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miércoles, 28 de mayo de 2014

Mujeres Ganadoras del Premio Nobel (IX). Nadine Gordimer



"Los escritores, si escribimos con honestidad, lentamente, podemos ir transformando el terreno".

Nació el 20 de noviembre de 1923 en Springs (Sudáfrica), en el seno de una familia judía. 

Narradora y ensayista sudafricana en lengua inglesa; fue la primera mujer africana que recibió el premio Nobel de Literatura, en 1991.

Era hija de padres judíos, sionistas ambos, de origen ruso el padre e inglés la madre. Después de un período de aprendizaje autodidacta -provocada por una misteriosa enfermedad que luego se reveló inexistente- y nutrida de copiosas lecturas, entre los que destacaban Chejov y Proust, estudió en la Universidad Witwatersrand, de Johannesburgo, donde vivió siempre porque, como la propia Gordimer afirmaba, "en nuestra época son pocos los que pueden mantener el valor absoluto de un escritor sin referirse a un contexto de responsabilidad. El exilio como modalidad del genio ya no existe".

Como hija de emigrantes judíos, Gordimer tomaría conciencia de la realidad social de su país muy pronto, ya en su adolescencia. Empezó a escribir muy joven y, al tiempo, se hizo militante del entonces clandestino Congreso Nacional Africano (ANC). Defensora incansable de la abolición del apartheid, es la séptima mujer que ha recibido el Premio Nobel de Literatura.


Su obra literaria -ocho novelas y numerosos relatos- es considerada la principal representante de la actual literatura sudafricana. Su presencia intelectual se reparte por igual entre su producción narrativa y su defensa incontestable de la libertad de la población negra, en abierta y beligerante oposición al régimen racista del apartheid. Esta situación es, en la obra de Gordimer, materia narrativa. Precisamente, por este motivo, varias obras suyas han sido prohibidas por las autoridades sudafricanas, como por ejemplo Ocasión de amar (1963) o El último burgués (1966). Su primera obra fue The Soft Voice of the Serpent (1953), una colección de relatos con la que iniciaba su andadura estética explicitada en estas palabras: "la poesía, la narrativa, la pintura, no provienen de los acontecimientos, sino de los ecos que suscitan". 

Del mismo año data su primera novela, The Lying Days, de corte autobiográfico, aunque escrita en tercera persona; puede considerarse esta obra como un Bildungsroman, en donde la autora nos relata la historia de una muchacha que, crecida en una pequeña ciudad minera del Transvaal, se libera poco a poco de su entorno familiar para trasladarse a Johannesburgo, donde entra en contacto con el ambiente intelectual y liberal.

Le siguen el volumen de relatos Six Feet of the Country (1956) y en 1958 la novela A World of Strangers. que tiene por protagonista a una joven inglesa, Toby, que llega a Sudáfrica donde se encuentra con la desgarrada sociedad del apartheid, y donde conoce a un importante personaje negro gracias al cual Toby explora el universo de los negros. En 1960, Gordimer publica el libro de relatos Friday's Footprint y la novela Ocasión de amar, historia de un amor imposible entre un pintor negro y una joven blanca, historia que nos es filtrada a través de la conciencia de una mujer madura.

En 1965, le siguen Not for Publication (relatos) y en 1966 la novela El último mundo burgués, en la que una mujer, Liz, después de recibir un telegrama en el que se le notifica el suicidio de su ex marido, narra, con la objetividad que la larga separación le ha proporcionado, fragmentos de aquella tortuosa relación condicionada por los acontecimientos políticos que sacuden la vida del país y que arrastran a las personas por sendas que no pueden elegir libremente. De una gran calidad estilística, esta novela es un acertado retrato de los conflictos raciales en el seno de la sociedad sudafricana a través de una trágica historia de amor.

