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lunes, 17 de noviembre de 2014

Mujeres Ganadoras del Premio Príncipe de Asturias (I). Introducción


Después de dar visibilidad a todas las mujeres que, muy merecidamente, han sido galardonadas con el Premio Nobel hasta el año 2014 -con las galardonadas Malala Yousafzai, Premio Nobel de la Paz, y May-Britt Moser, como Premio Nobel de Medicina-, vamos a hacer lo mismo con aquellas mujeres que han sido reconocidas con el Premio Cervantes y el Premio Príncipe de Asturias.

Empezaremos con éste último.

Los Premios Príncipe de Asturias son convocados por la Fundación Príncipe de Asturias desde el año 1981; y están destinados a galardonar la labor científica, técnica, cultural, social y humana realizada por personas, instituciones, grupos de personas o de instituciones en el ámbito internacional, aunque con especial atención al ámbito español. 

Estos premios suponen el galardón más importante que se entrega en España. Cada premio consta de un diploma, una escultura de Joan Miró representativa del galardón, una insignia con el escudo de la Fundación Príncipe de Asturias y una dotación en metálico de 50.000 euros. Hay un total de ocho categorías de estos Premios:

  • Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, desde 1981, concedido a "la persona, institución, grupo de personas o de instituciones cuya labor creadora o de investigación represente una aportación relevante a la cultura universal en esos campos".
  • Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, desde 1981, concedido a "la persona, institución, grupo de personas o de instituciones cuya labor creadora o de investigación en los campos de la Antropología, Derecho, Economía, Filosofía, Geografía, Historia, Psicología, Sociología y demás Ciencias Sociales represente una contribución relevante a su desarrollo en beneficio de la Humanidad".
  • Premio Príncipe de Asturias de las Artes, desde 1981, concedido a "la persona, institución, grupo de personas o de instituciones cuya labor en la Arquitectura, Cinematografía, Danza, Escultura, Música, Pintura y demás expresiones artísticas, constituya una aportación relevante al patrimonio cultural de la Humanidad".
  • Premio Príncipe de Asturias de las Letras, desde 1981, concedido a la "persona, institución, grupo de personas o de instituciones cuya labor creadora o de investigación represente una contribución relevante a la cultura universal en los campos de la Literatura o de la Lingüística".
  • Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica, desde 1981, concedido a "la persona, institución, grupo de personas o de instituciones cuyos descubrimientos o labor de investigación representen una contribución relevante para el progreso de la Humanidad en los campos de las Matemáticas, Física, Química, Biología, Medicina, Ciencias Ambientales, de la Tierra y del Espacio, así como técnicas y tecnologías relacionadas con ellas".
  • Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional, desde 1981, concedido a "la persona, institución, grupo de personas o de instituciones cuya labor haya contribuido de forma ejemplar y relevante al mutuo conocimiento, al progreso o a la fraternidad entre los pueblos."
  • Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, desde 1986, concedido a "la persona, institución, grupo de personas o de instituciones cuya labor haya contribuido de forma ejemplar y relevante al entendimiento y a la convivencia en paz entre los hombres [y las mujeres], a la lucha contra la injusticia, la pobreza, la enfermedad, la ignorancia o a la defensa de la libertad, o que haya abierto nuevos horizontes al conocimiento o se haya destacado, también de manera extraordinaria, en la conservación y protección del patrimonio de la Humanidad".
  • Premio Príncipe de Asturias de los Deportes, desde 1987, concedido a "la persona, institución, grupo de personas o de instituciones que, además de la ejemplaridad de su vida y obra, hayan conseguido nuevas metas en la lucha del hombre [y de la mujer] por superarse a sí mismo [y a sí misma] y contribuido con su esfuerzo, de manera extraordinaria, al perfeccionamiento, cultivo, promoción o difusión de los deportes".
Pero veamos cuántas mujeres han sido reconocidas con este galardón y cuáles son las categorías donde éstas han sido más premiadas. De un total de 349 personas galardonadas con el Premio Príncipe de Asturias, sólo 37 mujeres han alcanzado este reconocimiento, lo que supone aproximadamente un triste 10.6% del total. Quizá ello sea debido a que la gran mayoría de miembros de la Fundación Princesa de Asturias son hombres; sólo una mujer forma parte de la misma. 

Las categorías que cuentan con el mayor número de mujeres galardonadas son Cooperación Internacional, con 9 premiadas; Artes, con 8; Letras, con 6, y Deportes, con 5. 

