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domingo, 11 de enero de 2015

Homenaje a Gabriela Mistral en el 58º aniversario de su muerte



Un 10 de enero de 1957 decía adiós la escritora chilena Gabriela Mistral, Premio Nobel de Literatura de 1945, "por su poesía lírica que, inspirada por poderosas emociones, ha hecho de su nombre un símbolo de las aspiraciones idealistas de todo el mundo latinoamericano". Al enterarse de que le habían concedido el Nobel, declaró:

"Quizá haya sido porque yo era la candidata de las mujeres y de los niños".
Entre sus obras destacan: Sonetos de la muerte, Desolación, Lectura para Mujeres, Tala y Ternura.

Desde aquí le quiero rendir un pequeño homenaje a una de las más grandes poetisas en lengua española.

NOCTURNO
Padre nuestro, que estás en los cielos, 
¿por qué te has olvidado de mí?
Te acordaste del fruto en febrero,
al llagarse su pulpa rubí.
¡Llevo abierto también mi costado
y no quieres mirar hacia mí!
Te acordaste del negro racimo
y lo diste al lagar carmesí,
y aventaste las hojas del álamo
con tu aliento, en el aire sutil.
¡Y en el ancho lagar de la muerte
aún no quieres mi pecho oprimir!
Caminando vi abrir las violetas;
el falerno del viento bebí, 
y he bajado, amarillos, mis párpados
para no ver enero ni abril.
Y he apretado la boca, anegada
de la estrofa que no he de exprimir.
¡Has herido la nube de otoño
y no quieres volverte hacia mí!
Me vendió el que besó mi mejilla;
me negó por la túnica ruin.
Yo en mis versos el rostro con sangre,
como Tú sobre paño, le di;
y en mi noche del Huerto me han sido,
Juan cobarde, y el Ángel hostil.
Ha venido el cansancio infinito
a clavarse en mis ojos, al fin;
el cansancio, del día que muere,
y el del alba, que debe venir;
¡el cansancio del cielo de estaño
y el cansancio del cielo de añil!
Ahora suelto la mártir sandalia
y las trenzas, pidiendo dormir.
Y perdida en la noche levanto
el clamor aprendido de ti:
Padre nuestro que estás en los cielos,
¿por qué te has olvidado de mí?"



viernes, 21 de noviembre de 2014

Sor Juana Inés de la Cruz (II). Sus Obras


DRAMÁTICA

Además de las comedias Los empeños de una casa y Amor es más laberinto, escrita junto con Juan de Guevara, se ha atribuido a Sor Juana la autoría de un posible final de la comedia de Agustín de Salazar: La segunda Celestina. En la década de 1990, Guillermo Schmidhuber encontró una suelta que contenía un final diferente al que se conocía y propuso que esas mil líneas eran de Sor Juana. Algunos sorjuanistas han aceptado la coautoría de Sor Juana, entre ellos Octavio Paz, Georgina Sabat-Rivers y Luis Leal. Otros como Antonio Alatorre y José Pascual Buxó, la han refutado.

Los empeños de una casa

Se representó por primera vez el 4 de octubre de 1683, durante los festejos por el nacimiento del primogénito del virrey conde de Paredes. Sin embargo, algunos sectores de la crítica sostienen que pudo haberse montado para la entrada a la capital del arzobispo Francisco de Aguiar y Seijas, aunque esta teoría no se considera del todo viable. 

La historia gira en torno a dos parejas que se aman pero, por azares del destino, no pueden estar juntos aún. Esta comedia de enredos es una de las obras más destacadas de la literatura hispanoamericana tardobarroca y una de sus características más peculiares es la mujer como eje conductor de la historia: un personaje fuerte y decidido que expresa los anhelos -muchas veces frustrados- de la monja. Doña Leonor, la protagonista, encaja perfectamente en este arquetipo.

Es considerada, a menudo, como la cumbre de la obra en prosa de Sor Juana e incluso de toda la literatura novohispana. El manejo de la intriga, la representación del complicado sistema de relaciones conyugales y las vicisitudes de la vida urbana constituyen a Los empeños de una casa como una obra poco común dentro del teatro en la Hispanoamérica colonial.

Amor es más laberinto

Fue estrenada el 11 de febrero de 1689, durante las celebraciones por la asunción al virreinato de Gaspar de la Cerda y Mendoza. Fue escrita en colaboración con fray Juan de Guevara, amigo de la poetisa, quien solamente escribió la segunda jornada del festejo teatral. Ezequiel A. Chávez en su Ensayo de psicología, menciona, sin embargo, a Francisco Fernández del Castillo como coautor de esta comedia.

El argumento retoma un tema muy conocido de la mitología griega: Teseo, héroe de la isla de Creta, lucha contra el Minotauro y despierta el amor de Ariadna y Fedra. Teseo es concebido por Sor Juana como el arquetipo del héroe barroco, modelo empleado también por su compatriota Juan Ruiz de Alarcón. Al triunfar sobre el Minotauro, no se ensoberbece, sino que reconoce su humildad.

AUTOS SACRAMENTALES

Desde finales del siglo XVIII hasta mediados del siglo XIX el género del auto sacramental permaneció casi en el olvido. La prohibición de representarlos en 1765 condujo a que la crítica lo señalara como una deformación del gusto y a un atentado contra los principios del catolicismo. Al romanticismo alemán se debe la revaloración del auto sacramental y el interés por estudiar el tema, lo que llevó a señalar su importancia en la historia de la literatura española.

