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jueves, 3 de julio de 2014

Mujeres Ganadoras del Premio Nobel (XXXII). Rigoberta Menchú

Premio Nobel de la Paz, en 1992.


"El tesoro más grande que tengo en la vida es la capacidad de soñar. En los momentos más difíciles, en las situaciones más duras y complejas he sido capaz de soñar con un futuro más hermoso".
Rigoberta Menchú Tum          

Rigoberta Menchú Tum (Uspantán, 9 de enero de 1959) es una lideresa indígena guatemalteca, miembro del grupo maya quiché, defensora de los derechos humanos; embajadora de buena voluntad de la UNESCO y ganadora del Premio Nobel de la Paz (1992) y el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional (1998).

Vio morir de hambre, por envenenamiento o asesinados a tres hermanos, su madre y su padre, en una de las represiones más cruentas de la historia de América Latina. A partir de un conmovedor testimonio personal, esta mujer se proyectó como el símbolo de la resistencia indígena.

"Me llamo Rigoberta Menchú y así nació mi conciencia". Fue la frase con la que esta indígena guatemalteca tituló la historia de su vida. Una historia que conmovió al mundo y dio inicio a una acción social y política que ha convertido a esta mujer en el espíritu vivo de los pueblos indígenas latinoamericanos.

Su voz vino desde la exclusión y narró una dramática historia de opresión y de confrontaciones en la que cayeron cinco de sus más cercanos familiares.

Era la historia secreta de cuarenta años de violencia rural en Guatemala, desde los tiempos en que un ejército de oficiales, fieles a las empresas bananeras norteamericanas, arrojaron del Gobierno al izquierdista Arbens e instalaron un régimen militar represivo, abierto en momentos y disfrazado de democracia en otros. Fueron más de treinta años durante los que la represión provocó alrededor de ciento cincuenta mil víctimas, la mayoría campesino.

Rigoberta Menchú se ha destacado por su liderazgo al frente de las luchas sociales en el ámbito nacional e internacional. El 12 de febrero de 2007 anunció que se postularía en las elecciones presidenciales de Guatemala de ese año, por la coalición de partidos WINAQ y Encuentro por Guatemala; quedó en quinto lugar con un 3,09 %. Pese a la derrota, el 7 de mayo de 2011 el partido indígena WINAQ, junto a otros partidos, la proclamaron como candidata presidencial para las elecciones presidenciales del 11 de septiembre de 2011 en el Frente Amplio de Guatemala.


"Votar es poder, por eso nosotros le pedimos a este pueblo que salga a votar, porque cuando le damos el voto a una institución o a un político, le damos nuestro poder".
Menchú nació en San Miguel Uspantán, ubicada en el departamento de El Quiché. Es hija de Vicente Menchú Pérez y de Juana Tum Kótoja, dos personajes muy respetados en su comunidad. Según su autobiografía, su padre fue un campesino indígena activista en la defensa de las tierras y los derechos de su pueblo y su madre era una indígena experta en problemas de partos, en zonas rurales, donde no llegaban los médicos (una partera, tradición indígena pasada de generación en generación).

Desde muy pequeña conoció las injusticias, la discriminación y la explotación a las que son sometidos los indígenas de Guatemala, que viven en la pobreza extrema. A los cinco años comenzó a trabajar en una finca de café, en condiciones tan pésimas que fueron la causa de la muerte de hermanos y amigos suyos, así como de la represión de la que fue víctima su comunidad por parte de terratenientes y miembros del ejército de Guatemala.

Desde joven se involucró en las luchas reivindicativas de los pueblos indígenas y campesinos lo que le valió persecución política y el exilio. En 1979, fue miembro fundadora del CUC (Comité de Unidad Campesina) y de la ROUG (Representación Unitaria de la Oposición Guatemalteca), de la que formó parte de su dirección hasta 1992.

La Guerra civil de Guatemala tuvo lugar entre 1962 y 1996, aunque la violencia estalló años antes.