Respecto a los años en que más mujeres han sido reconocidas con el Premio Príncipe de Asturias (a partir del próximo año, 2015, ya recibirá el nombre de Premios Princesa de Asturias), en 1998 fueron 8 las mujeres galardonadas: 7 de ellas recibieron el Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional, y una, Arantxa Sánchez Vicario, el de los Deportes. A continuación, destacan los años 2005, 2003 y 1991, con 4 mujeres galardonadas. 

La primera mujer en recibir el Premio Príncipe de Asturias fue María Zambrano, en la primera edición de estos Premios, en el año 1981, recibiendo el de Comunicación y Humanidades. Luego, tendrían que pasar 7 años para que otra mujer, en este caso, Carmen Martín Gaite recibiera el Príncipe de Asturias de las Letras, compartido con el poeta gallego José Ángel Valente. 

La historia de los Premios Príncipe de Asturias viene a corroborar que sigue vigente -nada extraño en una sociedad tan androcéntrica y "machista" como la española, en la que las mujeres empezamos a liberarnos de nuestras cadenas a partir de la década de los 80- la creencia implícita de que el conocimiento producido por las mujeres no es tan importante como el realizado por los hombres. Creencia que se puede hacer extensible al terreno de los Deportes, en el que -aun existiendo un elevado nivel, de "élite", en el deporte femenino- los medios de comunicación e institucionales se empeñan en invisibilizarnos para beneficio del género masculino. 

Por ello, el objetivo de esta entrada es dar reconocimiento al valor y al trabajo de todas aquellas mujeres que han obtenido el galardón del Premio Príncipe de Asturias;y a través de éste, hacer un homenaje general a todas las mujeres que, por su pertenencia a un género, han sido invisibilizadas, infravaloradas y relegadas a un segundo plano en el mundo del conocimiento, de las artes, de las letras, de los deportes, etc.

La exposición se hará por orden cronológico, ascendente, atendiendo a la fecha en que recibieron el Premio Príncipe de Asturias.


GANADORAS DESDE 1981 HASTA LA ACTUALIDAD:



1981. MARÍA ZAMBRANO (Málaga, España): Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades.

1988. CARMEN MARTÍN GAITE (Salamanca, España): Premio Príncipe de Asturias de las Letras, compartido con el poeta gallego José Ángel Valente.

1991. VICTORIA DE LOS ÁNGELES (Barcelona, España): Premio Príncipe de Asturias de las Artes, compartido con Teresa Berganza, Montserrat Caballé, José Carreras, Pilar Lorengar, Alfredo Kraus y Plácido Domingo.

1991. TERESA BERGANZA (Madrid, España): Premio Príncipe de Asturias de las Artes, compartido con Victoria de los Ángeles, Montserrat Caballé, José Carreras, Pilar Lorengar, Alfredo Kraus y Plácido Domingo.

1991. MONTSERRAT CABALLÉ (Barcelona, España): Premio Príncipe de Asturias de las Artes, compartido con Victoria de los Ángeles, Teresa Berganza, José Carreras, Pilar Lorengar, Alfredo Kraus y Plácido Domingo.

1991. PILAR LORENGAR (Zaragoza, España): Premio Príncipe de Asturias de las Artes, compartido con Victoria de los Ángeles, Teresa Berganza, Montserrat Caballé, José Carreras, Alfredo Kraus y Plácido Domingo.

1994. ALICIA DE LARROCHA (Barcelona, España): Premio Príncipe de Asturias de las Artes.

1994. MARTINA NAVRATILOVA (Praga, Checoslovaquia): Premio Príncipe de Asturias de los Deportes.

1995. HASSIBA BOULMERKA (Constantina, Argelia): Premio Príncipe de Asturias de los Deportes. 

1998. EMMA BONINO (Bra, Italia): Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional, compartido con Olayinka Koso-Thomas, Graça Machel, Fatiha Boudiaf, Rigoberta Menchú, Fatana Ishaq Gailani y Somaly Mam.

1998. OLAYINKA KOSO-THOMAS (Nigeria): Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional, compartido con Emma Bonino, Graça Machel, Fatiha Boudiaf, Rigoberta Menchú, Fatana Ishaq Gailani y Somaly Mam.

1998. GRAÇA MACHEL (Incadine, Mozambique): Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional, compartido con Emma Bonino, Olayinka Koso-Thomas, Fatiha Boudiaf, Rigoberta Menchú, Fatana Ishaq Gailani y Somaly Mam.