En la Nueva España el auto sacramental comenzó a representarse inmediatamente después de la Conquista, pues era un medio útil para lograr la evangelización de los indígenas. Sor Juana escribió por encargo de la corte de Madrid tres autos -El divino Narciso, El cetro de José y El mártir del sacramento- cuyos temas abordan la colonizacion europea de América. Aquí Sor Juana retoma recursos del teatro de Pedro Calderón de la Barca y las usa para crear pasajes líricos de gran belleza.

El divino Narciso

Es el más conocido, original y perfecto de los autos sacramentales de Sor Juana. Fue publicado en 1689. El divino Narciso representa la culminación de la tradición del auto sacramental, llevada a su punto más alto por Pedro Calderón de la Barca, de quien Sor Juana toma la mayoría de los elementos del auto, y los lleva aún más lejos creando gran auto sacramental. En El divino Narciso Sor Juana usa un conjunto lírico-dramático para dar vida a los personajes creados. El divino Narciso, personificación de Jesucristo, vive enamorado de Su imagen, y a partir de ese planteamiento se narra toda la historia. Marcelino Menéndez y Pelayo, Julio Jiménez Rueda y Amado Nervo han coincidido en que El divino Narciso es el más logrado de los autos sorjuanescos.

Alude al tema de la conquista de América y a las tradiciones de los pueblos nativos del continente, aunque este tema no era popular en la literatura de su tiempo. Sor Juana se aprovecha de un rito azteca, representado por un tocotín, en honor a Huitzilopochtli para introducir la veneración a la Eucaristía y ligar las creencias precolombinas con el catolicismo hispánico. Es una de las obras pioneras en representar la conversión colectiva al cristianismo, pues el teatro europeo estaba acostumbrado a representar sólo la conversión individual.

La obra cuenta con la participación de personajes alegóricos basados principalmente en la mitología grecolatina, y en menor medida en la Biblia. Naturaleza Humana, la protagonista, dialoga con Sinagoga y Gentilidad, y se enfrenta a Eco y Soberbia. Al mismo tiempo Narciso, el divino pastor hijo de la ninfa Liríope y del río Cefiso, personifica a Cristo.

El divino Narciso es en muchos sentidos más que teatro calderoniano, pues su reflexión abarca la relación entre dos mundos. De las diversas fuentes posibles de la concepción de Narciso como Cristo pueden mencionarse desde Plotino hasta Marsilio Ficino. La dimensión teológica y metafísica de la obra también remite a los textos de Nicolás de Cusa, cuya filosofía inspira muchas de las mejores páginas de Sor Juana. En El divino Narciso, el sentido de la exposición teatral de la autora novohispana sobre el sacramento de la Eucaristía puede rastrearse desde la literatura apologética. Considerando que la loa rige una sutil línea argumental sobre cómo los dioses paganos son reverberaciones de la verdad cristiana, sea en el Viejo o en el Nuevo Mundo, podemos encontrar en el auto diversos paralelos míticos que expresan distintas facetas de la religión cristiana bajo los principios ofrecidos por los apologetas que catequizaron el mundo antiguo. El eco de la literatura apologética de principios de la era cristiana repercute, pues, en esta obra de Sor Juana en la medida en que en ella son múltiples los vislumbres de los antiguos dioses paganos como versiones inacabadas o imperfectas de la historia de Cristo. La delicadeza de los versos, la variedad estrófica y la resolución dramática y argumental hacen además de El divino Narciso una de las obras más perfectas de la literatura novohispana. Su propuesta -a más de pacifista mediante un cúmulo de referencias órfico-pitagóricas-, cumple también la misión del auto de sincretizar en favor del cristianismo la antigua religión de los mexicas y ofrece al lector una tesis poética y ecuménica de la religión cristiana.

El cetro de José

Se ignora la fecha de su composición, pero fue publicado, junto con El mártir del sacramento en el segundo tomo de Inundación castálida en 1692 en Madrid. Al igual que El divino Narciso, El cetro de José utiliza a la América precolombina como vehículo para relatar una historia con tintes bíblicos y mitológicos. El tema de los sacrificios humanos aparece nuevamente en la obra sorjuanesca, como imitación diabólica de la Eucaristía. Aun así, Sor Juana siente cariño y aprecio por los indígenas y por los frailes misioneros que llevaron el cristianismo a América, como puede verse en varias secciones del auto. Además, el auto es pionero en representar conversiones colectivas al cristianismo, hecho insólito hasta entonces en la literatura religiosa.

El cetro de José pertenece a los autos vétero-testamentarios, y es el único de esta clase compuesto por Sor Juana. Calderón de la Barca escribió varios autos de esta clase, de los que destaca Sueños hay que verdad son, también inspirado por la figura del patriarca José. Es habitual considerar que Sor Juana escribió sus autos con la firme convicción, alentada por la condesa de Paredes, de que se representarían en Madrid. Por ello, los temas y el estilo de estas obras fueron dirigidas hacia el público peninsular, aunque no existe constancia escrita de que se hayan montado fuera de Nueva Espña. 

