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martes, 26 de agosto de 2014

Libro: DISCURSO SOBRE LA FELICIDAD, de Madame du Châtelet

Madame du Châtelet, Discurso sobre la felicidad

Madame du Châtelet: Matemática, física y filósofa.

Nacimiento, el 17 de diciembre de 1706, en París (Francia).

Fallecimiento, el 10 de septiembre de 1749, en Luneville (Francia), a la edad de 42 años.

Intelectual de brazos finos y cabello rizado, fue la figura femenina más importante en la física durante la época de la Ilustración en la Francia de principios del siglo XVIII.

Matemática, física y filósofa, Émilie du Châtelet es reconocida por ser la traductora al francés de los Philosophiae naturalis principia mathematica de Newton, traducción que es utilizada a la fecha por los francoparlantes que quieren conocer las ideas del científico inglés.

En la biografía de Émilie du Châtelet, lo primero que encontramos es que contrariamente a las costumbres de la época, Émilie pasó su juventud bajo el techo paterno, sin apenas estar internada en un convento (sólo algunos meses en Lorrena), teniendo el inmenso privilegio de ser educada por los suyos y además de una forma notable, digna de una princesa. Se puede pensar que esa educación y ese cariño paterno le hicieron tener una buena imagen de ella misma, lo que le dio esa energía y seguridad de las que gozó toda su vida. A sus ojos nada era imposible. Fue una mujer que nunca sintió los límites que la época imponía a su sexo. Desde su infancia, Émilie tuvo el deseo de saber, la sed de conocimientos, e hizo todos los esfuerzos para conseguirlo.

El amor, la amistad y el estudio fueron sus grandes pasiones. Del amor se le conoce principalmente por haber sido amiga de Voltaire y su enamorada amante. Tuvieron una relación sentimental que duró quince años. Escribió, mientras convivía con él en el castillo de Cirey, un Discours sur le bonheur (Discurso sobre la felicidad), donde expone su propia filosofía: el fin de la vida es la felicidad y ésta se alcanza por medio de la ilusión y la pasión.






Discurso sobre la Felicidad y Correspondencia (1745-1748). Edición de Isabel Morant Deusa, Ediciones Cátedra, Universitat de València, Instituto de la Mujer, Colección Feminismos, 1997.

El Discurso sobre la felicidad de Madame du Câtelet se escribió entre los años 1745 y 1748, cuando Émilie contaba con casi cuarenta años, y pasaba por una etapa de importantes cambios en su vida; quizá el más significativo para ella, conduciéndola durante un período indeterminado de tiempo a una vida desordenada, fue el enfriamiento definitivo del amor que Voltaire sentía por la marquesa y su transformación en amistad, pero este nuevo sentimiento hacia su antiguo amante también la hará feliz, y así lo expresa ella en su Discurso"La certidumbre del imposible retorno de su inclinación y su pasión, pues no es algo que esté en la naturaleza, condujo insensiblemente mi corazón al sentimiento apacible de la amistad, y este sentimiento, unido a la pasión por el estudio, me hace bastante feliz" (p. 114).

El texto viene a ser un repaso de la experiencia vital de la marquesa, movida -quizá- por la necesidad de poner orden a sus sentimientos y por la búsqueda de algún otro tipo de pasión o emoción que la ayudara a ser feliz nuevamente, abandonando de esta forma el estado de infelicidad provocado por esta ruptura amorosa con Voltaire. Ester marcado carácter intimista, quizá fue la razón de que Émilie no lo publicara en vida y se lo enviara, seguramente, a Saint-Lambert, su último amante; quien en 1762 lo lleva a un editor, que pretende incluirlo en una colección de tratados sobre la felicidad, junto a Fontenelle, Lévesque du Pountilly, Le Mattrie y Maupertuis. Pero la obra, que se publicaría bajo el título de Le temple du Bonheur ou recueil des plus excellents tratés sur le Bonheur, no incluyó el de Mme du Châtelet; al parecer fue el propio Saint-Lambert quien lo retiró a petición del joven Marqués du Châtelet, que no quería ver publicados los amores de su madre con Voltaire. Por decoro, era mejor callar.

La lectura del libro nos muestra que Madame du Châtelet es una persona con gran fuerza y vitalidad, independiente pero a la vez otorga mucha importancia a los demás en la consecución de su felicidad;  pues que ella sea feliz va depender en gran medida del estado de felicidad de sus amigos y, por tanto, de la ausencia de su dolor o desgracia. De ello se deriva que el amor y la amistad fueron dos valores muy arraigados en la personalidad de la marquesa, que como ella misma se define en el amor es extrema. Sin embargo, esta forma de proceder se contradice con una de las condiciones que han de reunir sus pasiones para lograr su felicidad, que no es otra que la independencia, pues como ella dirá cuanto más dependen de nosotros estas pasiones mayormente contribuyen a nuestra felicidad. Por el contrario, el amor y la amistad son dos pasiones que dependen casi por completo del otro.

Además, también se desprende de la lectura del libro que estas dos pasiones, el amor y la amistad, son las que más hacen sufrir a Émilie; en la distinta correspondencia se aprecian los reproches que Mme du Châtelet dirige a sus amigos con la intención de pedirles una amistad recíproca, y para ello es muy cuidadosa en su lenguaje y no le importa si tiene que escribir largas cartas para cultivar esas relaciones de amistad.

Dentro de las limitaciones de la época, nos encontramos con una mujer que ha sabido compaginar bien sus devaneos amorosos con su relación matrimonial, lo que explica que su matrimonio se debió más a su necesidad de ascender en el escalafón social que a su deseo de amor y de fundar una familia, y también seguramente a la presión que la sociedad y sus estereotipos, aún dentro de esta clase elitista, pudo ejercer sobre la voluntad de Émilie, pues por aquella época la idea predominante respecto a las mujeres, fueran éstas nobles o campesinas -aunque con ciertos matices importantes-, era que éstas habían de desempeñar su rol reproductivo, y que el destino de la mujer venía a ser, por ende, el matrimonio, pues es la única forma de ser esposa, madre y ama de casa.

Lo que sí va a cultivar con ahínco será su pasión por el estudio, abarcando disciplinas muy diversas, que le han ayudado a formarse un pensamiento sólido, crítico y erudito, y convirtiéndose en un referente para otros escritores y científicos, cuya admiración y respeto se había ganado.

Finalmente, quiero señalar que Mme du Châtelet ha sabido cautivarme desde las primeras páginas hasta las últimas: una mujer luchadora, por cuanto no desfallece en su empeño por conseguir el reconocimiento de sus obras y de su persona como intelectual de prestigio entre sus colegas contemporáneos... no hizo falta dejar los pompones para que Mme du Châtelet consiguiera el puesto que se merecía en un ámbito mayormente ocupado por hombres.