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domingo, 1 de febrero de 2015

Gertrudis Gómez de Avellaneda: la eterna romántica


Un día como hoy, pero de 1873, fallecía en Madrid Gertrudis Gómez de Avellaneda, considerada en su tiempo como una de las mejores expresiones del movimiento romántico. Sus personales circunstancias biográficas, su apasionado carácter, su generosidad y su marcada rebeldía frente a los convencionalismos sociales, que la llevó a vivir de acuerdo con sus propias convicciones, la apartan de la mayoría de las escritoras de su época, convirtiéndola en precursora del movimiento feminista en España. Escritora con un corpus literario amplio en el que se alternan poemas, leyendas, novelas, dramas y artículos periodísticos de indiscutible calidad. Sus melodiosos versos transmiten la hondura de sus pensamientos y sentimientos, en una producción en la que se suceden la expresión del amor, la experiencia religiosa o la nostalgia por su tierra natal. Sus novedosas combinaciones métricas evidencian la maestría de Gertrudis Gómez de Avellaneda en el dominio del verso.

Gertrudis Gómez de Avellaneda conculcó en sus obras literarias los cánones de la escritura femenina, al incluir en ellas preocupaciones sociales y expresar sus sentimientos con una desnudez y sinceridad inusuales. No se contentó con escribir poesía, el género literario apropiado por excelencia para la mujer de la época, sino que se atrevió con específicos géneros literarios calificados de varoniles, como la novela histórica y el teatro.

Escribió la primera novela antiesclavista, Sab, veinte años antes que La cabaña del tío Tom. Luchadora por los derechos de la mujer dejó un legado epistolar inigualable. Fue la primera escritora propuesta para ser miembro de la Real Academia Española, pero fue rechazada por votación por el sólo hecho de ser mujer.

Gertrudis Gómez de Avellaneda (Camaguey, 23 de marzo de 1814 - Madrid, 1 de febrero de 1873). Conocida como "Tula" o bajo su seudónimo "La Peregrina", fue una destacada poetisa camagüeyana, representante del movimiento romántico cubano y precursora de la novela antiesclavista (Sab), defensora del papel social de la mujer. Autora de piezas teatrales que despertaron la admiración del público, la crítica especializada y otros dramaturgos, la Avellaneda consagró una de las principales aristas de su talento a la escena.

Gómez de Avellaneda nació el 23 de marzo de 1814 en la ciudad de Santa María del Puerto del Príncipe, en la entonces colonia española de Cuba. Hija de español y cubana, su padre, don Manuel Gómez de Avellaneda, era comandante de Marina; su madre, doña Francisca de Arteaga y Betancourt, pertenecía a una acaudalada e ilustre familia cubana.

Sus primeros años transcurrieron dentro de un ambiente familiar tranquilo, hasta la muerte de su padre acaecida en 1823. Luego de esa etapa se sucederían varios acontecimientos, entre ellos el matrimonio de su madre en segundas nupcias con Gaspar de Escalada y López de la Peña. Durante sus años de infancia y primeros años de juventud, Tula se acercó a la literatura mediante la lectura y la redacción de pequeños cuentos y la representación de obras de teatro. Entre sus escritores favoritos estaban Lord Byron, Víctor Hugo, Alphonse de Lamartine, François-René de Chateaubriand, Madame de Staël, entre otros.

En 1836 se traslada junto a su familia a España, terminando por asentarse en La Coruña. Meses después, tras una visita a la ciudad de Sevilla junto a su hermano, decide establecerse en Sevilla. En esa ciudad da a conocer sus primeros trabajos, a partir de 1839, todos estos publicados bajo su seudónimo de La Peregrina. En junio de 1840 estrena Leoncia, su primera obra, la cual fue bien recibida en Sevilla. En esa etapa conoce a Ignacio de Cepeda, hombre con quien vivió un apasionado amor a lo largo de su vida y su obra, a pesar de que él nunca le correspondió con la misma intensidad. Sentimiento amoroso que ella recreó con admirable maestría en la Autobiografía y cartas publicadas por Lorenzo Cruz en 1837.

En 1840 se traslada hacia Madrid donde comienza la etapa más fértil de su vida literaria. Durante los años 1840 y 1846 son publicados su libro Poesías (1841), así como sus novelas Sab (1841), Dos mujeres (1842-1843), Espatolino (1844) y Guatimozín (1845). Durante esa etapa tiene la oportunidad de conocer y relacionarse con grandes escritores de aquella época como Alberto Lista, Juan Nicasio Gallego, Manuel Quintana, Bernardino Fernández de Velasco, Nicomedes Pastor Díaz, José Zorrilla, Francisco de Paula y Mellado, entre otros. En esos años también vivió una relación amorosa con el poeta Gabriel García Tassara con quien tuvo una hija nacida en abril de 1845 y que fallecería siete meses después. 

En mayo de 1846 se casa con Pedro Sebater, gobernador civil de Madrid. Seis meses después Sebater fallecería debido a una afección en la laringe en la ciudad francesa de Burdeos en agosto de 1846. Tras la muerte de su esposo Gertrudis se recluye en el convento de Nuestra Señora de Loreto de Burdeos. 

Tras su regreso a Madrid, recuperada de las pérdidas de su hija y de su esposo, entre 1849 y 1853 estrena siete obras dramáticas: Saúl (1849), tragedia bíblica calurosamente acogida por el público, Flavio Recaredo (1851), La verdad vence apariencias (1852), Errores del corazón (1852), El donativo del diablo (1852), La hija de las flores (1852) y La Aventurera (1853). Reedita sus Poesías (1851) y publica un relato de tema histórico Dolores. Páginas de una crónica de familia. Asimismo en el Semanario Pintoresco Español aparecen dos nuevas leyendas: La velada del helecho (1849) y La montaña maldita (1851). Su carácter rebelde y su defensa de los ideales feministas afectan su ingreso a la Real Academia Española de la Lengua en 1853. 

En 1855 se casa con Domingo Verdugo y Massieu, coronel y diputado a Cortes. En esos años escribe varias leyendas que recogerá más tarde en sus Obras literarias y estrena Simpatía y antipatía (1855), La hija del rey René (1855), Los tres amores (1858) y Baltasar (1858), una de las mejores obras dramáticas de la autora. Producción que se verá alterada cuando su esposo resulta gravemente herido en una disputa originada, precisamente, a raíz del estreno de Los tres amores. En 1859 el matrimonio se traslada a Cuba, donde el coronel Verdugo morirá en 1863 a consecuencia de la herida. 

De regreso a tierra natal continua sus trabajos literarios. Dirige en 1860 la revista El Álbum Cubano y en este medio publica, además de sus leyendas La montaña maldita, La dama de Amboto y La flor del ángel, sus discutidos artículos sobre La mujer. El 27 de enero de 1860 recibe un homenaje en La Habana donde es coronada de laureles, rindiéndosele así tributo a una cubana singular. 

Tras la muerte de su esposo regresa a España, donde muere el 1 de febrero de 1873 en Madrid. Durante sus últimos años se dedicó, casi exclusivamente, a la tarea de corregir sus obras y preparar la edición completa de las mismas, Obras literarias, dramáticas y poéticas (1869-1871).



FUENTE: Cervantes Virtual, Ecured