El mártir del sacramento

Aborda el tema del martirio de San Hermenegildo, príncipe visigodo hijo de Leovigildo, muerto por negarse a adorar una hostia arriana. Podría catalogarse como auto alegórico-historial, como La gran Casa de Austria, de Agustín Moreto, o El santo rey don Fernando, de Calderón de la Barca. El lenguaje es muy llano y simple, con excepción de algunos tecnicismos de cátedra. Es una obra costumbrista, al estilo de los entremeses del siglo XVI y de algunas obras calderonianas. Sor Juana trata un tema que es, al mismo tiempo, hagiográfico e histórico. Por un lado, intenta robustecer la figura de San Hermenegildo como modelo de virtudes cristianas; por otro, su fuente es la magna Historia general de España, de Juan de Mariana, la obra más reputada de aquella época. La autora juega con "El General", especie de auditorio del Colegio de San Ildefonso, y con la compañía de actores que representarán su auto. La obra empieza al abrirse el primer carro, y existen dos más en el resto de la puesta en escena.

domingo, 16 de noviembre de 2014

Sor Juana Inés de la Cruz (I), la "Décima Musa".


El pasado miércoles, 12 de noviembre, se cumplieron 366 años del nacimiento de Sor Juana Inés de la Cruz, una de las figuras más representativas de las letras hispanas. Una mujer que, a pesar de la época en que le tocó vivir, se adelantó a su tiempo logrando superar las fronteras impuestas socialmente en tiempos coloniales a las mujeres.

Sor Juana Inés nació el 12 de noviembre de 1648, en un pueblo del estado de Neplanta (México). Hija natural de la criolla Isabel Ramírez y Pedro Manuel de Asbaje, de origen vasco, llevó por nombre de pila Juana de Asbaje y Ramírez.

Aprendió a leer a los tres años cuando, a escondidas de su madre, acompañaba a su hermana mayor a sus clases, y surgió en ella un deseo tan grande de aprender a leer que le mintió a la maestra diciéndole que su madre ordenaba que también a ella le diese la lección.

Su crianza estuvo a cargo del abuelo materno, Don Pedro Ramírez, en una hacienda de Panoayán, México, hasta su muerte acaecida en 1656. Muerto su abuelo materno, su madre la obliga a marchar hacia la capital, donde reside bajo la tutela de su hermana, María Ramírez, y toma clases de latín con el bachiller Martín de Olivas, logrando dominar la lengua con tan sólo veinte lecciones.

Cuando apenas tenía trece años, Juana Inés fue llamada a la corte virreinal para servir como dama de la virreina doña Leonor Carreto, Marquesa de Mancera, quien era una dama muy culta y sentía un gran amor por las letras. El ambiente de la corte influyó definitivamente en la formación de Juana Inés, pues los virreyes protegieron a Sor Juana de manera decidida. El virrey, asombrado por la sagacidad demostrada por Juana, convocó a cuarenta letrados de varias facultades para que le aplicaran a la joven una prueba extraordinaria y ésta, dejando sin argumentos a los académicos, superó el examen en condiciones de excelencia, lo cual despertó una gran admiración hacia su persona.

Entró en el Convento de San José de Carmelitas Descalzas el 14 de agosto de 1667, poco antes de cumplir los 16 años, escogiendo así un camino de vida propio, ni la corte ni el matrimonio, del que tantas veces renegó. Toma esta decisión ya que era la única opción que tenía una mujer para poder dedicarse al estudio. Apenas tres meses después de su ingreso, se vio forzada a abandonar el convento, pues la severa disciplina de la orden hizo grandes estragos en su salud.

Un año y medio permaneció en Palacio y después regresó a la vida de religiosa, esta vez en el convento de San Jerónimo, también una orden de clausura, pero más flexible que la anterior. El 24 de febrero de 1669 tomó los votos definitivos y se convirtió en Sor Juana Inés de la Cruz. Allí, Sor Juana escribió la mayor parte de su obra y alcanzó la madurez literaria, pues pudo compartir sus labores de contadora y archivista del convento con una profunda dedicación a sus estudios. Aunque le fue ofrecido el lugar de Abadesa del convento, Sor Juana lo rechazó en dos oportunidades.

Sor Juana Inés de la Cruz se dio a conocer con prontitud, y desde entonces fue
solicitada frecuentemente para escribir obras por encargo (décimas, sonetos, liras, rondillas, obras de teatro, etc.), entre las cuales destacó Neptuno Alegórico en 1689. Sus motivos variaron siempre de lo religioso a lo profano. En 1692 se hizo merecedora de dos premios del concurso universitario "Triunfo Parténico". 

Su amor por la lectura le llevó a armar una colección bibliográfica de cuatro mil volúmenes que archivaba en su celda, que llegó a ser considerada la biblioteca más rica de Latinoamérica de su tiempo. Poseía además instrumentos musicales y de investigación científica, lo que pone en evidencia que su formación intelectual alcanzó las áreas de astronomía, matemática, música, artes plásticas, teología, filosofía, entre otras.

