento a legislar contra los suyos.

Respecto a la serie de afirmaciones que se han hecho esta tarde contra el voto de la mujer, he de decir, con toda la consideración necesaria, que no están apoyadas en la realidad. Tomemos al azar algunas de ellas. ¿Que cuándo las mujeres se han levantado para protestar de la guerra de Marruecos? Primero: ¿y por qué no los hombres? Segundo: ¿quién protestó y se levantó en Zaragoza cuando la guerra de Cuba más que las mujeres? ¿Quién nutrió la manifestación pro responsabilidades del Ateneo, con motivo del desastre de Annual, más que las mujeres, que iban en mayor número que los hombres?

¡Las mujeres! ¿Cómo puede decirse que cuando las mujeres den señales de vida por la República se les concederá como premio el derecho a votar? ¿Es que no han luchado las mujeres por la República? ¿Es que al hablar con elogio de las mujeres obreras y de las mujeres universitarias no están cantando su capacidad? Además, al hablar de las mujeres obreras y universitarias, ¿se va a ignorar a todas las que no pertenecen a una clase ni a la otra? ¿No sufren éstas las consecuencias de la legislación? ¿No pagan los impuestos para sostener al Estado en la misma forma que las otras y que los varones? ¿No refluye sobre ellas toda la consecuencia de la legislación que se elabora aquí para los dos sexos, pero solamente dirigida y matizada por uno? ¿Cómo puede decirse que la mujer no ha luchado y que necesita una época, largos años de República, para demostrar su capacidad? Y ¿por qué no los hombres? ¿Por qué el hombre, al advenimiento de la República, ha de tener sus derechos y han de ponerse en un lazareto los de la mujer?

Pero, además, señores diputados, los que votasteis por la República, y a quienes os votaron los republicanos, meditad un momento y decid si habéis votado solos, si os votaron sólo los hombres. ¿Ha estado ausente del voto la mujer? Pues entonces, si afirmáis que la mujer no influye para nada en la vida política del hombre, estáis -fijaos bien- afirmando su personalidad, afirmando la resistencia a acatarlos. ¿Y es en nombre de esa personalidad, que con vuestra repulsa reconocéis y declaráis, por lo que cerráis las puertas a la mujer en materia electoral? ¿Es que tenéis derecho a hacer eso? No; tenéis el derecho que os ha dado la ley, la ley que hicisteis vosotros, pero no tenéis el derecho natural fundamental, que se basa en el respeto a todo ser humano, y lo que hacéis es detentar un poder; dejad que la mujer se manifieste y veréis como ese poder no podéis seguir detentándolo.

No se trata aquí esta cuestión desde el punto de vista del principio, que harto claro está, y en vuestras conciencias repercute, que es un problema de ética, de pura ética reconocer a la mujer, ser humano, todos sus derechos, porque ya desde Fitche, en 1796, se ha aceptado, en principio también, el postulado de que sólo aquel que no considere a la mujer un ser humano es capaz de afirmar que todos los derechos del hombre y del ciudadano no deben ser los mismos para la mujer que para el hombre. Y en el Parlamento francés, en 1848, Víctor Considerant se levantó para decir que una Constitución que concede el voto al mendigo, al doméstico y al analfabeto -que en España existe- no puede negárselo a la mujer. No es desde el punto de vista del principio, es desde el temor que aquí se ha expuesto, fuera del ámbito del principio -cosa dolorosa para un abogado-, como se puede venir a discutir el derecho a la mujer a que sea reconocido en la Constitución el de sufragio. Y desde el punto de vista práctico, utilitario, ¿de qué acusáis a la mujer? ¿Es de ignorancia? Pues yo no puedo, por enojosas que sean las estadísticas, dejar de referirme a un estudio del señor Luzuriaga acerca del analfabetismo en España.

