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sábado, 7 de junio de 2014

Poesía Hecha Por Mujeres (VI). Cristina Peri Rossi


Cristina Peri Rossi nació en Montevideo, Uruguay, el 12 de noviembre de 1941, y es poeta, narradora, traductora y ensayista. Junto a la escritora Armonía Sommers, es una de las cuentistas contemporáneas más destacadas de Uruguay a partir de la década de 1950.

Hija de inmigrantes italianos. Estudió música y biología, pero se graduó en literatura comparada, y comenzó su carrera literaria en 1963 con la publicación de su libro de cuentos viviendo.

Se convirtió en una figura muy representativa en los años 60 debido a sus publicaciones literarias, marcadas por la rebeldía y la innovación, y actualmente está considerada como una de las escritoras más importantes en la lengua española tanto por su obra narrativa como por su poesía.

En 1972 se exilió a España, se nacionalizó en 1975, sin perder la nacionalidad uruguaya, y vive en Barcelona desde entonces. 

En 1994 recibió la Beca John Simon Guggenheim para la literatura de ficción.

Ha ejercido como profesora de literatura, traductora y periodista. Ha colaborado con El País, Diario 16 y El Periódico de Catalunya.  Una de sus obras más destacadas es La nave de los locos (1984), donde combina una técnica surrealista con referencias a las dictaduras militares de los años 70.

Cristina Peri Rossi cultiva el cuento, la novela y la poesía. Ha publicado también ensayo y realizado traducciones a varios idiomas. Ha sido la introductora en España y traductora de la obra de escritoras contemporáneas como la brasileña Clarice Lispector. 

Luis Antonio de Villena ha calificado a la escritora uruguaya como una autora plural que se decanta por una "poesía caudalosa, leve y energética, términos que en ella no son contradictorios. Caudalosa porque, como los ríos australes, es potente y abundante. Escribe mucho, y sus poemas son fluyentes y afluentes. A veces uno no pasa de ser una anotación en un dietario. Pero unido ese poema con el resto de los del libro uno se percata de su necesidad en la abundancia propia, caudal de ese río. Son leves porque parecen ligeros y fáciles, escritos igual que se habla. Pero no es malo repetir que esa aparente facilidad es engañosa. Los versos de Peri Rossi son fáciles porque son sabios, y han alcanzado un punto sustancial: la difícil facilidad. Y poseen energía no sólo porque son vitalistas (aunque a veces se desesperen), sino porque su materia básica es el amor y el sexo".

La propia escritora sostiene que "la palabra poética recupera lo sagrado, su poder original, su valor primigenio. Ni los cuentos, aunque sean breves, tienen la conexión y la fuerza que conlleva la poesía, donde se concentra la máxima intensidad".

En 1991, recibió el Premio Ciudad de Barcelona. En 2003, el Premio Internacional de Poesía Rafael Albertí, y en 2008 ganó el Premio Loewe con su poemario Play Station.

Su trabajo es incluido junto al de Silvina Ocampo, Luisa Mercedes Levinson, Gloria Alcorta, Griselda Gambaro, Luisa Valenzuela, Amalia Jamilis, Elena Garro o Armonía Sommers, dentro de aquellas escritoras que abordan lo "insólito-absurdo-extraño".

BIBLIOGRAFÍA

Poesía: 

Poesía reunida, 2005
Evohé, 1971
Descripción de un naufragio, 1975
Lingüística general, 1979
Diáspora, 2002
Estado de exilio, 2003

Relatos:

Viviendo, 1963
Los museos abandonados, 1984
Indicios pánicos, 1980
La tarde del dinosaurio, 1980
La rebelión de los niños, 1980
El museo de los esfuerzos inútiles, 1983
Una pasión prohibida, 1986
Cosmoagonías, 1994
Desastres íntimos, 1997
Te adoro y otros relatos, 1999
Por fin solos, 1994
Habitaciones privadas, 2012

Novela:

El libro de mis primos, 1989
La nave de los locos, 1984
Solitario de amor, 1995
La última noche de Dostoievski, 1993
El amor es una droga dura, 1999

Ensayo:

Fantasías eróticas, 1993
Julio Cortázar. Un testimonio, 2000
Cuando fumar era un placer, 2002

FUENTES: Escritores.org; Wikipedia, la enciclopedia libre
IMÁGENES: Google





ALGUNOS POEMAS

La Soledad

El mar.
El temor a la inmensidad
El arte de navegar
La facultad de amar
La soledad


Bitácora

No conoce el arte de la navegación
quien no ha bogado en el vientre
de una mujer, remado en ella,
naufragado
y sobrevivido en una de sus playas.

Relente

Humedad que cubre el cuerpo de la mujer,
una vez que la hemos empezado a amar.
A veces tiene la apariencia de un suave sudor,
otras, la de un mar agitado. Navegar
en esas aguas puede ser empresa riesgosa.
Marineros más hábiles que tú perecieron
en esas aguas revueltas, luego de bracear
durante horas y luchar contra la corriente.
En el fondo de ellas hay un cachalote dormido.
No escuches el canto de sus sirenas
varadas en las piernas, 
a orillas del mar.
No dejes que su humedad te cubra, 
conduciéndote al fondo de la red
donde serás sólo un hilo más 
un pez atrapado
un lobo infeliz
un marinero desahuciado, lejos del barco,
lejos de la tierra.
Cuídate de esa humedad como de la peste,
cuando asome
por los intersticios de un cuerpo que yace.
subir ambos brazos para dibujar
-en el relente nocturno-
las dulzuras lúgubres de la u.

Y el psiquiatra me preguntó...

Y el psiquiatra me preguntó:
-¿A qué asocia el nombre de Alejandra?-
El dulce nombre de Alejandra
el olor de los pinos y cipreses
casas rojas castillos medioevales
una dama en el umbral
muebles púrpuras
la prodigiosa simetría de los parques
una hoja siempre en blanco
delante del ojo que acaricia
la falta de sonido
las lilas de los muros
un dolor enfermizo por casi todo
el muelle gris
las cosas que sólo existen en jardines
para decir cuyos nombres
es necesario empezar por Alejandra
la antigüedad de algunas piedras
respiración entrecortada
la dificultad
para hacer amigos,
en fin, medianoches fatales
en que todo nos falta
especialmente 
un amigo 
una amiga
inolvidables.

Plenilunio

Por cada mujer
que muere en ti
majestuosa
digna
malva
una mujer
nace en plenilunio
para los placeres solitarios
de la imaginación traductora.

La bacante

Allí, escondida en las habitaciones.
Ah, conozco sus gestos antiguos
la belleza de los muebles
el perfume que flota en su sofá 
y su ira
que despedaza algunas porcelanas.
Husmea las flores encarnadas
las estruja nerviosamente
-esa belleza la provoca-
las rasga las lanza lejos
caen los doseles sobre el lecho
se pasea febril por las habitaciones
está desnuda y nada la sacia
abre cajones sin sentido
enciende el fuego en la chimenea
regaña a las criadas
y al fin temible, con el hocico temblando,
se echa desnuda en el sofá,
abre las piernas
se palpa los senos de lengua húmeda
mece las caderas
golpea con las nalgas en el asiento
ruge, en el espasmo.

FUENTE: AMEDIAVOZ

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