Una carta escrita por Sor Juana Inés de la Cruz a Sor Filotea de la Cruz, obispo de Puebla llamado Fernández de Santa Cruz, cambiaría el curso de su vida; en dicha carta criticaba un sermón del padre Vieyra, un jesuita portugués de conocida trayectoria como teólogo. Además de que cuestionaba las distancias entre el amor divino y el amor humano, lo celestial y lo terrenal. Constituye un intenso ensayo autobiográfico y declarativo de principios intelectuales, y que fue el principio de su fin en una sociedad inquisitorial y patriarcal que no podía admitir la genial libertad de espíritu, sobre todo en una mujer. El revuelo que originó esta carta terminó por volverse en su contra cuando el obispo de Puebla, Sor Philotea, o Fernández de Santa Cruz, le instó a dejar las actividades académicas y a dedicarse a las labores del convento. A pesar de que Sor Juana se defendió a través de una carta donde reclamaba los derechos culturales de las mujeres y abogó por su propio derecho a criticar el sermón y formar su propio pensamiento, terminó por obedecer y, renunciando a sus instrumentos y a su biblioteca, pasó a dedicarse por el resto de sus días a la vida conventual.

lunes, 8 de septiembre de 2014

¿Prostitución, trata o trabajo?

Por MARTA LAMAS (*)

"Todo lo que nos incomoda nos permite definirnos" (Cioran)

En 1989 empecé una relación de acompañamiento político a unas trabajadoras sexuales de vía pública en la ciudad de México, que después derivó en la realización de una investigación antropológica sobre algunos aspectos de sus vivencias y su organización del trabajo (1). De entonces a la fecha he visto cambios sorprendentes en cómo se habla y discute sobre el comercio sexual. En especial, me impacta que la propuesta de reglamentación del trabajo sexual se ha ido transformando en un alegato a favor de su total erradicación. En estas páginas intento aclarar mi posición, ante la postura de quienes insisten en "abolir" toda forma de comercio sexual, usando como excusa el combate a la trata.

Prostitución es un término que únicamente alude de manera denigratoria a quien vende servicios sexuales, mientras que comercio sexual da cuenta del proceso de compra-venta, que incluye también al cliente. Respecto a esta actividad persisten dos paradigmas: uno es el que considera que la explotación, la denigración y la violencia contra las mujeres son inherentes al comercio sexual y por lo tanto habría que abolir dicha práctica, y otro el que plantea que tal actividad tiene un rango de formas variadas de desempeño que deberían regularse así como reconocerse los derechos laborales de quienes se dedican a ella (2).

A pesar de que a lo largo de los últimos 30 años muchas trabajadoras (3) han reivindicado su quehacer como una cuestión laboral, desarrollando diversas estrategias para obtener derechos correspondientes, en la última década se ha multiplicado una perspectiva que califica a todas las mujeres que trabajan en el comercio sexual de "víctimas". Hoy en día es patente el crecimiento y la expansión del comercio sexual, lo que expresa no sólo un fenómeno económico sino también una transformación cultural. Este notorio aumento viene de la mano de la liberalización de las costumbres sexuales y de la desregulación neoliberal de los mercados, que han permitido la expansión de las industrias sexuales como nunca antes, con una proliferación de nuevos productos y servicios sexuales: shows de sexo en vivo, masajes eróticos, table dance y strippers, servicios de acompañamiento (escorts), sexo telefónico y turismo sexual. Aunque la droga y el SIDA la han impactado dramáticamente, la industria mundial del sexo se ha convertido en un gran empleador de millones de personas que trabajan en ella, y que atraen igualmente a millones de clientes. Los empresarios tienen agencias de reclutamiento y sus operadores vinculan a los clubes y burdeles locales en varias partes del mundo, en un paralelismo con las empresas transnacionales de la economía formal. Y al igual que éstas, algunas se dedican a negocios criminales, como el mercado negro de la trata.

Las feministas que han reflexionado sobre el tema están divididas al respecto: hay quienes subrayan la autonomía en la toma de tal "decisión" mientras que del otro lado están quienes insisten en la "explotación" y coerción. Ahora bien, no son excluyentes: puede haber decisión y explotación, autonomía para ciertos aspectos y coerción para otros (Widdows 2013). Unas feministas argumentan que ninguna mujer "elige" prostituirse, que siempre son engañadas u orilladas por traumas infantiles de abuso sexual; otras aseguran que la mayoría lleva a cabo un análisis del panorama laboral y toma la opción de un ingreso superior a las demás posibilidades que están a su alcance. "Elegir" en este caso no implica una total autonomía, ni siquiera supone optar entre dos cosas equiparables, sino preferir, no un bien, sino el menor de los males.

En México en el contexto de la precarización laboral (el desempleo, la ausencia de una cobertura de seguridad social y la miserabilidad de los salarios) la llamada "prostitución" es una forma importante de subsistencia para muchas mujeres. Es un hecho que las necesidades económicas llevan a la gente sin recursos a hacer todo tipo de cosas, incluso algunas muy desagradables, como limpiar excusados o trabajar en los camiones de basura. La coerción económica es fundamental (4). Anne Phillips (2013a) dice que hay algo en el uso de las partes íntimas del cuerpo que vuelve la presión del dinero inaceptablemente coercitiva en el caso de la prostitución mientras que Martha Nussbaum (1999) señala que la compulsión económica es problemática, pero que la presión del dinero no se vuelve más coercitiva o inaceptablemente coercitiva sólo porque conduzca a un acceso íntimo en el cuerpo. Como las mujeres están ubicadas en lugares sociales distintos, con formaciones diferentes y con capitales sociales diversos, en ciertos casos el trabajo sexual puede ser una opción elegida por lo empoderante y liberador que resulta ganar buen dinero, mientras que en otros casos se reduce a una situación de una precaria sobrevivencia, vivida con culpa y vergüenza. Además, así como muchas mujeres ingresan por necesidad económica, otras son inducidas por la droga, y viven situaciones espantosas. Sin embargo, no hay que olvidar que también hay quienes realizan una fría valoración del mercado laboral y usan la estrategia de vender sexo para moverse de lugar, para independizarse, incluso para pagarse una carrera universitaria o echar a andar un negocio.