1998. FATIHA BOUDIAF (Orán, Argelia): Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional, compartido con Emma Bonino, Olayinka Koso-Thomas, Graça Machel, Rigoberta Menchú, Fatana Ishaq Gailani y Somaly Mam.

1998. RIGOBERTA MENCHÚ (Uspantán, Guatemala): Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional, compartido con Emma Bonino, Olayinka Koso-Thomas, Graça Machel, Fatana Ishaq Gailani y Somaly Mam.

1998. FATANA ISHAQ GAILANI (Afganistán): Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional, compartido con Emma Bonino, Olayinka Koso-Thomas, Graça Machel, Rigoberta Menchú y Somaly Mam.

1998. SOMALY MAM (Camboya): Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional, compartido con Emma Bonino, Olayinka Koso-Thomas, Graça Machel, Fatiha Boudiaf, Rigoberta Menchú y Fatana Ishaq Gailani.

1999. STEFFI GRAF (Mannheim, República Federal de Alemania): Premio Príncipe de Asturias de los Deportes.

2000. BARBARA HENDRICKS (Arkansas, Estados Unidos): Premio Príncipe de Asturias de las Artes.

2001. DORIS LESSING (Irán - Reino Unido): Premio Príncipe de Asturias de las Letras.

2003. JANE GOODALL (Londres, Inglaterra): Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica.

2003. FÁTIMA MERNISSI (Fez, Marruecos): Premio Príncipe de Asturias de las Letras, compartido con Susan Sontag.

2003. SUSAN SONTAG (Nueva York, Estados Unidos): Premio Príncipe de Asturias de las Letras, compartido con Fátima Mernissi.

2003. JOANNE KATHLEEN ROWLING (South Gloucestershire, Inglaterra): Premio Príncipe de Asturias de la Concordia.

2005. MAYA PLISETSKAYA (Moscú, Antigua Unión Soviética, Actual Rusia): Premio Príncipe de Asturias de las Artes, compartido con Tamara Rojo.

2005. TAMARA ROJO (Nacida en Montreal, Canadá, pero de nacionalidad española): Premio Príncipe de Asturias de las Artes, compartido con Maya Plisetskaya.

2005. NÉLIDA PIÑON (Río de Janeiro, Brasil): Premio Príncipe de Asturias de las Letras.

2005. SIMONE VEIL (Niza, Francia): Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional.

2006. MARY ROBINSON (Ballina, República de Irlanda): Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales.

2008. MARGARET ATWOOD (Ottawa, Canadá): Premio Príncipe de Asturias de las Letras.

2008. ÍNGRID BETANCOURT (Bogotá, Colombia): Premio Príncipe de Asturias de la Concordia.

2009. YELENA ISINBAYEVA (Volgogrado, Rusia): Premio Príncipe de Asturias de los Deportes.

2010. LINDA WATKINS (Virginia, Estados Unidos): Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica, compartido con David Julius y Baruch Minke.

2012. MARTHA C. NUSSBAUM (Nueva York, Estados Unidos): Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales.

2013. SASKIA SASSEN (La Haya, Países Bajos): Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales.

2013. ANNIE LEIBOVITZ (Connecticut, Estados Unidos): Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades.

2014. CADDY ADZUBA (Bukavu, Congo): Premio Príncipe de Asturias de la Concordia.




FUENTES: Fundación Princesa de Asturias, Wikipedia.

domingo, 16 de noviembre de 2014

¿Quién era Dolores Ibarruri, "Pasionaria"?


"Las mujeres, sean de la condición que sean, son libres para elegir su destino".

Dolores Ibárruri, conocida como "La Pasionaria", entonó el famoso "No pasarán" (heredado del coronel Philippe Pétain) durante el largo Asedio a Madrid en lo que ya era una victoria anunciada. A pesar de ser derrotada como republicana en la Guerra Civil española, nunca lo hizo como mujer ni como comunista, y su férrea defensa de la igualdad de derechos la llevó a presidir el Partido Comunista de España en 1960.

Nació en Gallarta, Vizcaya, un 9 de diciembre de 1895, en el seno de una familia pobre y numerosa. El contexto que la rodea es la pérdida de la gran mayoría de colonias españolas.

La industria nacional española que estaba muy poco desarrollada, empieza a tratar de surgir. Para eso, proliferan las industrias textiles, siderúrgicas y mineras. Los dos centros más importantes de estas actividades son Cataluña y Vizcaya.

