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lunes, 11 de agosto de 2014

Mujeres en la Ilustración (II). Los Salones de Conversación


El marco de la Ilustración quedaría incompleto sin una referencia a los salones de conversación, que constituían lugares de encuentro de las figuras más relevantes de todos los campos: filosofía, ciencia, política... Estaban regidos por mujeres y, entre los más famosos, se encuentran los de Madame Geoffrin, Julie de Lespinasse y Madame du Deffand.

"Antes que el escrito, la palabra; antes que la creación, la conversación, es decir el salón, [...] uno de los raros espacios de libertad en donde la mujer podía expresarse" (Claude DULONG). Este párrafo subraya la importancia del salón en la actividad creadora femenina del siglo XVIII.

El antecedente de los salones lo encontramos en las Cortes de las princesas y reinas cultas europeas, sobre todo de los siglos XVI al XVIII, que convertirían sus cortes en centros de cultura -estas mujeres refutarían con vivacidad las tesis de los antifeministas-. Pero el salón sólo aparecerá cuando la cultura abandone las Cortes y los Palacios y penetre en las casas particulares, dispersándose por toda la ciudad. Desde ese momento, los salones se convierten en medios difusores de la cultura entre las mujeres, pues se traducen en la única "posibilidad que tenían de aprender aquello en cuya ignorancia las habían mantenido la familia, la escuela y el convento".

En este sentido, podríamos tratar de definir los salones de conversación como una reunión mixta (hombres y mujeres) de personalidades de las artes o de las letras en casa de una mujer distinguida, sobre todo en los siglos XVIII y XIX, considerándose que fue en el siglo XVIII cuando resurgieron con esplendor, sobre todo en Francia. Tenían carácter pedagógico, pues se encaminaban a la formación tanto de las mujeres como de los hombres mediante el ideal de una educación mundana, que mezcla las diversas "recetas del arte de agradar, de escribir, de conversar...".



El lenguaje utilizado, en estos salones, se torna más refinado, claro y agradable, adaptándose así a las reglas del juego de la conversación; pues en ellos se concentran grandes señores, artistas y escritores de todos los tiempos, participando algunas mujeres de esta élite cultural, y sintiendo unas pocas de ellas la tentación de pasar de la conversación a la creación. Asimismo, el hecho de que mujeres y hombres participen conjuntamente en la vida de salón en Francia durante el siglo XVIII favorecerá el despertar en ellos del espíritu de las luces; quedando una tradición social de buenas relaciones, de intercambios, de juegos verbales entre ambos sexos, en definitiva, de seducción y galantería.

Las anfitrionas de estos salones eran mujeres "parisinas, favorecidas por el nacimiento y/o la fortuna, y cuyos maridos" o eran muy liberales o habían fallecido o estaban ausentes; y también mujeres solteras (como Mlle. de Scudéry) que no dependieran de sus padres. Pero además se requería un mínimo de cultura, esto es, que fueran mujeres cultivadas e inteligentes, con quienes se podía debatir y cuestionar las ideas religiosas, políticas y científicas, y capacitadas para impulsar estos debates. Pues no había civilización, digna de llamarse así, si no concedía a la mujer un lugar privilegiado. Estas mujeres, llamadas "salonnières", ayudaron a que la mujer y París se situaran en un primer plano. Ni santas ni heroínas, los rasgos constantes en ellas fueron: la ambición mundana, a la que sacrificaron muchas veces su libertad y hasta sus gustos personales; su autoridad moral; la presencia del amante o amigo entre los contertulios, en una época liberal donde un adulterio, consagrado por una larga duración, podía llegar a ser hasta venerado.

Los salones del siglo XVIII, con palabras de Pierre GRIMAL, fueron el caldo de cultivo del pensamiento filosófico; y adquirieron un papel más profundo y extendido que en el siglo precedente, debido mayormente al gran número de salones cuya reputación traspasó fronteras y siglos. Entre ellos, podemos destacar los salones literarios de Mme. Lambert y Mme. de Tencin; los salones filosóficos de Mme. du Deffand, de Mme. Geoffrin y de Mlle. Julie de Lespinasse; y los salones filosófico-políticos de Mme. d'Épincy, d'Holbach, de Mme. Helvétius y de Mme. Necker. En estos salones, su anfitriona recibía varios días a la semana teniendo en cuenta las afinidades de sus visitantes. Además, el estilo de la conversación era muy distinto al del siglo XVII: de espíritu más vivo, más alegre y entrecortado, quedando plasmado en la correspondencia de mujeres, género en el que triunfan las mujeres de talento del siglo. 




BIBLIOGRAFÍA: 

DULONG, Claude: "De la conversación a la creación", en Historia de las Mujeres en Occidente, vol. 3: Del Renacimiento a la Edad Moderna, Madrid, Taurus, 1992.

GRIMAL, Pierre: Histoire mondiale de la femme, Nouvelle Librairie de France, 1966