El trabajo sexual es la actividad mejor pagada que encuentran cientos de miles de mujeres en nuestro país, y más que un claro contraste entre trabajo libre y trabajo forzado, existe un continuum de relativa libertad y coerción. Y, al mismo tiempo que existe el problema de la trata aberrante y criminal con mujeres secuestradas o engañadas, también existe un comercio donde las mujeres entran y salen libremente, y donde algunas llegan a hacerse de un capital, a impulsar a otros miembros de la familia e incluso a casarse. Por eso, "quienes sostienen que es un trabajo que ofrece ventajas económicas tienen razón, pero no en todos los casos, y quienes insisten en que la prostitución es violencia contra las mujeres, también tienen razón, pero no en todos los casos" (Bernstein 1999:117).

Aunque desde la perspectiva del liberalismo político no hay razón para estar en contra del comercio sexual mientras lo que cada quien haga con su cuerpo sea libremente decidido, muchas personas consideran que el comercio sexual es de un orden distinto de otras transacciones mercantiles. La venta de servicios sexuales ofende, irrita o escandaliza de una manera diferente que la situación de otras mujeres que venden su fuerza de trabajo, en ocasiones en condiciones deleznables, como las obreras de la maquila, las empleadas domésticas, incluso algunas meseras, enfermeras y secretarias. Cuando se denuncia la "explotación" de las trabajadoras sexuales no se menciona siquiera a tantas otras trabajadoras que también son explotadas. Muchas personas ven la "prostitución" como la degradación a la dignidad de la mujer. Pero no hay reacciones tan indignadas o escandalizadas ante formas aberrantes de explotación de la fuerza de trabajo en otro tipo de industrias. Tal vez porque lo que más molesta de la "prostitución" voluntaria es que atenta contra el modelo de feminidad (5). 

Sí, la prostitución femenina subvierte el paradigma de castidad y recato inherente a la feminidad (Leites 1990). Jo Doezema ha planteado que la distinción entre prostitución "forzada" y "voluntaria" reproduce la división entre "putas" y "santas" dentro de la propia categoría de prostituta, siendo la "puta" la que se dedica voluntariamente a dicha actividad mientras la "santa" es la forzada y, al ser una "víctima", queda exonerada de ser despreciada (1998:41). Como la expectativa cultural respecto de la sexualidad de las mujeres es que solamente tengan sexo dentro del marco de una relación amorosa (por lo que también se rechaza que las mujeres tengan sexo casual con "desconocidos", aunque no cobren) la mayoría de las trabajadoras tiene dificultades para asumirse públicamente como tales. No obstante, algunas trabajadoras sexuales han caracterizado la prostitución como un acto transgresor y liberador (6). Lo que provoca el estigma, y muchas de las dificultades y discriminaciones que enfrentan las trabajadoras derivadas de él, es justamente la doble moral: la sexualidad de las mujeres es valorada de manera distinta de la de los hombres. Por eso hace muchos años Mary McIntosh dijo: "la prostitución implica, al mismo tiempo, un desafío y una aceptación de la doble moral del statu quo. Como tal, no puede ser ni condenada totalmente ni aceptada con entusiasmo" (1996:201). Sí, la actividad sexual comercial de las mujeres es, al mismo tiempo, un desafío a la doble moral, que considera que las transacciones sexuales de las mujeres son de un orden distinto a las transacciones sexuales de los hombres, y una aceptación de dicha doble moral, porque persiste  el estigma.

En el debate sobre cuál debería ser el estatus legal de la llamada "prostitución" es posible ver que las implicaciones (7) para las políticas públicas que se derivan tanto de la penalización como de la despenalización pueden tener el efecto de exacerbar las desigualdades de género. Como ambas posturas tienen consecuencias en las vidas de las trabajadoras sexuales, resulta complicado hablar en abstracto del comercio sexual, sin ubicarlo en el contexto concreto e histórico en que ocurre y sin distinguir tanto el capital social de las trabajadoras como las condiciones laborales en que realizan su trabajo, en especial su libertad de movimiento.

Una rápida mirada sobre la situación mundial muestra que la mayoría de las prostitutas son muy pobres. La brecha económica y social entre las de la calle y las call girls (8) es sideral. Estas call girls, que no son engañadas, ni drogadas, ni secuestradas, y que seguramente podrían conseguir otro tipo de trabajo, están en el comercio sexual porque obtienen ganancias enormes. Ellas son, económicamente hablando, privilegiadas y representan una faceta distinta del fenómeno. Para las demás, que son la gran mayoría, la venta de servicios sexuales en contextos laborales de trabajos precarios, salarios miserables y gran desempleo, les permite sobrevivir y a algunas cuantas ganar en un día la misma cantidad de dinero que ganarían en semanas en otro tipo de desempeño laboral, si es que lo consiguieran.