En Gallarta surge un importante centro minero, y de la mano van tomando fuerza también los movimientos obreros que defendían los derechos de los trabajadores y que se sustentaban con el comunismo.

Mientras tanto, Isidora Ibarruri Gómez (verdadero nombre de Pasionaria) había crecido y sus padres la habían empleado en una casa para hacer trabajos domésticos, a pesar de haber deseado seguir la carrera de maestra, sueño que los padres sintieron demasiado ambicioso para ella. Como ella misma decía: 
"¿Quién podría costearme los viajes, los libros, la comida, la matrícula?... / ... preparada para servir como criada o casarme y convertirme en la mujer de un minero, la larga historia de mi familia. A convertirse en una simple sirvienta, nada más despertar del inocente mundo infantil, cuando todavía era adolescente."
Vestida de negro siempre, Dolores aprendió costura y fue una verdadera adicta a la lectura, por lo que adquirió una importante preparación, gracias a la cual pudo llegar muy alto.

Debido a sus experiencias y a lo que estaba ocurriendo en su país, Dolores pronto se adscribió al Partido Comunista. A sus 20 años, en 1916, se casa con un líder minero socialista, Julián Ruiz, pero se negó a acatar el padecimiento de la esposa de la época, ilustrado por el refrán: "Madre, ¿qué es casar? Hija: hilar, parir y llorar". Su matrimonio no fue muy feliz, debido a que él pasaba la mayor parte del tiempo en diligencias o en la cárcel.

A pesar de esto, Dolores tuvo seis hijos (cinco niñas y un niño). La primera murió muy pequeña. Después tuvo a Rubén y luego trillizas, de las que sobrevive sólo una a la cual llamó Amaya, y la última llamada Eva, que también muere a temprana edad.

En 1918, publicó su primer artículo en el Minero Vizcaíno y lo firmó con el seudónimo de La Pasionaria, ya que este artículo fue publicado en Semana Santa, y desde entonces se la conoce con ese nombre. Y así se inició su gran acción social. Moviliza a los trabajadores, participa en manifestaciones y en 1930 es elegida miembro del Comité Central del Partido. 

El comité la envía como delegada al III Congreso del Partido Comunista Español. Por esta época se separa de Julián y se traslada a Madrid, donde trabajará en el periódico Mundo Obrero, a través del cual encauzará su vocación política. En 1932, la nombran durante el IV Congreso responsable de la Comisión Femenina del Partido.

Debido a sus fuertes y punzantes discursos, y a su activa militancia en las manifestaciones comunistas es encarcelada varias veces y perseguida por las autoridades. Poco tiempo después se destaca en las Cortes Constituyentes de la República Española, como diputada del Partido Comunista por Asturias. 



En ese momento, viaja por primera vez a Moscú donde se entrevista con Stalin. En 1934, preside el I Congreso del Comité de Mujeres, y luego participa en el Congreso Mundial de Mujeres en París. Debido a su gran participación política, no tiene tiempo suficiente para sus hijos, por lo que los envía a estudiar a Rusia.

Durante la Guerra Civil Española, su actividad fue fundamental, pues hablaba al pueblo, escribía, publicaba discursos y se desplazaba al frente. Fue aquí, en este momento, donde se hizo célebre su frase "Antes morir de pie que vivir de rodillas".

En 1937, es elegida vicepresidenta de las Cortes, donde lucha por defender a los católicos y el orden institucional. Además, colabora con el traslado de un sinnúmero de españoles a la Unión Soviética, e incluso ella misma se traslada al bloque comunista, donde es exiliada debido a la existencia del fascismo en España.
La Pasionaria y su hijo Rubén

En la Guerra de Stalingrado muere su hijo, golpe del cual le cuesta mucho recuperarse. Después, en el año de 1942 fue elegida Secretaria General del Partido, aprende ruso y logra entrevistarse con varias autoridades comunistas del mundo, entre ellos Stalin, quien la recibió por segunda vez.

Durante años, Dolores había mantenido un amorío con Francisco Antón, quien pertenecía al partido y era 17 años menor que ella. Cuando esto se hizo público el Partido se opuso, y ella se doblegó pues prefería sacrificar su vida sentimental a sus ideales políticos.

Después es enviada a Checoslovaquia para que transmita en la Radio España Independiente. Durante el VI Congreso renuncia a la Secretaría, sin embargo es elegida Presidenta del partido. A los pocos años, es galardona con el premio Lenin para la Paz y recibe un doctorado Honoris Causa en Historia de la Universidad de Moscú.

