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lunes, 18 de agosto de 2014

Madame du Châtelet (III). Su estancia en Cirey (1735-1740)

Castillo de Cirey

Después de meditar bien su decisión de dejar París y marcharse a Cirey junto al hombre que ama, quedaba otro escollo que resolver antes de partir al encuentro de su felicidad, que como ella misma la concibe es "el placer de pasar todos los momentos de mi vida con la persona que amo". Y ese escollo no es otro que el de resolver los problemas que dicha decisión puede suscitar en su ámbito familiar, pues no hemos de olvidar que se trata de una mujer casada; esa preocupación se la transmite a su amigo Richelieu, solicitándole su colaboración en una carta que le envía en mayo de 1735:
Si ve al señor Du Châtelet, de lo que estoy segura, háblele de mí con estima y amistad; sobre todo, alabe mi viaje, mi valor y el buen efecto que tendrá en sociedad. Háblele de Voltaire sencillamente, pero con interés y amistad, y sobre todo, trate de insinuarle que habría que estar loco para tener celos de una mujer de la que está contento, por la que se tiene estima y que se comporta correctamente; par mí puede ser esencial. (A Richelieu, 22 de mayo, 1735)
No sabemos si Richelieu solucionaría el problema o cómo se las arreglaría Mme du Châtelet con su marido cuando iba a visitar Cirey, pero sí sabemos que en verano de 1735 Émilie abandonaba París con destino a su castillo de Cirey, donde le esperaba Voltaire, su amigo y amante. Y llegó "cargada de baúles, de libros (*), instrumentos de laboratorio, pero sobre todo llena de entusiasmo, dispuesta a construir un paraíso en la Tierra". Permanecerían allí durante diez largos y felices años, salvo breves estancias en París y algunos viajes al extranjero.

Aquellos años se caracterizan por el deseo de Mme du Châtelet de desarrollar un proyecto de vida personal centrando sus relaciones con los demás en tres pilares básicos: el amor, la amistad y el estudio. El escenario de este proyecto de vida será Cirey, y los personajes, Voltaire, Richelieu y Maupertuis como protagonistas principales, y como extras otras personas que irán apareciendo en su vida.

El amor entre Émilie y Voltaire será el eje sobre el cual gire la vida en Cirey, compartiendo ambos los placeres de la vida mundana: juego, texto, ópera, paseos, pero sobre todo estudio; siendo ésta, sin lugar a dudas, la época más creativa y productiva de Mme du Châtelet. Asimismo, también estará pendiente, tomando parte activa, de todos los asuntos que conciernen a la vida y a la obra de Voltaire: éste se convertirá en el punto central de la vida de Émilie, produciéndole un doble sentimiento de complacencia: el que le provoca la relación con el hombre célebre, valor importante para una mujer que como ella ansía la filosofía, y el que le produce el sentirme amada por él. Y para Voltaire, Émilie es la mujer de todas las perfecciones y méritos.

La vida en Cirey se convertirá en un estilo de vida deseado y valioso por y para Voltaire, permaneciendo durante mucho tiempo en intensa relación con Émilie, que representa para él todo aquello que ama y que parece tener todo cuanto él anhela. Se trata de un exilio voluntario y grato, en el que se resguarda de todas las injusticias de sus enemigos, grandes y pequeños. Y Mme du Châtelet será su estímulo intelectual y su protección frente a las tensiones provocadas por sus escritos ante la censura o ante la opinión, no siempre favorable.



Pero, ¿cuál era la aportación de cada cual en este proyecto de convivencia y estudio? Ángeles Macarrón considera que la mayor aportación de cada uno fue su conocimiento en distintas disciplinas: Voltaire, en letras e historia; y Émilie, en la metafísica, la matemática y la filosofía natural; y esta unión implicó una influencia recíproca y la producción de un entramado nuevo y común de inquietudes intelectuales cuyo resultado fue un curioso y rico legado, reflejo a su vez de las preocupaciones teóricas de la época.

La primera incursión de Émilie en la creación literaria va a ser la traducción de una obra de ética: La fábula de las abejas, de Mandeville, que le resultó fascinante, aunque esta traducción quedaría inédita; pero no sólo se limitará a traducirla sino que la pasó del verso a la prosa, le añadió numerosos comentarios y opiniones distintas a las del autor.

Durante ese mismo período, Voltaire elaboraba en Cirey su Metafísica, con el propósito, como él dice, de explicarse las cosas del mundo; escrita en colaboración con la Marquesa du Châtelet que, contenta con la obra, la dará a conocer entre sus amigos, pero prudentemente se asegurará de que el ensayo de Voltaire quede guardado bajo llave, para evitar el conflicto que por su contenido teme que se produzca.

Por la misma época, Mme du Châtelet empezará a traducir a Newton del latín para hacer una versión comentada en francés. También Voltaire se ocupará de la física del inglés y, consecuencia de ello, elaborará más tarde su obra Les Elements de la Philosophie de Newton, en el momento de máximo entusiasmo por Newton en Cirey y que Voltaire encabeza con una Epístola dedicada a Mme la Marquesa du Châtelet, llamándola Mme Newton: 
"El estudio sólido que ha hecho de varias verdades nuevas, y el fruto de un trabajo respetable, son lo que ofrezco al público para vuestra gloria, para la de vuestro sexo, y para la utilidad de cualquiera que desee cultivar su razón y disfrutar sin esfuerzo de vuestras investigaciones [...] Usted se ha concentrado en este estudio del que yo doy cuentas".
También podemos resaltar la participación, junto a Voltaire aunque con su desconocimiento, de Mme du Châtelet en el premio anual de la Real Academia de las Ciencias, cuyo tema es la naturaleza y la propagación del fuego. Esto conllevará la primera experiencia de Voltaire en los laboratorios de Cirey y la entrada de nuevos libros de química al castillo, discutiéndose animosamente el tema entre Voltaire y Émilie. Ninguno de los dos obtendrá el premio, pero en 1738 la Academia publicará las obras de Voltaire y de Émilie, a pesar de su rechazo abierto a la filosofía cartesiana.

En definitiva, durante estos años se desarrolla una intensa actividad intelectual en el Castillo de Cirey, barajándose una infinidad de autores y temas en aquella pequeña comunidad científica, caracterizada por intereses distintos y concurrentes; destacándose la presencia activa de Mme du Châtelet en las tareas que allí se realizan.


(*) Llegará a tener una biblioteca con más de 21.000 volúmenes, equiparable a una excelente biblioteca universitaria del siglo XVIII.



BIBLIOGRAFÍA:

MACARRÓN MACHADO, Ángeles, “Ciencia, vida y metafísica en Madame du Châtelet”, Fundación Canaria Orotava de Historia de la Ciencia, en http://es.scribd.com/doc/28611682/CIENCIA-VIDA-Y-METAFISICA-EN-MME-DE-CHATELET-Angeles-Macarron-Machado-IES-Agustin-de-Bethencourt-y-FCOHC

MADAME DU CHÂTELET, Discurso sobre la felicidad y Correspondencia, Edición de Isabel Morant Deusa, Ediciones Cátedra, Universitat de València, Instituto de la Mujer, Colección Feminismos, 1997.

Todas las citas están tomadas de estas dos fuentes