Por eso algunas investigadoras sostienen que el comercio sexual no siempre tiene consecuencias negativas, y que con frecuencia es un medio importante de movilidad económica y de liberación personal (Agustín 2007; Day 2010; Kempadoo 2012). Sin embargo, ciertas filósofas y politólogas feministas, dentro de una reflexión sobre que algunas actividades humanas (9) deberían estar fuera del mercado, piensan lo contrario (Phillips 2013a y 2013b; Widdows 2013). Ellas insisten en que el comercio sexual tiene un efecto negativo en la justicia social, en especial en cómo estructura las opciones vitales de las mujeres, pues su ejercicio obstaculiza las relaciones igualitarias. 

Como se sabe, el mercado no es un mecanismo neutral de intercambio, y sus transacciones dan forma a las relaciones sociales. Si el mercado no sólo desata procesos económicos, sino que también da forma a la cultura y a la política, entonces hay que analizar cómo ciertas transacciones mercantiles frustran o impiden el desarrollo de las capacidades humanas (Sen 1996) mientras que otras determinan ciertas preferencias problemáticas. La ONU ha señalado que las creencias y mandatos de género en la economía estructuran y validan las relaciones desiguales entre los hombres y las mujeres de manera absolutamente funcional para la marcha del sistema social (ONU Mujeres 2012). Las relaciones de género "marcan el terreno sobre el que ocurren los fenómenos económicos y ponen las condiciones de posibilidad de los mismos" (Pérez Orozco, 2012). De ahí que para evaluar un mercado laboral sea necesario evaluar también las relaciones políticas y sociales que sostiene y respalda, y examinar los efectos que tal transacción produce en las mujeres y los hombres, en las normas sociales y en el significado que imprime en las relaciones entre ambos. Hay mercados con consecuencias negativas para las relaciones de género, como el trabajo sexual y el servicio doméstico. La industria del sexo no toma en consideración el contexto de desigualdad social y económica entre mujeres y hombres por lo que refuerza la pauta de opresión patriarcal y contribuye a la percepción de las mujeres como objetos sexuales y, en ocasiones, incluso como seres socialmente inferiores a los hombres.

viernes, 27 de junio de 2014

Poesía Hecha Por Mujeres (XI). Gioconda Belli

Gioconda Belli, Poesía desde la mirada de la mujer


"Me preguntan si escribo sobre el asunto de las mujeres. Mi literatura no es femenina, es una literatura donde la mujer es protagonista. Nadie diría que Hemingway escribe una literatura masculina. Mi literatura es la visión del mundo desde la perspectiva de la mujer. La discusión sobre los asuntos de género no nos compete a los escritores de literatura, para eso están los ensayos y todo eso. Lo que hacemos es cambiar el papel de la mujer. Es la mujer actuando." (Gioconda Belli) 

(Managua, 1948) Poetisa y novelista, estuvo vinculada al Frente Sandinista de Liberación Nacional de 1970 a 1994. El compromiso político y el ser y el sentir femenino son los dos temas fundamentales en una obra que ha contado desde sus comienzos con el respaldo de la crítica y del público.

Gioconda Belli nació en Managua (Nicaragua) el 9 de diciembre de 1948. De familia acomodada, recibe una sólida educación; estudia en el Colegio de la Asunción y más tarde hace el bachillerato en Madrid. Ya en Estados Unidos se gradúa en el Colegio Charles Marcus Price.

Regresa a Nicaragua y trabaja en publicidad. Comienza a publicar poesía en 1970 en revistas como El Gallo Ilustrado, Prensa Literaria y Nicaracuac; el compromiso político y el ser y el sentir femenino -como ya hemos dicho- son dos temas fundamentales en su obra. Ese mismo año se une al Frente Sandinista de Liberación Nacional, organización entonces clandestina, que buscaba derrocar la dictadura somocista. Esta vinculación se extiende también al plano afectivo; estuvo casada con Henry Ruiz, uno de los nueve comandantes de la dirección nacional y exministro de Planificación.

Pronto se reconoce su talento: en 1972 recibe el Premio de poesía "Mariano Fiallos Gil" por Sobre la grama, y en 1974 el poeta José Coronel Urtecho le dedica el ensayo Entrada a la poesía de G.B. En 1978 obtuvo el premio "Casa de las Américas" por su libro de poemas Línea de fuego. A partir de 1979 trabaja en el Departamento de Propaganda del FSLN. Perseguida por la policía se exilia en México y Costa Rica, hasta que con el triunfo de la Revolución vuelve a Nicaragua, desempeñando diversos cargos en el nuevo gobierno hasta su renuncia en 1994. En esta época publica dos nuevos poemarios.

sábado, 7 de junio de 2014

Fallece Olga Quiñones, primera directora de la Unidad de Igualdad de la Universitat de València

Olga Quiñones Fernández fue la primera directora de la Unidad de Igualdad de la Universitat de València, desde su creación en 2007 hasta su jubilación en 2011.

Olga Quiñones había cumplido 73 años el pasado 2 de noviembre. Nacida a Salinas
(Asturias) había sido profesora titular del departamento de Sociología y Antropología Social de la Universitat de València, habiendo desarrollado su actividad en la Escuela Universitaria de Magisterio Ausiàs March así como en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universitat de València.

En el ámbito de la gestión universitaria fue vicedirectora de la Escuela Universitaria de Magisterio Ausiàs March, secretaria de la Facultad de Ciencias Sociales y vicedecana de la misma.

Como directora de la Unidad de Igualdad coordinó el estudio diagnóstico "Mujeres y hombres en la Universidad de Valencia" y coordinó asimismo la elaboración y redacción del I Plan de Igualdad que se aprobó por acuerdo de Consejo de Gobierno el 1 de diciembre de 2009.