Por esa época, viaja a Cuba, a China, Italia, Suiza y Yugoslavia. Al año siguiente de la muerte del general Franco, Dolores decide regresar a España. En ese momento tiene 80 años, de los cuales 38 los ha vivido en el exilio, lejos de la tierra que la vio nacer.

Corre el año de 1977, Dolores vuelve a Asturias donde es reelegida diputada. Seis años después, se estrena en Madrid la película "Dolores" que retrata parte de su vida. Al final de su vida, participa en la manifestación que hacen las madres de la Plaza de Mayo en Argentina. La Pasionaria nunca abandonó su actividad y murió en 1989, año en que cayó irónicamente el Muro de Berlín, a la edad de noventa y cuatro años y en su ciudad natal.
"Dicen, Dolores, que has muerto. Qué tontería. Pervives en cada uno de los que te quieren y ¡son tantos! En cada imagen de la humana nobleza, en cada gesto de llaneza austera, en cada palabra de afirmación en la justicia, en cada voz de rotundidad sonora. Tu imagen, tus gestos, tu palabra, tu voz (...).
Mujer, cuánto has hecho por tus compañeras. Mujer, qué ejemplo para mujeres y hombres. Mujer, qué roca llena de ternura. Mujer, qué fragancia de firmeza. Dolores, ha sido muy largo y muy duro tu combate. Entorna los ojos y sueña en tu pueblo. Duerme, compañera Ibárruri. Reposa, camarada Pasionaria. Descansa, presidenta. Sueña dulcemente, madre Dolores".
Palabras de Julio Anguita, en el entierro de La Pasionaria.


Esta gran mujer es recordada por poetas del nivel de Rafael Alberti, Antonio Machado y Miguel Hernández. Además, sus múltiples publicaciones como "Me faltaba España" de 1984, "Pasionaria, la lucha y la vida" de 1985, y "Memorias de Dolores Ibarruri" entre 1936-77 dejan un buen rastro de lo que fue su lucha por los ideales socialistas de igualdad y de derechos para los oprimidos.

El asesinato de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, hubo una vez una revolución en Alemania


Por David Arrabali (*)
Mundo Obrero


La noche del 15 de enero de 1919, en Berlín, fue detenida Rosa Luxemburgo: una mujer indefensa con cabellos grises, demacrada y exhausta. Una mujer mayor, que aparentaba mucho más de los 48 años que tenía.

Uno de los soldados que la rodeaban, le obligó a seguir a empujones, y la multitud burlona y llena de odio que se agolpaba en el vestíbulo del Hotel Eden le saludó con insultos. Ella alzó su frente ante la multitud y miró a los soldados y a los huéspedes del hotel que se mofaban de ella con sus ojos negros y orgullosos. Y aquellos hombres en sus uniformes desiguales, soldados de la nueva unidad de las tropas de asalto, se sintieron ofendidos por la mirada desdeñosa y casi compasiva de Rosa Luxemburgo, "la rosa roja", "la judía".

Le insultaron: "Rosita, ahí viene la vieja puta". Ellos odiaban todo lo que esta mujer había representado en Alemania durante dos décadas: la firme creencia en la idea del socialismo, el feminismo, el antimilitarismo y la oposición a la guerra, que ellos habían perdido en noviembre de 1918. En los días previos, los soldados habían aplastado el levantamiento de trabajadores en Berlín. Ahora ellos eran los amos. Y Rosa les había desafiado en su último artículo:

"¡El orden reina en Berlín! ¡Ah! ¡Estúpidos e insensatos verdugos! No os dais cuenta de que vuestro orden está levantado sobre arena. La revolución se erguirá mañana con su victoria y el terror asomará en vuestros rostros al oírle anunciar con todas sus trompetas: ¡Yo fui, yo soy, yo seré!".

La empujaron y golpearon. Rosa se levantó. Para entonces casi habían alcanzado la puerta trasera del hotel. Fuera esperaba un coche lleno de soldados, quienes, según le habían comunicado, la conducirían a la prisión. Pero uno de los soldados se fue hacía ella levantando su arma y le golpeó en la cabeza con la culata. Ella cayó al suelo. El soldado le propinó un segundo golpe en la sien.

Sor Juana Inés de la Cruz (I), la "Décima Musa".


