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miércoles, 20 de agosto de 2014

Discurso sobre la felicidad (II). “Discursos” Filosóficos sobre la Felicidad

"¿Qué es la felicidad? Es la duración o la continuación de los placeres o de las formas de sentir agradables al hombre, de las que gusta y aprecia como favorables a su ser". (BARÓN D'HOLBACH, Elements de la moral universelle ou Cathéchisme de la Nature, 1765).

No existe una única filosofía sobre la felicidad, sino que son varias, tantas como autores hay que han escrito sobre ella. Los moralistas, guiados por los prejuicios emanados de la religión, consideraban que los hombres para ser felices tenían que reprimid sus pasiones y domeñad sus deseos, por tanto, el camino de la felicidad de los hombres, para estos moralistas, estará en la represión de las sensaciones y pasiones; las cuales, para Mme du Châtelet, son la maquinaria necesaria para la felicidad.

Por su parte, Locke, en su Ensayo sobre el entendimiento humano, afirmará que "cuando se examina a los individuos de la especie humana, se puede comprobar que éstos persiguen la felicidad, usan la razón y siguen sus pasiones". Por tanto, concibe la felicidad como la búsqueda del placer y la ausencia o evitación del dolor, sentidos por el cuerpo y la mente. También hará una distinción entre esta felicidad, a la que él llama felicidad temporal, y una felicidad eterna como consecuencia de la religión. Y continuará diciendo que la felicidad es "el mayor placer de que somos capaces y la desgracia el mayor dolor", identificando el bien y el mal con placer y dolor, respectivamente, en una concepción hedonista.

Otro de los filósofos que hablan sobre la felicidad es Bernard de Fontenelle, que inaugura el género de los textos sobre la felicidad en Francia, con su libro Sur le Bonheur, y en él establece los requisitos de la felicidad: el placer, las sensaciones y los sentimientos agradables que satisfacen los deseos, en el siguiente fragmento:
La palabra felicidad significa aquí un estado, una situación tal de la que se desea su permanencia sin cambios; y en esto la felicidad es diferente del placer, que no es más que un sentimiento agradable, pero corto y pasajero, y que no puede jamás producir un estado. El dolor tendrá más bien el privilegio de poder ser un estado.
Aquí vemos ya un cambio con respecto a Locke, para éste la felicidad se identifica con el placer, dice que es "el mayor placer de que somos capaces", para Locke el placer está intrínseco en la felicidad, es una parte necesaria de su concepción. Sin embargo, Fontenelle convierte el placer en un requisito para lograr la felicidad, como lo pueden ser asimismo las sensaciones y los sentimientos agradables, definiendo además el placer como un sentimiento agradable corto y pasajero, y su no permanencia es la nota que lo diferencia de la felicidad en cuanto ésta es un estado del que se desea su permanencia sin cambios. Por tanto, para llegar a ese estado de permanencia que es la felicidad se requiere unas condiciones que la hagan posible: cierta disposición del cuerpo y del espíritu por lo que hacen a los estados satisfactorios y placenteros y un pensamiento encargado de descubrir a los hombres a través de las reflexiones oportunas, las situaciones placenteras y aquellas que no pueden serlo.

A excepción de los moralistas, que imponen toda represión de los placeres y las pasiones, tanto Locke como Fontenelle entroncan su concepción de la felicidad con el placer, en uno como contenido de aquélla, y en el otro como requisito para llegar a ella. Pero en ambos cobrará mucha importancia la razón; así, en Fontenelle, el hombre debe imponer la prudencia de la razón para calibrar bien los bienes que podemos desear por tenerlos a nuestro alcance, para evitar de esta manera crearnos deseos ilusorios difícilmente realizables. Según este enfoque, el amor resultará para este autor el placer más peligroso pues en él no tiene cabida la razón. En fin, la concepción de Fontenelle dará como resultado una felicidad incierta, llena de incertidumbre, y su consecución o no dependerá de la medida en que se goce el placer y los deseos, es decir de imponer en el goce de los deseos y placeres la prudencia de la razón para evitar cualquier exceso.

Finalmente, Maupertuis también escribirá sobre la felicidad siguiendo la línea de pensamiento de Fontenelle, es decir, el goce de los deseos y placeres mediante el uso de la razón. En su obra Essai de philosophie morale, se reconoce el placer como deseo humano, estableciéndose a su vez el valor de todos los placeres del cuerpo y del alma. En su Essai elaborará una aritmética del dolor y del placer, contabilizando el bien y el mal que el hombre puede gozar o sufrir y concluyendo que, puesto que al hombre le llegan más males que bienes a lo largo de su vida, lo prudentemente razonable para conservar su felicidad es no perseguir más placeres, sino mantener los bienes que nos llegan.

Madame du Châtelet, en su Discurso sobre la felicidad, también reflejará la necesidad de calcular las pasiones para no cometer errores que impidan el goce de una felicidad absoluta, pero pondrá el acento en el placer de las pasiones satisfechas para conseguir esta felicidad. Frente a los moralistas, considerará que lo importante no es tanto contener las pasiones, cuanto saber cómo hacer que concurran a nuestra felicidad. Pero veámoslo más detenidamente.