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jueves, 2 de octubre de 2014

Doce escritoras olvidadas por ser mujeres

Gertrudis Gómez de Avellaneda
No es extraño nombrar a Rumaikyya e imaginar sus pies desnudos escondidos tras los juncos en la orilla del Guadalquivir. Dicta la tradición que se ganó al rey Al Mutamid cuando éste paseaba junto a sus cortesanos por la ribera del río jugando a improvisar poemas y ella contestó -caprichos de la historia- a los versos iniciados por el rey andalusí. La brisa convierte al río en una cota de malla, entonó él, mejor cota no se halla como la congele el río, contestó ella.

Era el siglo XI, y comenzaba así la leyenda que rodearía el romance del rey poeta y la joven esclava que pasó a ser reina. Esclava, matiza la historia. Casi ocho siglos más tarde, una jovencísima Gertrudis Gómez de Avellaneda fija su residencia en Sevilla después de un arduo recorrido por España. La escritora cubana comienza a publicar sus primeros poemas en revistas de la ciudad bajo el pseudónimo de la Peregrina. Luego llegaría Leoncia, sus famosas Autobiografías y Cartas, y Madrid, donde resaltaría por la nítida lucidez de su obra y su agitada vida cultural.

Ambas, a pesar del polvo de los siglos, tienen algo en común. Gertrudis quedó relegada por el rechazo de los académicos a que ocupara un sillón en la Real Academia Española y el letargo posterior que ha impedido, aún hoy, su justo reconocimiento. La voz de Rumaikyya pasaría a ser el rumor que acompaña siempre a las leyendas que rodean la vida del rey Almutamid, pero apenas se recuerdan sus cualidades literarias, pasando a la historia como la esclava que se convirtió en reina. Historias cruzadas por el capricho del olvido. Cuando ese clamor se expande y relega a las poetisas al rincón de los retratos, cualquier palabra es lucha; y a veces, incluso, generan victorias.

La librería Relatoras de Sevilla ha puesto en marcha una ruta literaria por el casco histórico de la ciudad hispalense que recorrerá las vidas y las obras de escritoras sevillanas o ligadas a la historia de la ciudad, que como Gómez de Avenllaneda, fueron olvidadas o maltratadas por la historia. La filóloga Irene Flichy es la guía, y también la artífice del proyecto: "Se trata de una ruta literaria por Sevilla con mujeres escritoras como protagonistas, por la historia de la literatura femenina de nuestra ciudad. Todas tienen como vínculo común la ciudad de Sevilla porque han nacido aquí o porque han vivido y han escrito aquí. No se trata de un taller literario o filológico de cada una de las autoras, sino de dar a conocer sus nombres y sus historias, y que todo el que quiera pueda acercarse a ellas".

¿QUÉ FUE DE LA AVELLANEDA?

La idea, explica Flichy, surgió cuando comprobó que, entre todas las actividades culturales que se desarrollan en Sevilla, "apenas las protagonistas son mujeres; siempre hay un claro sesgo masculino". El objetivo principal de esta actividad, explica, es "reclamar que Sevilla también tiene una historia femenina, y muchas veces es olvidada y otras veces tapada a conciencia".

"En el campo de la literatura, tenemos autoras tan relevantes como Gertrudis Gómez de Avellaneda, que en cualquier otro país del mundo será referente y un reclamo para la ciudad, y aquí hasta hace muy poco apenas se había reivindicado su figura. Sevilla siempre ha estado llena de placas que explican que aquí o allá estuvo Cervantes, sin embargo para que el Ayuntamiento pusiera una placa en la calle donde vivió Gertrudis, la calle Gravina, la asociación La Avellaneda tuvo que luchar mucho porque nadie los escuchaba", relata Flichy.

La ruta, que se ofrecerá todos los fines de semana en pases de mañana y tarde, echará a andar el próximo viernes, dentro de las actividades programadas en La Noche en Blanco. El recorrido, a través del casco histórico de Sevilla, visitará espacios que tienen una especial vinculación con las autoras: visitarán sus viviendas, los lugares que solían frecuentar, los espacios comunes de las doce autoras protagonistas, que van desde el siglo XI al XX, con nombres, además de Gertrudis Gómez de Avellaneda, tan conocidos como Fernán Caballero, Mercedes de Velilla o Blanca de los Ríos, y otros más desconocidos que han sido rescatados después de meses de investigación de la organizadora y que prefiere no mencionar hasta que se inaugure la ruta.