El pasado miércoles, 12 de noviembre, se cumplieron 366 años del nacimiento de Sor Juana Inés de la Cruz, una de las figuras más representativas de las letras hispanas. Una mujer que, a pesar de la época en que le tocó vivir, se adelantó a su tiempo logrando superar las fronteras impuestas socialmente en tiempos coloniales a las mujeres.

Sor Juana Inés nació el 12 de noviembre de 1648, en un pueblo del estado de Neplanta (México). Hija natural de la criolla Isabel Ramírez y Pedro Manuel de Asbaje, de origen vasco, llevó por nombre de pila Juana de Asbaje y Ramírez.

Aprendió a leer a los tres años cuando, a escondidas de su madre, acompañaba a su hermana mayor a sus clases, y surgió en ella un deseo tan grande de aprender a leer que le mintió a la maestra diciéndole que su madre ordenaba que también a ella le diese la lección.

Su crianza estuvo a cargo del abuelo materno, Don Pedro Ramírez, en una hacienda de Panoayán, México, hasta su muerte acaecida en 1656. Muerto su abuelo materno, su madre la obliga a marchar hacia la capital, donde reside bajo la tutela de su hermana, María Ramírez, y toma clases de latín con el bachiller Martín de Olivas, logrando dominar la lengua con tan sólo veinte lecciones.

Cuando apenas tenía trece años, Juana Inés fue llamada a la corte virreinal para servir como dama de la virreina doña Leonor Carreto, Marquesa de Mancera, quien era una dama muy culta y sentía un gran amor por las letras. El ambiente de la corte influyó definitivamente en la formación de Juana Inés, pues los virreyes protegieron a Sor Juana de manera decidida. El virrey, asombrado por la sagacidad demostrada por Juana, convocó a cuarenta letrados de varias facultades para que le aplicaran a la joven una prueba extraordinaria y ésta, dejando sin argumentos a los académicos, superó el examen en condiciones de excelencia, lo cual despertó una gran admiración hacia su persona.

Entró en el Convento de San José de Carmelitas Descalzas el 14 de agosto de 1667, poco antes de cumplir los 16 años, escogiendo así un camino de vida propio, ni la corte ni el matrimonio, del que tantas veces renegó. Toma esta decisión ya que era la única opción que tenía una mujer para poder dedicarse al estudio. Apenas tres meses después de su ingreso, se vio forzada a abandonar el convento, pues la severa disciplina de la orden hizo grandes estragos en su salud.

Un año y medio permaneció en Palacio y después regresó a la vida de religiosa, esta vez en el convento de San Jerónimo, también una orden de clausura, pero más flexible que la anterior. El 24 de febrero de 1669 tomó los votos definitivos y se convirtió en Sor Juana Inés de la Cruz. Allí, Sor Juana escribió la mayor parte de su obra y alcanzó la madurez literaria, pues pudo compartir sus labores de contadora y archivista del convento con una profunda dedicación a sus estudios. Aunque le fue ofrecido el lugar de Abadesa del convento, Sor Juana lo rechazó en dos oportunidades.

Sor Juana Inés de la Cruz se dio a conocer con prontitud, y desde entonces fue
solicitada frecuentemente para escribir obras por encargo (décimas, sonetos, liras, rondillas, obras de teatro, etc.), entre las cuales destacó Neptuno Alegórico en 1689. Sus motivos variaron siempre de lo religioso a lo profano. En 1692 se hizo merecedora de dos premios del concurso universitario "Triunfo Parténico". 

Su amor por la lectura le llevó a armar una colección bibliográfica de cuatro mil volúmenes que archivaba en su celda, que llegó a ser considerada la biblioteca más rica de Latinoamérica de su tiempo. Poseía además instrumentos musicales y de investigación científica, lo que pone en evidencia que su formación intelectual alcanzó las áreas de astronomía, matemática, música, artes plásticas, teología, filosofía, entre otras.

Una carta escrita por Sor Juana Inés de la Cruz a Sor Filotea de la Cruz, obispo de Puebla llamado Fernández de Santa Cruz, cambiaría el curso de su vida; en dicha carta criticaba un sermón del padre Vieyra, un jesuita portugués de conocida trayectoria como teólogo. Además de que cuestionaba las distancias entre el amor divino y el amor humano, lo celestial y lo terrenal. Constituye un intenso ensayo autobiográfico y declarativo de principios intelectuales, y que fue el principio de su fin en una sociedad inquisitorial y patriarcal que no podía admitir la genial libertad de espíritu, sobre todo en una mujer. El revuelo que originó esta carta terminó por volverse en su contra cuando el obispo de Puebla, Sor Philotea, o Fernández de Santa Cruz, le instó a dejar las actividades académicas y a dedicarse a las labores del convento. A pesar de que Sor Juana se defendió a través de una carta donde reclamaba los derechos culturales de las mujeres y abogó por su propio derecho a criticar el sermón y formar su propio pensamiento, terminó por obedecer y, renunciando a sus instrumentos y a su biblioteca, pasó a dedicarse por el resto de sus días a la vida conventual.

