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sábado, 24 de mayo de 2014

Poesía Hecha Por Mujeres (IV). Raquel Ilonbé

RAQUEL ILONBÉ, LA AÑORANZA DE UNA GUINEA IDEALIZADA

En este rincón dedicado a la poesía hecha por mujeres, pretendo dar visibilidad no sólo a las poetisas ampliamente reconocidas, sino también y especialmente a autoras que, a pesar de que su obra literaria merece el mismo reconocimiento, por distintas circunstancias apenas son conocidas fuera de un entorno cercano. 

Ya, en otra parte de este mundo violeta, hablamos de Jhoana Patiño y su obra Ébano; aquí, vamos a hablar de otra poetisa prácticamente desconocida a pesar de que su obra poética es brillante y muy valiosa. Me refiero a Raquel Ilonbé, pseudónimo de Raquel del Pozo Epita, una de las pocas plumas femeninas que ha cultivado la poesía en Guinea Ecuatorial.

Raquel Ilonbé nació en la Isla de Corisco, en la aún Guinea Española, en 1938 y falleció en Madrid, en el año 1992. De madre guineana y padre español, Raquel se desplaza a España, a la provincia de Burgos, con sus padres antes de cumplir el primer año de vida. Estudia música y declamación en el Conservatorio de Madrid. Sólo volverá a Guinea Ecuatorial después de muchos años, tras haberse casado.
Su obra no recoge el exilio, como es el caso de otros autores guineoecuatorianos de la diáspora, y el tema no aparece en su obra, sino que se centra en la búsqueda de sus orígenes, su identidad y la añoranza por su África natal. 

Otro rasgo que aparece en su obra, como proceso de adquisición de la voz, es la visibilización de su cuerpo, como si "se apropiara de él en un ejercicio de romper el silencio y tomar la palabra, consciente de que el discurso es una de las formas de resistencia más importantes, frente a los discursos de poder y de que la mirada autónoma de la mujer es la única que puede descolonizar a la propia mujer".

Su primera publicación fue la colección de poemas Ceiba (1978), escrita entre 1966 y 1978, entre Madrid y Bata, donde da rienda suelta a su añoranza por su país natal, integrando a la perfección los elementos africano y español dentro de su lírica, marcada por una gran sensibilidad y una constante búsqueda de su identidad. Inéditos son los poemarios Nerea, Ausencia, Amor  y Olvido.

En 1981 publica Leyendas guineanas, que se trata de una recopilación de ocho leyendas y cuentos tradicionales fang, bubi y ndowe. Para conseguir el material del libro, la autora tuvo que recorrer los pueblos de la Guinea profunda en busca de ese caudal cultural en vías de desaparición. Estos relatos se enmarcan dentro de esa intensa búsqueda de identidad y de raíces. Leyendas guineanas puede considerarse como el primer texto escrito de literatura infantil de la Guinea Ecuatorial. 

Donato Ndongo define a Raquel del Pozo Epita, a Raquel Ilonbé, como "la eterna niña mulata de madre corisqueña y padre español que siempre vivió en la añoranza de los húmedos calores de su infancia, de los que fue arrancada para ser trasplantada a la gélida sequedad de la meseta castellana. A su muerte, en 1992, nos dejó, además de Leyendas guineanas (1981), única recopilación de cuentos tradicionales adaptadas para el público infantil, un libro de poemas, Ceiba (1978): un continuo susurro, que se pierde suave y espumoso como las olas en la arena de las playas de Bata, y que se posa para siempre en nuestro oído como un mensaje integrador no sólo en la síntesis negro/blanco, africano/español, sino de las culturas de nuestro propio país" (Literatura Moderna Hispanófona en Guinea Ecuatorial, on-line http://www.angelfire.com/sk2/guineaecuatorial/literatura.htm)



ALGUNOS POEMAS

LOS RÍOS HABLAN (Ceiba 32)

Los juncos tapen mi cuerpo,
mis pies, mi cara,
que nadie vigile
que escucho en silencio el agua
de los ríos que me hablan.

El sonido de las piedras,
al rozarse con el agua,
son besos de tarde y luna,
y besos de madrugada.

Un día me dijo alguien
que los ríos nunca hablan,
que sólo siguen su curso
y sin palabras escapan.

Qué triste pasé aquel día
al escuchar sus palabras,
me fui corriendo hacia el río 
para que él me explicara
por qué yo le oigo tan claro
y otros no le oyen nada.


¡ADIÓS, GUINEA, ADIÓS! (Ceiba 45)

Me fui cantando en solitario
una canción de amor y olvido,
las marcas de mis pies
dejé en la arena,
que las olas borraron poco a poco.

La última vez que viviría,
soledad, distancia,
la última vez que sentiría
húmedas las sábanas. 
Siento esa tierra,
la he pisado descalza,
la he tenido en mis manos
dejándome su marca.

He luchado, he vencido,
he creído, he perdido,
he llorado por nada,
me ha empapado la lluvia
mi piel y mis sandalias.
He vivido la selva
de olores penetrantes,
he sido liana viva,
he contemplado absorta
la imagen de la ceiba,
he sentido la fuerza
del que ama en la distancia.

He soñado, he sufrido,
me ha envuelto la nostalgia.
He sonreído al día,
he sido compañera
de las tareas vacías.
La noche fue mi amante,
yo amor que nunca olvida.


COBARDE (Ceiba 52)

No quiero que me recuerden 
que fuiste mi compañía, 
del hedor que echa tu frente 
se infectaron las campiñas. […] 
Cementerio de cuervos es tu cuerpo 
que comieron cobardía 
entre extraña sinfonía, 
de morteros, cencerros 
y coros de ratas muertas.