Varios miembros de su familia, incluida su madre, fueron torturados y asesinados por los
militares o por la policía paralela de los "escuadrones de la muerte". El 31 de enero de 1980, su padre Vicente fue una de las 37 personas -entre las que se contaba el cónsul español Jaime Ruiz del Árbol- que la Policía Nacional de Guatemala quemó vivas con fósforo blanco en la Masacre de la embajada española en la ciudad de Guatemala. Mientras sus hermanos optaban por unirse a la guerrilla, Rigoberta Menchú inició una campaña pacífica de denuncia del régimen guatemalteco y de la sistemática violación de los derechos humanos de que eran objeto los campesinos indígenas, sin otra ideología que el cristianismo revolucionario de la "teología de la liberación"; ella misma personificaba el sufrimiento de su pueblo con notable dignidad e inteligencia, añadiéndole la dimensión de denunciar la situación de la mujer indígena en Hispanoamérica.

Para escapar a la represión se exilió en México (1980), donde publicó su autobiografía en 1983; recorrió el mundo con su mensaje y consiguió ser escuchada en las Naciones Unidas. También viajó a Ginebra, donde participó de un grupo de trabajo de la ONU sobre poblaciones indígenas, para reivindicar y promocionar los derechos y defender la vida de todos los pueblos indígenas de América. En 1988 regresó a Guatemala, protegida por su prestigio internacional, para continuar denunciando las injusticias. 

En 1992, la labor de Rigoberta Menchú fue reconocida con el Premio Nobel de la Paz, convirtiéndose en la primera indígena y la mujer más joven en recibir este galardón, por su contribución a la justicia social y a la reconciliación entre diferentes grupos étnicos. Ella declaró:
"Soy hija de la miseria y la desigualdad social; soy un caso ilustrativo de marginación, por ser maya y mujer; he sobrevivido al genocidio y la crueldad".
Con el dinero del Premio Nobel creó la Fundación Vicente Menchú, su padre, para ayudar a los más necesitados, no sólo indígenas, y una organización que se encarga de representarla en zonas de conflicto y de participar en encuentros internacionales. 

Su candidatura fue sostenida por el Premio Nobel argentino Adolfo Pérez Esquivel, cuyo país fue visitado por Rigoberta Menchú en agosto de 1992. Su recorrido y la campaña pronobel contó con la organización de Ana González (antropóloga) (hija del también antropólogo Rex González) y de Lucrecia Lomban (secretaria de la APDH Quilmes), entre otros activistas y organizaciones humanitarias.



El Premio Nobel le fue otorgado en reconocimiento a su lucha por la justicia social y reconciliación etno-cultural basado en el respeto a los derechos de los indígenas, coincidiendo con el quinto centenario de la llegada de Colón a América, y con la declaración de 1993 como Año Internacional de los Pueblos Indios.

En la lectura del premio, reivindicó los derechos históricos negados a los pueblos indígenas y denunció la persecución sufrida desde la llegada de los europeos al continente americano, momento en que concluyó una civilización desarrollada en todos los ámbitos del conocimiento; también reflejó la necesidad de la desmilitarización y la justicia social en su país, Guatemala, así como el respeto por la naturaleza y la igualdad para las mujeres.

Gran parte de la popularidad le vino de su libro autobiográfico de 1982-1983, Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia, escrito por Elizabeth Burgos a partir de sus conversaciones con Rigoberta Menchú.

Premios y honores

En 1991, participó en la preparación de la declaración de los derechos de los pueblos indígenas por parte de las Naciones Unidas.

En 1998, fue galardonada con el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional, junto con Fatiha Boudiaf, Fatana Ishaq Gailani, Somaly Mam, Emma Bonino, Graça Machel y Olayinka Koso-Thomas por su trabajo, por separado, en defensa y dignificación de la mujer.

En 2006 participó como embajadora de buena voluntad de la Unesco del gobierno de Óscar Berger.

Fue mencionada en el Libro Guinness de los Récords por ser la ganadora más joven del Nobel y ser la primera indígena en ganar ese premio.

Desde mayo de 2004 apoya la labor y el compromiso de la fundación Comparte. Apoya su trabajo en América Latina, con el fin de educar en la Cultura de Paz y colaborar en la defensa de los derechos de miles de niños.

Defensora incansable del respeto de los derechos humanos y de todos los pueblos indígenas, sigue trabajando para resolver las carestías sociales y a pesar de su esfuerzo, en su propio país, no todos apoyan su labor. 

Para esta mujer ejemplar toda esta lucha es para un futuro mejor: "soñemos un milenio de paz, sin derramamientos de sangre, que nos involucremos en la lucha para la paz, que sintamos amor y entrega por la Humanidad".




FUENTES: WIKIPEDIA, EL ORTIBA, MUJERES QUE HACEN LA HISTORIA
IMÁGENES: GOOGLE