Hace él un estudio cíclico desde 1868 hasta el año 1910, nada más, porque las estadísticas van muy lentamente y no hay en España otras. ¿Y sabéis lo que dice esa estadística? Pues dice que, tomando los números globales en el ciclo de 1860 a 1910, se observa que mientras el número total de analfabetos varones, lejos de disminuir, ha aumentado en 73.082, el de la mujer analfabeta ha disminuido en 48.098; y refiriéndose a la proporcionalidad del analfabetismo en la población global, la disminución en los varones es sólo de 12,7 por cien, en tanto que en las hembras es del 20,2 por cien. Esto quiere decir simplemente que la disminución del anaflabetismo es más rápida en las mujeres que en los hombres y que de continuar ese proceso de disminución en los dos sexos, no sólo llegarán a alcanzar las mujeres el grado de cultura elemental de los hombres, sino que lo sobrepasarán. Eso en 1910. Y desde 1910 ha seguido la curva ascendente, y la mujer, hoy día, es menos analfabeta que el varón. No es, pues, desde el punto de vista de la ignorancia desde el que se puede negar a la mujer la entrada en la obtención de este derecho.

Otra cosa, además, al varón que ha de votar. No olvidéis que no sois hijos de varón tan sólo, sino que se reúne en vosotros el producto de los dos sexos. En ausencia mía y leyendo el diario de sesiones, pude ver en él que un doctor hablaba aquí de que no había ecuación posible y, con espíritu heredado de Moebius y Aristóteles, declaraba la incapacidad de la mujer. 

A eso, un solo argumento: aunque no queráis y si por acaso admitía la incapacidad femenina, votáis con la mitad de vuestro ser incapaz. Yo y todas las mujeres a quienes represento queremos votar con nuestra mitad masculina, porque no hay degeneración de sexos, porque todos somos hijos de hombre y mujer y recibimos por igual las dos partes de nuestro ser, argumento que han desarrollado los biólogos. Somos producto de dos seres; no hay incapacidad posible de vosotros a mí, ni de mí a vosotros.

Desconocer esto es negar la realidad evidente. Negadlo si queréis; sois libres de ello, pero sólo en virtud de un derecho que habéis (perdonadme la palabra, que digo sólo por su claridad y no con espíritu agresivo) detentado, porque os distéis a vosotros mismos las leyes; pero no porque tengáis un derecho natural para poner al margen a la mujer.

Yo, señores diputados, me siento ciudadano antes que mujer, y considero que sería un profundo error político dejar a la mujer al margen de ese derecho, a la mujer que espera y confía en vosotros; a la mujer que, como ocurrió con otras fuerzas nuevas en la revolución francesa, será indiscutiblemente una nueva fuerza que se incorpora al derecho y no hay sino que empujarla a que siga su camino.

No dejéis a la mujer que, si es regresiva, piense que su esperanza estuvo en la dictadura; no dejéis a la mujer que piense, si es avanzada, que su esperanza de igualdad está en el comunismo. No cometáis, señores diputados, ese error político de gravísimas consecuencias. Salváis a la República, ayudáis a la República atrayéndoos y sumándoos esa fuerza que espera ansiosa el momento de su redención.

Cada uno habla en virtud de una experiencia y yo os hablo en nombre de la mía propia. Yo soy diputado por la provincia de Madrid; la he recorrido, no sólo en cumplimiento de mi deber, sino por cariño, y muchas veces, siempre, he visto que a los actos públicos acudía una concurrencia femenina muy superior a la masculina, y he visto en los ojos de esas mujeres la esperanza de redención, he visto el deseo de ayudar a la República, he visto la pasión y la emoción que ponen en sus ideales. La mujer española espera hoy de la República la redención suya y la redención del hijo. No cometáis un error histórico que no tendréis nunca bastante tiempo para llorar; que no tendréis nunca bastante tiempo para llorar al dejar al margen de la República a la mujer, que representa una fuerza nueva, una fuerza joven; que ha sido simpatía y apoyo para los hombres que estaban en las cárceles; que ha sufrido en muchos casos como vosotros mismos, y que está anhelante, aplicándose a sí misma la frase de Humboldt de que la única manera de madurarse para el ejercicio de la libertad y de hacerla accesible a todos es caminar dentro de ella.

Señores diputados, he pronunciado mis últimas palabras en este debate. Perdonadme si os molesté, considero que es mi convicción la que habla; que ante un ideal lo defendería hasta la muerte; que pondría, como dije ayer, la cabeza y el corazón en el platillo de la balanza, de igual modo Breno colocó su espada, para que se inclinara en favor del voto de la mujer, y que además sigo pensando, y no por vanidad, sino por íntima convicción, que nadie como yo sirve en estos momentos a la República española.

CLARA CAMPOAMOR