De 1970 data A Guest of Honour, novela ambientada fuera de Sudáfrica y sin personajes sudafricanos. Nos cuenta las vicisitudes de un inglés que regresa, después de su liberación, a un país africano ex colonial; por esta obra, Gordimer obtuvo el premio James Tait Black Memorial en 1971. En 1972 publica un nuevo libro de cuentos, Livingstone's Companions, y un año después un texto de ensayos sobre la literatura escrita por sudafricanos negros, The black Interpreters.

Al año siguiente, 1974, publica una de sus más importantes novelas ambientadas en Sudáfrica, con un protagonista afrikaaner, El conservador (The Conservationist), una historia árida que supone un paso adelante en el análisis de la decadencia y la muerte en la que se halla sumida la sociedad blanca; por esta novela recibió Gordimer el premio Booker británico. Vienen después Some Monday for Sure (1976), libro de relatos; La hija de Burguer (Burger's Daughter, 1979), extensa novela situada en el mundo de la ideología y la política, que articula la estructura del Bildungsroman con la temática civil; A Soldier's Embrace (1980), antología de los más bellos cuentos escritos por Gordimer caracterizados por su poder evocativo.

A medida que la situación en Sudáfrica se va deteriorando, la literatura de Gordimer se hace cada vez más comprometida y punzante. Producto de esta situación es La gente de July (1981): Maureen y Bam Smales, contrarios al racismo y conscientes de la injusticia de sus  privilegios, se han esforzado siempre por tratar con amabilidad a July, el criado negro que les sirve desde hace quince años. Cuando estallan las revueltas, los Smales se refugian en la aldea de July, dejando de ser sus amos para convertirse en sus huéspedes, o quizá, en sus prisioneros. En esta matizada novela no valen los estereotipos, ni los maniqueísmos; por esta obra, Gordimer recibió el premio Grinzane Cavour.

Como el resto de los personajes que durante más de cincuenta años ha dibujado Nadine Gordimer, los protagonistas de La gente de July, presentan al lector un dilema crucial. Deben tomar partido en una sociedad dominada por la violencia, el racismo y la desigualdad. 

Su última novela, Un capricho de la naturaleza (1987), está planteada con un cierto tono de novela picaresca contemporánea, donde su heroína, Hillela, hija de judíos, con una particular moral forjada a partir de su experiencia en el movimiento de liberación sudafricano, asombra a los lectores como uno de los personajes más logrados de la narrativa de esta gran escritora.



Entre sus obras más recientes se cuentan las novelas La historia de mi hijo (My Son's Story, 1990), que en parte supone un alejamiento de los rasgos más característicos de su producción, y Nadie que me acompañe (None to Accompany Me, 1994); los relatos de las colecciones publicadas en 1991, año en que fue galardonada con el Premio Nobel, Crimes of Conscience y Jump and Other Stories; y, por último, los libros The Essential Gesture: Writing, Politics and Places (1988) y Escribir y ser (Writing and Being, 1995). Cabe destacar también el volumen Conversations with Nadine Gordimer (1990), editado por Nancy Topping Bazin y Marilyn Dallman Seymour.

En su obra, esta escritora, minuciosa y valiente, denuncia, desde la interioridad de sus personajes, la segregación racial que durante tanto tiempo ha penetrado todos los rincones de la vida cotidiana sudafricana. Escribe sobre la realidad social y el modo en que la política zarandea la vida del ciudadano y desbarata su universo personal.

Durante su discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura, en 1991, aseguró que su auténtica escuela fue la biblioteca pública de Springs, el pueblo donde nació. Un lugar prohibido para negros. "Tardé en caer en la cuenta de que si mi piel hubiera sido oscura, no podría haber sido escritora". Y definió la que, a su juicio, debe ser la responsabilidad del narrador: "El escritor no resuelve los problemas pero tiene una posibilidad de hacerlo, si no da la espalda a su realidad social".

