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jueves, 17 de julio de 2014

Denuncias falsas por violencia de género: La culpa la tiene Toni Cantó

"Andrea Momoitio presencia cómo la policía trata como sospechosa a una mujer agredida por su pareja. Una cuestionable actuación policial escudada tras el mito de las denuncias falsas. 



Once y media de la noche. Aún, cinco de junio. Bilbao. Pequeña ciudad de un país desarrollado (o arrollador). Estoy haciendo la cena y escucho unos gritos desgarradores. De mujer, como prácticamente todos los gritos desgarradores que he oído en mi vida. Mi novia y yo bajamos las escaleras corriendo. Vivimos en un sexto. Llegamos al portal y nos encontramos a una mujer, una de las nuestras, sangrando de diferentes cortes en las dos manos. A su lado, él. Su pareja. El agresor. Ella se esfuerza en explicarnos lo que ha pasado:
-Él ha ido a la cocina. No sé que ha traído y me ha hecho esto.
-Pero, ¿ha sido un accidente?
-No, accidente, no.
Él se defiende. Dice que no ha hecho nada. Mientras yo me quedo con ella, mi novia sale en busca de alguna patrulla. Vivimos en San Francisco, un céntrico barrio bilbaíno atestado de agentes. Su presencia siempre es evidente y se hace evidente en cada uno de sus gestos. Hoy, sin embargo, parecen estar escondidos.
Apenas quince minutos después de escuchar los gritos, el portal está lleno de policías. Cinco miembros del cuerpo de la policía autonómica vasca y tres municipales. Todos, hombres. Preguntan, con insistencia y sin tacto, qué ha pasado. Ella, responde con el rostro asustado:
-No sé. Ha ido a la cocina y me ha hecho esto. No sé con qué.
Piden que se identifique. Ha nacido en Nigeria. Ella dice que en 1990, pero lo cierto es que parece mayor. El resto de los policías desplegados en la escena fuman, charlan, atienden el teléfono. Otro, habla con el agresor. Él argumenta que ella le ha robado 350 euros. Intervenimos:
-Hemos escuchado unos gritos terribles. Ella no se ha movido de aquí.
-Aunque parezca mentira – responde uno de los uniformados- también hay hombres víctimas.
-Claro, claro que parece mentira – respondemos a la vez.
Meten a la mujer a nuestro portal. Le piden que saque todo lo que tienen en el bolso y en todos los bolsillos.
-Tranquilas, que a registrarla va a venir una mujer – matizan.
Y así es. Una policía, que podríamos confundir con una de las nuestras, llega en taxi a la escena. La situación ya era entonces kafkiana. Registran a la mujer y, tal y como era de suponer, no lleva el dinero que le acusaban de haber robado encima. Los agentes buscan por debajo de los coches y en las papeleras. Nada. Ni rastro.
-Es increíble cómo habéis actuado – criticamos.
-No deis nada por hecho. Hay muchísimas denuncias falsas.
Y para cuando queremos reaccionar, tres policías nos están explicando cómo es tan hartos de vivir situaciones en las que las mujeres denuncian a sus maridos porque eso, y cito textualmente, “les aporta grandes beneficios, sobre todo a las de ciertas etnias”. La víctima sigue en el portal. Entran y salen. Cierran la puerta y no podemos ni ver ni escuchar qué está pasando dentro.
-Eso no es cierto. Hay datos que demuestran que las denuncias falsas son anecdóticas.
-No es verdad – sigue el que parecía más dolido con el tema-. Incluso hay un juez imputado por demostrar que es habitual poner denuncias falsas. No es políticamente correcto, pero es así.
-No hay que juzgar -prosigue el que parece el jefe del grupo – pero es lo que vemos habitualmente.
Mientras tanto, llega la ambulancia. Atienda a la víctima y deciden, previa llamada telefónica a un médico, que es buena idea llevarla al hospital. Uno de ello sigue hablando por teléfono intentando saber quién es. No tienen documentación y la información que les ha dado parece falsas. Se la llevan al hospital y tendrá que acudir como requerida por tener papeles. Eso dicen los hombres uniformados, que siguen entonces argumentando lo común que son situaciones en las que las mujeres denuncian a sus parejas para ganar algo a cambio.
 -¿Cómo ha quedado el otro VG? – se preguntan entre ellos.
-¿VG es violencia de género – consulto.
-Sí
-¿Atendéis muchos casos?
-Sí. Llamadas muchas. Denuncias ciertas, no tantas.
La discusión continua. Argumentan y argumentan, dicen que no están valorando, que sólo se limitan a contarnos lo que han podido observar. Intentamos hacerles entender que ellos, como policías – no seres humanos- no pueden juzgar, que la justicia es cosa de los jueces y las juezas y que ya respondieron al llamado de Toni Cantó con datos.
-El Supremo no es Dios – sentencia uno de ellos.
Tú tampoco, pienso. Y menos mal. Nuestro futuro sería más cierto y menos peligroso en manos de un dios arbitrario. Al menos no iría uniformado.
El agresor sigue aquí. Cinco pisos debajo de mi casa. La sangre aún puede verse en el portal."
FUENTE: Pikara Magazine

Este texto trae a mi memoria la polémica que se originó a principios del año 2013, en febrero concretamente, sobre el tema de las denuncias falsas en los delitos por violencia de género.

Dicha polémica cobró protagonismo cuando el diputado de UPyD y portavoz en la Comisión de Igualdad por este partido, Toni Cantó, afirmó en Twitter que "la mayoría de las denuncias por violencia de género son falsas" y que "los fiscales no las persiguen", en febrero de 2013.

Dicha afirmación fue desmentida, con contundencia, por el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), que, basándose en datos contenidos en la Memoria de la Fiscalía General del Estado de 2012, aseguró que en el año 2011 las denuncias falsas por delitos de violencia de género ascendían a 19 de un total de 134.002, lo que representa tan sólo el 0,01% del total. 

Aunque ante la opinión pública el tema de las denuncias falsas cobrara protagonismo a través de estas afirmaciones, la Fiscalía ya había comenzado  a realizar un seguimiento de las mismas desde 2009, en relación con aquellos supuestos en los que las hipotéticas víctimas de maltrato interponían denuncias contra su agresor por hechos que no se habían producido, con el objetivo de obtener los privilegios asistenciales recogidos en la ley contra la Violencia de Género o para acelerar un procedimiento de separación o divorcio o utilizar esta denuncia como moneda de cambio en la obtención de ventajas en el conflicto matrimonial (ABC, 26/02/2013).

Pero, ¿por qué se le da tanta importancia, poniéndose el grito en el cielo, ante el insignificante número de denuncias falsas por violencia de género, cuando, por una parte, más de medio centenar de mujeres muere cada año a manos de sus parejas o ex-parejas, y por otra parte, existen otros tipos de delitos en que se produce un mayor número de denuncias falsas, e incluso de simulación de delito, como pueden ser los casos en que se denuncia un robo o un falso accidente para cobrar el seguro o que éste se haga cargo del arreglo del vehículo (en el año 2013, se incrementaron sólo en las ciudades en un 11,27% en comparación a las registradas en 2012)? En este sentido, ¿qué diferencias existen entre unas denuncias falsas y otras, si todas ellas pueden ser constitutivas de delito? ¿Por qué las primeras merecen la desvalorización de gran parte de la ciudadanía y las otras no?


En el caso de la violencia de género, por muy ínfimo que sea el porcentaje, está cuestionando los pilares "sagrados" de la sociedad patriarcal y androcéntrica en la que vivimos, donde las mujeres -de una u otra manera- debemos permanecer bajo el yugo masculino.