La profesora Quiñones fue fundadora y vicepresidenta de la Asociación Mujeres Universitarias (1974-76), presidenta del Consejo Escolar Valenciano (1985-88), integrante del Seminario de Estudios Feministas (1983), en la actualidad Instituto Universitario de Estudios de la Mujer de la Universitat de València, y Subdirectora General del Instituto de la Mujer (1993-96).

Integrante de la Comisión Asesora del Rector de la Universitat de València para las políticas de Igualdad 2002-2007; del Observatorio de Género de la Generalitat Valenciana y del Observatorio de Publicidad No Sexista de la Generalitat Valenciana.

Ha sido coautora de varias investigaciones, entre las cuales destacan: "Las Mujeres en la Comunidad Valenciana. Informe Sociológico", "La situación de las mujeres en la administración pública valenciana", "La elección de estudios universitarios: preferencias de los estudiantes de Secundaria", "Las Mujeres en la Comunidad Valenciana: Educación y familia", "Profesoras y alumnas en la Comunidad Valenciana" y "Universidad y feminismo en España. Situación de los estudios de las mujeres en los años 90. Actualización del libro blanco de estudios de las mujeres en las universidades españolas".

En reconocimiento a su tarea y su compromiso desde siempre en las políticas de igualdad recibió el premio "Mujer comprometida en las políticas de Igualdad de Mujeres Progresistas 2012".

FUENTE: Unitat d'Igualtat, Universitat de València.

viernes, 6 de junio de 2014

Mujeres Ganadoras del Premio Nobel (XVII). Pearl S. Buck

Premio Nobel de Literatura, en 1938.

Pearl Comfort Sydenstricker Buck (Hillsboro, West Virginia, 26 de junio de 1892 - Danby, Vermont, 6 de marzo de 1973) fue una escritora estadounidense que pasó la mayor parte de su vida en China y cuya obra, influida por las sagas y la cultura oriental, buscaba educar a sus lectores y lectoras. Recibió el primero Nobel de Literatura en 1938. Hija de unos misioneros presbiterianos, vivió en Asia hasta 1933. Es conocida por el apellido de uno de sus maridos, ya que su apellido de soltera era Sydenstricker.

Pearl Comfort Sydenstricker nació el 26 de junio de 1892 en Hillsboro (Virginia Occidental), EE.UU. Sus padres, Absalom y Caroline Sydenstricker eran misioneros presbiterianos establecidos en China. Pearl fue la cuarta de siete hijos y una de sólo tres que llegaron a la edad adulta con vida. Nació mientras sus padres estaban en EE.UU. y cuando tenía tres meses de edad se trasladó a China en la que pasó casi 40 años. La familia vivía en Chinkiang, en la provincia de Kiangsu. El padre pasaba largos meses fuera de casa en misión, la madre predicaba a las mujeres del pueblo en un pequeño dispensario que ella misma estableció. Desde la niñez Pearl hablaba inglés y mandarín, fue educada principalmente por su madre y un tutor chino, el señor Kung. Durante 1900 la familia tuvo que mudarse a Shangai, poco tiempo después marcharon a EE.UU. a establecer un nuevo hogar. En 1919 conoció al economista en agricultura John Lossing Buck, se casaron y se establecieron en Nanhsuchou. Su primera hija, Carol, nació en 1921, víctima de una enfermedad sufrió retraso mental severo, durante el parto se le detectó un tumor de útero por lo que tuvo que someterse a una histerectomía. En 1925 adoptaron a una bebé, Janice. El matrimonio fue infeliz desde el comienzo, sin embargo duró casi 18 años. Desde 1920 a 1933 el clan vivió en Nanking en el campus de la universidad de la ciudad en la que ambos enseñaban. En 1921 la madre de Pearl murió y pronto su padre se mudó con Pearl y su marido. Las tragedias consecuentes desde 1920 que afectaron a Pearl tuvieron su epítome en 1927 en el incidente Nanking. En una batalla en que participaron tropas nacionalistas, elementos de Chiang kaishek, fuerzas comunistas y varios occidentales, resultaron asesinadas muchas personas. Se mudaron por un año a Japón y luego volvieron a Nanking donde las condiciones aún eran peligrosas.

miércoles, 4 de junio de 2014

Mujeres Ganadoras del Premio Nobel (XVI). Irène Joliot-Curie

Premio Nobel de Química, en 1935.




Nació en París, el 12 de septiembre de 1897, hija de Pierre Curie (Nobel de Física en 1903) y Marie Curie (Nobel de Física en 1903 y de Química en 1911). Tras estudiar física y química en la Universidad de París, durante la Primera Guerra Mundial fue asistente del departamento de radiografía de diversos hospitales franceses. Ya acabada la guerra, fue nombrada ayudante de su madre en el Instituto del Radio de París, posteriormente conocido con el nombre de Instituto Curie.

Junto a su madre, conoció al asistente personal de ésta, Frédéric Joliot. De él se enamoró y se casó en 1926 y adoptó el apellido Joliot-Curie. Su hija Helene, famosa física, se casó con el nieto de Paul Langevin, y su hijo Pierre Joliot trabajó como bioquímico. Su hermana Eve Denise Curie se hizo famosa por la biografía que escribió de su madre Marie Curie.