El gran galardón de la Academia sueca no podía haber venido en mejor momento para la escritora. En Sudáfrica había empezado el proceso de supresión de la segregación racial y su gran amigo Nelson Mandela había sido puesto en libertad unos meses antes. Gordimer fue una de las primeras personas que el dirigente del Congreso Nacional Africano había querido ver al salir de prisión.

En ese momento, esta mujer enjuta y decidida tenía una larga experiencia como luchadora antiapartheid, y miembro del Congreso Nacional Africano en la clandestinidad. Fueron tiempos duros en los que algunas de sus novelas -entre ellas, La hija de Buger o Un mundo de extraños- y una antología fueron prohibidas o censuradas. Pero ni en los peores momentos dejó de levantar la voz contra la injusticia y siguió escribiendo como si la censura no existiese. "En los países donde la represión prevalece, el escritor no debe censurarse a sí mismo, ni darse por vencido", dijo. "Hay cosas que escribes y guardas en un cajón, porque la censura no va a durar eternamente". 

Eran también aquellos tiempos en que, junto a su marido, escondía negros en su casa, o les ayudaba a cruzar la frontera. Pero a Gordimer no le gusta hacer publicidad de estos hechos. Discreta hasta el extremo ha asegurado: "Nunca escribiré una autobiografía". Cuatro años después de recibir el Nobel, cuando Mandela fue elegido presidente en las primeras elecciones multirraciales de la historia de Sudáfrica, el Congreso Nacional Africano la propuso como parlamentaria. "Me conmovieron, pero siempre supe que no tenía carácter para ser política. Recordé a una amiga escritora, que después de haber participado en el Parlamento, nunca más volvió a escribir nada bueno".

El arte, en este caso la literatura, es su territorio. Y es a través de sus personajes como toma partido tanto en la esfera pública como en la privada. Una constante de su obra es la búsqueda de la verdad. "Las historias literarias no sólo muestran la opresión, sino que aluden a los sentimientos y a cómo la gente enfrenta esta realidad. El lector generalmente entiende y simpatiza con los personajes, y es posible que pueda influir en su Gobierno para presionar y generar cambios. Un ejemplo de esto sucedió con Barclay's Bank. Los miembros de los grupos contra el apartheid aprovecharon para hacer saber a los accionistas que sus bancos en Sudáfrica eran cómplices de las políticas racistas: los empleados sólo podían ser blancos y jamás un negro podía ser acreedor de un préstamo. Tuvieron influencia y se impusieron restricciones y sanciones financieras".

Y continúa diciendo: "Los escritores, si escribimos con honestidad, lentamente podemos ir transformando el terreno. Y obviamente hablo de escribir literatura y no propaganda, porque, aunque ésta implique una causa justa, siempre sonará falsa a los ojos del lector. Cualquier revolucionario, por más valiente o maravilloso que sea, es un ser humano con virtudes y debilidades, y sólo la literatura puede resquebrajar su aureola de santo".

En la nueva Sudáfrica, Gordimer mantiene su compromiso. "Ha desaparecido el apartheid, pero la situación es problemática", asegura. "La globalización ha fracasado, hay problemas económicos y violencia". Y ella sigue ofreciendo la visión crítica de esos cambios. Se ha involucrado, por ejemplo, en campañas contra el Sida, para la que veintiún escritores, entre ellos, Kenzaburo Oé, Susan Sontag o Günter Grass, escribieron una antología de cuentos.

Ya octogenaria, afirma que se siente orgullosa de haber vivido lo suficiente para ver el cambio en su país. "Soy blanca y africana", dice a menudo. "En los años ochenta, mi esposo y yo llegamos a creer que vendría una guerra civil, que acabaríamos asesinados. Pero nos quedamos. Hoy, hay problemas, no lo niego, pero comparto el espacio con una mayoría negra. Hay blancos que huyeron a Canadá o Australia para no ver esto". "Los escritores son importantes porque tienen que ser capaces de analizar  los problemas", concluye, rotunda.

Mujeres Ganadoras del Premio Nobel