"He seleccionado doce nombres por marcar un límite, porque escritoras ligadas a la ciudad de Sevilla hay muchísimas", explica Flichy. "Sevilla siempre ha sido una ciudad muy ligada a la cultura y el siglo XIX fue el siglo del despertar de las autoras. Siempre hubo mujeres que escribían, pero con muchas dificultades y limitaciones. El siglo XIX es una explosión de nombres, quizás los sentimientos del romanticismo permiten intuir que la figura femenina tiene algo que decir, y eso permite que aparezcan numerosos nombres femeninos en el panorama literario".

ADIÓS, MARIDOS; HOLA, LIBERTAD

Las protagonistas de la ruta, además de su actividad literaria y su vinculación con Sevilla, comparten algo, tan sorprendente en la época como criticado: eran mujeres libres y lucharon por lo que creían.  “La mayoría de autoras coinciden en que su esplendor o su momento de libertad viene a través de la viudez. Ese mito clásico de que la mujer es libre si es una mujer viuda y tiene posibles, está demostrado con la biografía de estas escritoras”, explica Flichy.

“Hay quien se compra un palacete cuando muere su marido y decide reformarlo para luego trabajar por el patrimonio de Sevilla; y hay poetas que deciden hacerse cargo de su hacienda, cosa que no estaba bien visto en la época. Y hay otras cuya vida discurre entre fracasos amorosos, la soledad, pero siempre buscando ser autónomas, libres. La misma Gertrudis de Avellaneda fue un escándalo en su época porque llegó a ser una madre soltera, se sentía tan libre que decidió ser madre soltera, aunque luego su bebé muriera a los pocos meses”.

Todas fueron muy reconocidas en su época, a pesar de que ahora apenas suenen sus nombres, y entre ellas hay una candidata al Premio Nobel de Literatura. Incluso llegaron a ser personajes influyentes en la Sevilla de la época. “Hay una autora del siglo de Oro que estuvo contratada por el conde-duque de Olivares. En el siglo XVII se compraba a los poetas para que hablaran bien de los políticos, y ella estaba pagada por él para esa función. Más tarde también el Cabidlo catedralicio de Sevilla le encargó hacer autos sacramentales para el Corpus de Sevilla. Es un dato importantísimo que con lo relevante que era el Corpus en pleno siglo de Oro en Sevilla, fuera una mujer la que escribiera los autos“, narra.

“También hablaremos de una cantaora flamenca que fue la pionera en reunir poemas y flamenco. Enrique Morente hizo de eso un arte, pero ella fue la pionera,  y también muy reconocida. Vivió en Madrid, donde estuvo en contacto con la generación del 27, que mezcló sus poemas con flamenco. Se hizo tan conocida que grabó varios discos y su música sirvió para que alumnos universitarios extranjeros aprendieran español”.

DONDE HABITE EL OLVIDO

Y a pesar de sus éxitos, y en ocasiones, su acercamiento al poder, pocos nombres han pasado a la historia, y los que lo hicieron, siempre eclipsados por otros autores. “Supongo que en ocasiones sus propias biografías tenían la culpa de que se intentara borrar sus huellas. Hasta hace poco no interesaba a una parte de la sociedad española que las mujeres tuviéramos esos referentes”.

“La mujer está invisibilizada en el poder y el arte muchas veces es consecuencia de ese poder. Durante muchos siglos parece que eran sólo las religiosas las que escribían, como Santa Teresa o Sor Juana Inés, pero porque tenían tiempo, acceso a la cultura y la supervivencia asegurada. Muchas mujeres de la ruta tuvieron la suerte de tener una cultura y una educación igual a la de los hombres, otras tuvieron que ser autodidactas, pero fue la educación lo que les permitió dar los primeros pasos para emanciparse”, afirma.“Las mujeres, en la literatura, tienen la dificultad de llegar y la facilidad de desaparecer. La prueba es que Fernán Caballero tuvo que esconder su feminidad con un pseudónimo para poder publicar y las que eran libres como Gertrudis fueron muy castigadas”.

Fernán Caballero (Cecilia Bohl de Faber)

Ahora sus vidas interrogarán las calles y plazas del casco histórico de Sevilla, recuperando nombres y obras, para que la voz de sus versos se escuche más alto que la de aquellos que un día sellaron sus reglas con la Historia:  una pequeña lucha de las palabras que un día ellas escribieron, y que, efectivamente, en ocasiones generan victorias.


FUENTE: ANDALUCES.ES | ENRIQUE GARCÍA | 01/10/2014