La notoriedad de todos estos personajes en su entorno familiar más cercano explican, aunque sólo en parte, que la figura de Irène Joliot-Curie y sus espectaculares logros hayan quedado relativamente ensombrecidos, a pesar de obtener conjuntamente con su marido el Premio Nobel de Química de 1935. Quizás sin que su madre le hubiese allanado el camino difícilmente habría gozado de las oportunidades académicas y de investigación de que dispuso, pero al mismo tiempo la celebridad de su madre hizo que muchas veces se pasara por alto sus espectaculares contribuciones a la ciencia.

Irène Joliot-Curie mostró desde la infancia su inteligencia y su talento excepcional para las matemáticas. Comenzó el colegio a los 6 años en la escuela de la calle Cassini, cerca del Observatorio, ya que la escuela más cercana a la casa de los Curie no parecía muy apropiada. A los 10 años, dadas sus capacidades y el interés que profesaba por las matemáticas, parecía que no había una escuela apropiada para ella en todo París, así que Irène estudió en su propia escuela, conocida como la Cooperativa, junto a otros niños de prestigiosos intelectuales. Entre sus profesores se encontraban Marie Curie, Paul Langevin y Jean Perrin. También fueron muy importantes para su desarrollo intelectual las continuas conversaciones con su madre y la correspondencia entre ellas.

Mujeres Ganadoras del Premio Nobel (XV). Jane Addams

Premio Nobel de la Paz, en 1931.




"Nada puede ser pero que el temor de haberse rendido demasiado pronto y no haber hecho un último esfuerzo que podría haber salvado el mundo".

(Cerdaville, 1860 - Chicago, 1935) Socióloga y reformadora estadounidense. Estudió en el Rockford Female Seminary de Illinois y durante un viaje a Europa (en 1887-1888) visitó el centro comunitario Toynbee Hall, en Londres, que encendió su interés por el trabajo social. Resuelta a crear algo parecido en Estados Unidos, el año 1889 fundó, junto a Ellen Gates Starr, en Chicago la Hull House, institución social dedicada a los inmigrantes, con guardería infantil y diversos programas de educación; hoy en día es un museo. Mantuvo una relación romántica con Mary Rozet Smith, que describió como un matrimonio.

En 1931 fue galardonada con el premio Nobel de la Paz, premio compartido con Nicholas Murray Butler.

Trabajó  a lo largo de toda su vida a favor del voto femenino, el pacifismo y en garantizar los derechos a los inmigrantes que llegaban a Estados Unidos. Preocupada por el comienzo de la Primera Guerra Mundial, fue una de las fundadoras en 1915 de la organización Women's International League for Peace and Freedom. Años más tarde, en 1931, se convertía en la primera mujer americana en ganar el Premio Nobel de la Paz.

Nació la última de una familia de ocho hijos, de los cuales murieron cuatro debido a las tragedias que sucedieron en su familia. A la corta edad de dos años, tuvo que afrontar la dura muerte de su madre, por lo que fue su padre, un líder político social, quien se encargó de su educación. Su relación fue un tanto especial y Jane siempre tuvo esa necesidad que a veces tienen las hijas de hacer sentir orgulloso a un padre.

domingo, 1 de junio de 2014

Mujeres Ganadoras del Premio Nobel (XII). Selma Langerlöf

Premio Nobel de Literatura, en 1909.


Selma Ottilia Lovisa Lagerlöf (Marbacka, provincia de Värmland, Suecia meridional, 20 de noviembre de 1858 - Marbacka, 16 de marzo de 1940) fue una escritora sueca de fama universal y la primera mujer en obtener un Premio Nobel de Literatura, en 1909.

Selma Lagerlöf, posiblemente, nació con una lesión en la cadera (una displasia infantil), sin recibir tratamiento, lo que le hizo llevar una vida más bien sedentaria en su niñez, favoreciendo su natural afición a la lectura. Si abuela paterna y otras personas le explicaron cuentos y leyendas que mezclaban con elementos cristianos y paganos en un mundo lleno de romanticismo y mística. La tradición de explicar cuentos fue muy significativo para la actividad literaria de Selma: en El cuento de Gösta Berling (1891) esta influencia está presente.

Cumplidos los 12 años, escribió un largo poema sobre Marbacka, iniciando así su carrera literaria. Tres años más tarde fue enviada a Estocolmo a terminar sus estudios (1873); este período lo refleja en su obra Diario. A estas alturas, ya era claro que no le interesaban los quehaceres domésticos, según sus propias palabras: además de ser torpe en la cocina y peor en el bordado.

La situación económica familiar era muy mala, al igual que la salud del padre. Su hermano Johan había asumido la responsabilidad por la familia y luchaba, casi desesperadamente, en la producción agrícola de Marbacka, con magros resultados. Selma entendió que debía aprender alguna profesión para poder mantenerse por sí misma. Eligió la docencia, pero no encontró la manera de financiar el aprendizaje. Johan le apoyó, consiguiendo un préstamo con el cual ella pudo comenzar sus estudios, regresando a Estocolmo para estudiar Docencia en 1881. Primero en el Liceo Sjöberg para Señoritas y, al año siguiente, postulando e ingresando en el Real Seminario Superior para Estudios Docentes, una universidad para jóvenes y talentosas damas. El ser mayor que sus compañeras le dio una posición distinta, ya que la consideraban más madura; además se hizo popular por sus sonetos y poemas.