viernes, 14 de noviembre de 2014

HETERONORMATIVIDAD, COITOCENTRISMO Y OTRAS PALABRAS MÁGICAS



Por ALICIA MURILLO


Esto va sobre el lenguaje. Los despachos de los departamentos feministas de las facultades son unas especies de fábricas de palabrotas mágicas que sirven para despistar al personal y pensar que las cosas han cambiado. Estas palabras se inventan, se publican y se difunden impresas en papel, que es como funcionan los términos como dios manda. Hembrismo, coitocentrismo, violencia de género, micromachismos, heteronormatividad... ahí van quedando, en las cabezas y las lenguas de quienes las oyen, las dicen y las incluyen en sus vocabularios diarios, acallando su conciencia, diciendo cosas como "eso en mi casa no pasa, pero es verdad que, por desgracia, es la norma". Y así llega la muerte de la revolución, porque no hay revolución sin radicalidad ni autocrítica constante.

No existe el hembrismo, eso es mentira, porque las mujeres nunca hemos pretendido someter a los hombres.

No existen los micromachismos, porque no hay violencias invisibilizadas en lo cotidiano, lo que hay son personas invisibilizadas: las mujeres. No somos tontas, somos perfectamente conscientes y capaces de evidenciar esas violencias, nuestras abuelas las denunciaban a diario, el problema es que sus quejas nunca fueron escuchadas con respeto. Y así, en lugar de decir: "las abuelas fueron conscientes de ser las esclavas de la casa y muchísimas de ellas se quejaban por esta injusticia" decimos "se llama micromachismo, porque son violencias machistas pequeñas de las que nadie se da cuenta". De esta forma la academia mata dos pájaros de un tiro, hace ver que son violencias de "poca importancia" y además deja a las mujeres en un lugar infantilizado, incapaces de evidenciar y describir su situación de abuso por sí solas.

No existe la heteronormatividad, eso es mentira, se lo han inventado, señoras. Lo que existe es la heterosexualidad: un sistema creado por los hombres y que es mucho más que una orientación sexual (orientación, otro palabro...). No es que lo diga yo, lo decía la Beauvoir que era más lista, esa historia de los dos sexos (sobre los que, por cierto, se cimienta la heterosexualidad) es una falacia que se inventaron para someter a la mitad de la población. Beauvoir decía que para que hubiese justicia sólo debía existir un sexo, Preciado que deben existir tantos géneros como seres humanos. Me da igual, cualquiera de las dos visiones me parece bien, lo importante es dejar de creer en el binarismo hombre/mujer y destruir la relación basada en ese binarismo, la heterosexualidad. Y habrá quien me diga que los términos pueden resignificarse, pero eso es otra falacia: "yo soy heterosexual de una forma diferente a la que lo fue mi madre, mi casa es una burbuja de amor y respeto en medio de una sociedad que apesta a machismo". Otra vez el "eso en mi casa no pasa". Pero la realidad es que no podemos aislar nuestras relaciones del mundo exterior, forman parte de la sociedad: por muy guay que sea tu marido/novio ganará más que tú o será menos acosado sexualmente por la calle o habrá sufrido menos violencias sexuales durante su vida o tuvo menos represión de libertad durante la adolescencia... o todo ello junto y eso condicionará directamente vuestras relaciones emocionales, sexuales, afectivas, económicas, etc.

"Eso en mi casa no pasa" viene a ser como la antigua frase masculina "todas las mujeres son unas putas menos mi santa madre". Es decir, las mujeres feministas admitimos la injusticia, pero no dentro de nuestras familias. Nos decimos: "no es mala la heterosexualidad, lo que es malo es la heteronormatividad, el hecho de que ese tipo de relación sea impuesta". O sea, que a ti no te la han impuesto. Vamos que toda la propaganda hetero a la que nos someten desde pequeña no ha contribuido a que tú te declares hetero, vamos, que es algo biológico, no social. Ya.

