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jueves, 31 de julio de 2014

Las Trece Rosas: la Causa 30.426 (I)



Las ejecuciones de mujeres habían comenzado el día 24 de junio de 1939, con el fusilamiento de las hermanas Guerra Basanta, Manuela y Teresa, y rara era la semana en la que no hubiera alguna, pero podemos decir que bajo este número, la causa 30.426, se escondió una de las matanzas más atroces del siglo XX: el vil asesinato colectivo celebrado en las tapias del Cementerio Este de Madrid el 5 de agosto de 1939 de trece jóvenes, muchas de ellas menores de edad, que ha pasado a la historia como la ejecución de las "Trece Rosas Rojas". 

Su destino empezó a marcarse el día 2 de agosto de 1939, cuando fueron llamadas "a jueces", a personarse ante el juez instructor de su causa, "el magistrado Eduardo Pérez Griffo, de treinta años, capitán honorífico del Cuerpo Jurídico Militar y titular del Juzgado Militar número 8, que había instruido el sumario con la colaboración del falangista José Zubizarreta Gutiérrez como secretario", bajo la acusación de "rebelión militar", "por el que el fiscal les pedía la pena de muerte". A pesar de que habían sido interrogadas por juzgados diferentes y acusadas de delitos distintos, e incluso de que algunas no se conocieron hasta ingresar en la cárcel de Ventas, "la autoridad judicial había decidido refundir sus causas en una sola y dar así unidad a una investigación que no la tenía".

La instrucción finalizó con un auto de procesamiento y compendio de las actuaciones, en el que el magistrado las acusaba, junto a otras dos mujeres y a otros cuarenta y tres muchachos más, "de formar parte de las Juventudes Socialistas Unificadas, una de las organizaciones que (...) pretende ejecutar en España las órdenes que le vienen del extranjero para procurar el fracaso de las instituciones político-jurídicas del Nuevo Orden Estatal, que el Ejército y la Falange han dado e impuesto a España (...)", además de formar parte de una red "de apoyo a los presos" y, como acusación más grave, la de proyectar "un golpe de mano el día del desfile de la victoria, para lo cual habían recogido armas y explosivos", con el fin de "boicotear las iniciativas de engrandecimiento patrio, y seguir en la paz la misma tónica que en la pasada guerra: infamias, mentiras, atentados, lucha de clases, comunismo, masonería, etc.". Entre medias se las acusaba de preparar un atentado contra Franco y de inductor@s del asesinato del comandante de la Guardia Civil Isaac Gabaldón Irurzun, cometido el día 29 de julio de 1939, cuando todas las personas condenadas a muerte bajo este fatídico número llevaban tiempo en prisión.

Al día siguiente, el 3 de agosto de 1939, comenzaría un final sin retorno, en principio, para catorce mujeres cuyo delito fue luchar por la libertad, y ayudar a las personas más necesitadas; la única evidencia que podría constarle a la autoridad judicial era la pertenencia de algunas de ellas a las Juventudes Socialistas Unificadas y al Partido Comunista de España, pero otras, como por ejemplo Blanca Brisac, no había pertenecido ni se le conocía ideología política.

Casi 75 años después, el espíritu de las Trece Rosas debe permanecer en nuestra memoria colectiva; porque representa un pasado que es necesario conocer y esclarecer para poder hacer justicia. Una justicia que se sigue negando a miles de personas que dieron su vida por la democracia y siguen enterradas en fosas comunes.

La Historia pondrá a cada persona en su lugar, y, los nombres de las Trece Rosas no se han borrado en la Historia, como pidió Julia Conesa Conesa, en la última carta que escribió a su familia, poco antes de ser vilmente asesinada. Recordemos, nuevamente, sus nombres: Ana López Gallego, Victoria Muñoz García, Martina Barroso García, Virtudes González García, Luisa Rodríguez de la Fuente, Elena Gil Olaya, Dionisia Manzanero Sala, Joaquina López Laffite, Carmen Barrero Aguado, Pilar Bueno Ibánez, Blanca Brisac Vázquez, Adelina García Casillas y Julia Conesa Conesa.




PARA QUE VUESTRA MEMORIA PERDURE A TRAVÉS DE LOS TIEMPOS

El sol esa mañana
salió vestido de negro.
Se ocultó tras una nube
no quería ver
lo que estaba viendo.
La luna se fue llorando
para no verlo;
se quitó la bata de cola
y la cambió por un vestido
de crespón negro.
Lloraba gotas de sangre
sobre las tapias del cementerio
de la Almudena, testigo mudo
de aquel suceso.
También lloró la paloma
por las Trece Rosas
caídas, inertes en el suelo
y de tantos compañer@s.
Era la España negra,
sin libertad ni derechos.
Balas de acero
os quitaron la vida,
la libertad, la esperanza
y los sueños.
Fueron voces calladas
a sangre y a fuego.
Para l@s que dieron su vida,
para l@s que fueron encarcelad@s,
para l@s que fueron encerrad@s
en los campos de concentración 
sin libertad ni derechos.
Para l@s perseguid@s.
Para l@s que aún viven.
Para los sueños rotos
de tant@s compañer@s.
Para que vuestra memoria
no quede en el olvido.
Aunque no caminemos junt@s
y el esplendor de las flores
no os devuelvan la vida
viviréis para siempre
en nuestros corazones
y vuestro recuerdo
perdurará en nosotr@s
a través de todos los tiempos.

LAS TRECE ROSAS
FUENTES: Las Trece Rosas Rojas, de Carlos Fonseca; La voz dormida, de Dulce Chacón; Blog Hablandorepublica; Blog cuadernosdealfonsosalazar; Poema: http://trecerosas.crearforo.com/poesia-a-las-trece-rosas-tema80.html

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