Pues no, no es biológico. La heterosexualidad es aquello que se inventaron mientras nombraron otra cosa que era, por lo visto, la homosexualidad. Una cosa era buena y la otra mala. También había otra cosa que era el lesbianismo. Eso no era malo ni bueno, eso simplemente no existía o era invisible, así que no constituyó un gran problema. La heterosexualidad viene así transmitida históricamente como algo bueno, frente a la otredad corrupta. Con los años, ahora que somos modernos, nos hemos dado cuenta de que "ser gay no es malo" y vamos con nuestro complejito y una bandera del arcoíris diciendo "yo también soy normal". Pero nadie es normal ¿heterosexualidad? ¿homosexualidad? ¿lesbianismo? ¿Qué coño es todo eso? Son sólo etiquetas para nombrar una falsedad. Nadie es hetero o gay, sólo somos seres sexuales, emocionales, sociales...

Seamos sincerxs, el problema no es el coitocentrismo, el problema es el coito. Es más, el problema es que el coito no venga nombrado como lo que es: una experiencia sexual de sumisión. El coito no se eligió como práctica principal de la heterosexualidad por causalidad, el coito es el origen del control del cuerpo femenino y sigue siéndolo. No se eligió ni siquiera porque sea lo que más le gusta a ellos, les hicieron creer que eso era lo más placentero, pero ni si quiera eso es verdad. El coito se eligió como práctica principal de la heterosexualidad porque es la que genera embarazos y con la que se transmiten mayor número de ETS. No se eligió al azar, la casualidad no existe. No es casualidad, es patriarcado. Y en estos tiempos que corren nos venden el coito como "una práctica sexual más que durante siglos fue el centro pero que hoy día ya es una como cualquier otra". Mentira, nunca será como cualquier otra, porque cualquier otra no trae como consecuencia el tener que hormonarse para prevenir embarazos (con las consecuencias nefastas para nuestra salud) ni el elevado riesgo a contraer ETS frente a otras mucho más seguras como la felación, cunnilingus, masturbación, chupetones, caricias, miradas, latigazos, bocados, etc.

La historia es que la sumisión en el sexo no tiene nada de malo, siempre que se den dos condiciones: que dicha sumisión sea pactada y que sea nombrada como tal. Pero en el coito no siempre se da la primera condición y la segunda no se da jamás. Las personas que practican sado tienen las cartas sobre la mesa. Por ejemplo, eligen una palabra clave a través de la cual se para el juego, cuando algunas de las personas implicadas se siente incómoda o superada. Cualquiera de estas prácticas es pactada a priori. Las consecuencias para la salud se conocen y se asumen de forma consciente. Y aún así son tachadas a menudo como "actos de depravación". Para mí la mayor depravación es realizar una práctica como el coito y no ser conscientes de que es una experiencia de sumisión sexual. El coito trae consigo embarazos no deseados, la posibilidad de ETS, la medicalización del cuerpo (normalmente el femenino) con hormonas sintéticas como medio anticonceptivo, tiene una carga histórica machista que difícilmente se cancelará de nuestros subconscientes en varios siglos y, por si todo esto fuera poco, dificulta en gran medida el orgasmo femenino (el 75% de la vagina tiene una sensibilidad similar a la del codo, es decir, casi nula). Aún así nos puede gustar realizarla, claro está, pero, por favor, asumamos que se activa el mismo mecanismo de sumisión en el coito que en quien se deja flagelar. Es más, si me apuras los latigazos son menos perjudiciales para la salud que la mayoría de los anticonceptivos.

Sé que esto irrita, que cuando escribo estas cosas las mujeres se sienten cuestionadas. Es normal, se pone en tela de juicio un pilar enorme en sus vidas, la pareja heterosexual, pero es que yo no estoy diciendo que dejen de practicar el coito ni de vivir con hombres. Lo que estoy diciendo es que llamemos a las cosas por su nombre y asumamos nuestras contradicciones como feministas, igual que cuando hablamos de la depilación o de los celos. De hecho si critico la heterosexualidad es porque puedo hacerlo, porque vivo en ella y de ella, de todos los privilegios que me otorga (matrimonio blanco y europeo, con estudios superiores y con un hijo y otrx en camino). Soy una "respetable señora casada" y eso me hace por definición esclava de mi marido, por mucho que ambos nos esforcemos a diario en que eso no sea así. 

No tenemos que ser feministas perfectas, pero sí mujeres conscientes de nuestra posición en el mundo. 


FUENTE: ALICIAMURILLO.COM